El inesperado poder de influencia de las historias en la cultura organizacional

Las historias pueden ayudar a las organizaciones a comunicar de forma más efectiva el conocimiento simple y complejo acerca de los valores, normas y soluciones a problemas difíciles. En este artículo le explicamos a que se debe este poder de influencia.

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Mientras crecía en una granja de Missouri, Walt Disney desarrolló un amor por el dibujo, después de que su vecino, un médico conocido como “Doc” Sherwood, le pagó por hacer dibujos de su caballo. Más adelante, Disney se convirtió en caricaturista de periódico y artista comercial, por lo que aprendió a hacer comerciales a partir de animaciones recortadas. Su fascinación con la animación lo inspiró para establecer su propio estudio y eventualmente se convirtió en el rostro de la era dorada de la animación.

Escuché esta historia hace algunos años, durante mi proceso de inducción cuando trabajé como consultora de investigación en Disney Imagineering. En las siguientes semanas me di cuenta de que mi mente regresaba a ella cada vez que no me sentía inspirada por el trabajo que hacía.

Ejemplos como este ilustran cómo las historias simples pueden ser una fuente efectiva de inspiración. De hecho, incluso pueden ser más poderosas: las historias pueden influir en nuestras decisiones y comportamiento. Al presentar vívidos ejemplos de personas que afrontaron nuestros mismos desafíos, no solo permanecen a través del tiempo, sino que también son contagiosas.

Que los comportamientos son contagiosos es un descubrimiento bien conocido de la investigación psicológica, incluso en contextos en los que creemos que nuestras acciones están primeramente determinadas por nuestra motivación interna. Considere el caso de la deshonestidad: simplemente el ver a otra persona que hace trampa puede llevarnos a imitarla, incluso si nos importa ser honesto.

El comportamiento puede ser contagioso incluso cuando sólo se describe en una historia. Los fundadores y ejecutivos de las organizaciones suelen compartir sus propias historias y ejemplos del comportamiento pasado en sus compañías.

Estas historias son ejemplos positivos de miembros de la organización, que ejercen los valores de la compañía. Otras son historias en las que el protagonista violó los valores de la organización. En un reciente experimento de campo, conducido por Sean Martin, del Boston College, a más de 600 empleados, contratados recientemente en una gran firma de tecnologías de la información, se les presentaron historias de integrantes de la empresa, como parte de su proceso de inducción. Algunas historias tenían un personaje principal que ocupaba una alta posición en la compañía. Otras se referían a una persona de posición baja. Adicionalmente, las historias variaban en cuanto a si el protagonista se comportaba de forma que honraba o se desviaba de los valores de la organización.

El resultado: las historias acerca de miembros de bajo nivel, que se comportaban honrando los valores de la organización, tendieron más a alentar comportamientos similarmente positivos y reducir acciones desviadas, en comparación con aquellas donde el protagonista era un miembro de alto nivel. Sin embargo, cuando las historias hablaban de personas que se comportaban en forma errónea, se observaron menos comportamientos positivos cuando la historia era de una persona de alto nivel en lugar de una de bajo nivel. Parece que somos especialmente alentados por las historias de aquellos en el fondo que se comportan generosamente y desalentados por la historias acerca del mal comportamiento en los altos mandos.

Contar y escuchar historias es una forma tradicional, incluso antigua, de compartir la sabiduría y la cultura. Las historias pueden ayudar a las organizaciones a comunicar de forma más efectiva el conocimiento simple y complejo acerca de los valores, normas y soluciones a problemas difíciles. En la mayoría de las organizaciones hay muchas historias sin utilizar, que podrían contarse para mejorar los comportamientos.

“Al presentar vívidos ejemplos de personas que afrontaron nuestros mismos desafíos, no solo permanecen a través del tiempo, sino que también son contagiosas”.

“Considere el caso de la deshonestidad: simplemente el ver a otra persona que hace trampa puede llevarnos a imitarla, incluso si nos importa ser honesto”.

“Parece que somos especialmente alentados por las historias de aquellos en el fondo que se comportan generosamente y desalentados por la historias acerca del mal comportamiento en los altos mandos”.

Que los comportamientos son contagiosos es un descubrimiento bien conocido de la investigación psicológica, incluso en contextos en los que creemos que nuestras acciones están primeramente determinadas por nuestra motivación interna.

El comportamiento puede ser contagioso incluso cuando sólo se describe en una historia. Los fundadores y ejecutivos de las organizaciones suelen compartir sus propias historias y ejemplos del comportamiento pasado en sus compañías.

Contar y escuchar historias es una forma tradicional, incluso antigua, de compartir la sabiduría y la cultura. Las historias pueden ayudar a las organizaciones a comunicar de forma más efectiva el conocimiento simple y complejo acerca de los valores, normas y soluciones a problemas difíciles. En la mayoría de las organizaciones hay muchas historias sin utilizar, que podrían contarse para mejorar los comportamientos.

© 2017Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

The Unexpected Influence of Stories

Growing up on a Missouri farm, Walt Disney developed a love for drawing after his neighbor, a retired doctor known as “Doc” Sherwood, paid him to draw pictures of his horse. Disney later became a newspaper cartoonist and commercial artist, where he learned how to make commercials from cutout animations. His fascination with animation inspired him to establish his own cartoon studio and eventually become the face of the golden age of animation.

I heard this story during my onboarding process when I worked as a research consultant at Disney Imagineering a few years ago. In the weeks after I heard the story, I found my mind returning to it whenever I was feeling uninspired by the work I was doing.

Examples like this one illustrate how even simple stories can be an effective source of inspiration. In fact, they can be even more powerful than that: Stories can influence our decisions and behavior. By presenting vivid examples of people who faced the challenges we face, they not only last across time, but also are contagious.

That behavior is contagious is a well-known finding in psychological research, even in contexts in which we believe our actions are primarily determined by our internal motivation. Consider the case of dishonesty. Simply seeing another person cheat can lead us to cheat, even if we care about being honest.

Behavior can be contagious even when it’s simply described in a story. Organizational founders and executives often share their own stories and examples of past behavior in their companies.

These stories are positive examples of organizational members upholding company values. Others are stories in which the protagonist violated the organization’s values. In a recent field experiment conducted by Sean Martin, of Boston College, over 600 newly hired employees at a large IT firm were presented with stories of organizational members as part of their onboarding process. Some stories had a main character who occupied a high-level position in the company. Others were about a person in a low-level position. In addition, the stories varied on whether the protagonist engaged in behaviors that upheld or deviated from the organization’s values.

The result: Stories about low-level organizational members engaging in values-upholding behaviors were more likely to encourage similarly positive behaviors and reduce deviant actions than those about high-level organizational members. But when the stories were about organizational members engaging in deviant behaviors, fewer value-upholding behaviors were observed if the story was about a high-level rather than a low-level member. It seems we are especially lifted up by stories of those at the bottom behaving generously and particularly discouraged by stories about higher-ups misbehaving.

Telling and listening to stories is a traditional, even ancient, means of passing on wisdom and culture. Stories can help organizations more effectively communicate both simple and complex knowledge about values, norms and the solutions to difficult problems. In most organizations, there are plenty of untapped stories that could be told that would change behavior for the better.

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