¿Qué es el argot de los negocios y cómo evitarlo?

De acuerdo con el filósofo de Princeton, Henry Frankfurt, basura es “hablar sin respeto a la verdad.” En otras palabras, es una plática que no habla de nada. Habiendo estudiado de cerca a las organizaciones durante dos décadas, sé que de tiempo en tiempo las personas de negocios caen presas del argot sin sentido. También sabía que, aunque esto pudiera satisfacer una necesidad momentánea, la charla vacía usualmente termina molestando a los jefes, miembros del equipo y clientes.

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Un ejecutivo de alto nivel está presentando una actualización trimestral. La sala está llena de colaboradores ansiosos de escuchar cómo está desempeñándose la firma y qué hay en el horizonte. El ejecutivo comienza subiendo a tribuna y presentando una gruesa presentación de PowerPoint, con una diapositiva tras otra repletas de las más recientes palabras de moda en los negocios. Conforme pasan los minutos, veo a la audiencia sumirse en sus asientos. Uno por uno, van sacando sus celulares. Para cuando el ejecutivo abre el espacio para preguntas, he anotado más de 60 ejemplos de vacío lenguaje gerencial. Conforme el público sale, escucho a una desanimada persona decirle a su amigo, “Eso fue demasiada basura.”

De acuerdo con el filósofo de Princeton, Henry Frankfurt, basura es “hablar sin respeto a la verdad.” En otras palabras, es una plática que no habla de nada. Este grupo de empleados, que esperaban aprender algo respecto al estado de su compañía, tuvieron que soportarla por horas.

No están solos. Habiendo estudiado de cerca a las organizaciones durante dos décadas, sé que de tiempo en tiempo las personas de negocios caen presas del argot sin sentido. También sabía que, aunque esto pudiera satisfacer una necesidad momentánea, la charla vacía usualmente termina molestando a los jefes, miembros del equipo y clientes. En el mejor escenario, esa pifia gerencial puede desplazar temas más importantes. En el peor, las compañías comienzan a creerse su propia basura, resultando en estrategias basadas en fantasías.

¿Qué puede hacerse?

Históricamente, hay tres grandes formas en que las personas han tratado de lidiar con la basura. Una de las más populares es reírse de ella. Hacer un chiste sirve para quitarle un poco de autoridad a las palabras de moda. Sin embargo, existe el riesgo de que una vez que las personas se rían, simplemente suspiren y no cambien nada.

Una segunda respuesta es aprovechar la basura en nuestro propio beneficio. Recientemente, la CIA publicó un breve documento de 1944 titulado “Simple Sabotage Field Manual,” (Manual Simple de Sabotaje) diseñado para aconsejar a los partisanos de Europa sobre formas efectivas de resistirse al gobierno Nazi. Muchos de los consejos que contiene son eternos. Por ejemplo, el manual sugiere que los jefes rebeldes deberían “Hablar tanto y con tanta frecuencia como sea posible”, “Traer a la mesa temas irrelevantes” y “Organizar conferencias cuando hay cosas más importantes por hacer”.

La tercera forma de lidiar con la basura en los negocios es prohibirla por completo. Mientras Greg Dyke era director general de la BBC, le dio a sus empleados unas tarjetas amarillas con las palabras “deja el rollo, ve al grano” impresas en ellas, para levantarlas en las reuniones. Uno de los valores centrales de la firma australiana de software Atlassian es “open company, no bullshit.” Asimismo, durante su periodo como primer ministro británico, David Cameron lanzó un asalto contra el argot en el servicio público. Estas campañas en contra de la basura lograron grandes titulares en prensa, pero no siempre redujeron la jerga gerencial.

En el caso de Cameron, uno de sus ministros, Michael Gove, circuló una extensa carta a un servidor público en la que explicaba cómo escribir de forma clara y sucinta. Una frase se leía, “Por supuesto, en ocasiones, algunos detalles, como la poca recomendabilidad de terminar una oración con una preposición o el error de usar impacto como verbo o incluso la fealdad de comportamientos como uso cuando el comportamiento cubre una variedad de actividades humanas, podría requerir una oración más larga y compleja.” Algunos servidores públicos lo vieron como evidencia de incluso más jerga — un recordatorio de cómo los bien intencionados impulsos anti-basura pueden revertirse.

Si reírse de ella, aprovecharla y prohibirla no funcionan, ¿qué puede hacerse acerca de la basura en el trabajo? Necesitamos llegar a la raíz del problema: atender la wider economy (las razones más amplias) de la basura.

Esto comienza investigando qué partes de su organización tienen poco valor. Piense acerca de cómo puede hacer que esos trabajos sean más significativos. Investigación reciente de Catherine Bailey y Adrian Madden muestra que las personas sienten que su trabajo es significativo cuando hay cuatro factores. Primero, deben sentir que están contribuyendo al propósito central de su organización. Segundo, las personas deben ser capaces de adaptar sus trabajos, de forma que puedan hacer una contribución significativa. Tercero, las tareas tediosas deben mantenerse al mínimo. Finalmente, los empleados deben tener la capacidad de ver cómo las personas se están beneficiando de su trabajo. Si todos esos elementos están presentes, los empleados podrían estar menos inclinados a llenar el vacío de su empleo con jerga.

El segundo paso para atender la economía de la basura es evitar que se esparza. Para hacerlo, las personas necesitan hacerse tres preguntas cruciales acerca de las ideas en el trabajo. Cuando se propone un nuevo plan, deberían cuestionar, “¿Cuál es la evidencia para esto?” Plantear esta pregunta forzará a otros a darle una mirada honesta a los hechos y sopesar la evidencia respecto a si una propuesta funcionará. A continuación, las personas necesitan preguntar, “¿Cómo funcionará esto?” Al señalar esta pregunta, pueden probar la lógica de una idea.

También puede reducir la circulación de la basura preguntando, “¿Qué significa esto?” Esta pregunta fuerza a las personas a poner grandes ideas en lenguaje claro.

El paso final para enfrentar la basura es limitar su aplicación. Muchas veces los directivos quieren iniciar ideas empresariales vacías porque no tendrán que vivir con las consecuencias. Para evitar que esto suceda, las organizaciones pueden introducir una regla señalando que si alguien propone una idea, debe encabezar su implementación.

Los directivos tienen una tendencia a añadir nuevas iniciativas sin completar las anteriores. Una forma de prevenirlo es introduciendo la regla de “una dentro, una fuera”: Para lanzar una nueva iniciativa gerencial, tiene que eliminar otra. Esto forzaría a los ejecutivos a enfocarse en un rango limitado de ideas.

Dicho esto, sería imprudente eliminar toda la jerga de las organizaciones. Los profesionales algunas veces necesitan términos altamente técnicos para hacer su trabajo. Por ejemplo, sería imposible para un doctor el hacer cirugía sin recurrir a algo de jerga médica. “Divagar” o hablar acerca del clima durante un receso de café puede algunas veces crear conexiones, y la charla entre dos colegas durante el almuerzo puede ayudar a encender formas novedosas de ver un problema de negocios. Sin embargo, necesitamos aprender a reconocer la diferencia entre esto y el argot que simplemente llena tiempo aire. El último debe desaparecer.

“Existe el riesgo de que una vez que las personas se rían, simplemente suspiren y no cambien nada”.

“Cuando se propone un nuevo plan, deberían cuestionar, “¿Cuál es la evidencia para esto?”.

“Los directivos tienen una tendencia a añadir nuevas iniciativas sin completar las anteriores”.

En muchas presentaciones de ejecutivos sobre los resultados suele verse una diapositiva tras otra repletas de las más recientes palabras de moda en los negocios. Para cuando el ejecutivo abre el espacio para preguntas, he anotado más de 60 ejemplos de vacío lenguaje gerencial. Conforme el público sale, escucho a una desanimada persona decirle a su amigo, “Eso fue demasiada basura.”

¿Qué puede hacerse?

Históricamente, hay tres grandes formas en que las personas han tratado de lidiar con la basura. Una de las más populares es reírse de ella. Una segunda respuesta es aprovechar la basura en nuestro propio beneficio. La tercera forma de lidiar con la basura en los negocios es prohibirla por completo. Mientras Greg Dyke era director general de la BBC, le dio a sus empleados unas tarjetas amarillas con las palabras “deja el rollo, ve al grano” impresas en ellas, para levantarlas en las reuniones.

Si reírse de ella, aprovecharla y prohibirla no funcionan, ¿qué puede hacerse acerca de la basura en el trabajo? Necesitamos llegar a la raíz del problema: atender la wider economy (las razones más amplias) de la basura.

Esto comienza investigando qué partes de su organización tienen poco valor. El segundo paso para atender la economía de la basura es evitar que se esparza. El paso final para enfrentar la basura es limitar su aplicación.

© 2018 Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

If We All Hate Business Jargon, Why Do We Keep Using It?

A senior executive is presenting a quarterly update. The room is packed with staff eager to hear how the firm is performing and what’s looming on the horizon. The executive begins by taking the stage and working through a thick PowerPoint deck, each slide packed with the latest business buzzwords. As the minutes tick by, I see the audience slump in their chairs. One by one, they pull out their phones. By the time the executive invites questions, I have jotted down over 60 different examples of vacuous management-speak. As the crowd files out, I overhear one dispirited person say to a friend, “That was just so much bullshit.”

According to Princeton philosopher Henry Frankfurt, bullshit is “talking without respect to the truth.” In other words, bullshit is talk that refers to nothing. This group of employees, hoping to learn something about the state of their company, had just sat through hours of it.

They’re not alone. Having studied organizations up close for two decades, I know businesspeople fall prey to meaningless jargon from time to time. I also knew that while this might satisfy a momentary need, empty talk usually winds up annoying bosses, team members and clients. In best-case scenarios, this management piffle can crowd out more important issues. At worst, companies begin to believe their own bullshit, resulting in strategies based on fantasy.

What can be done? Historically, there are three main ways people have attempted to deal with bullshit. One of the most popular is to laugh at it. Cracking a joke serves to take some of the authority away from empty buzzwords. However, there is a risk that once people have had a good laugh, they simply let out a long sigh and change nothing.

A second response is to harness bullshit for your own ends. Recently, the CIA released a short document from 1944 titled “Simple Sabotage Field Manual,” designed to advise partisans in Europe about effective ways of resisting Nazi rule. Many of the tips inside are timeless. For instance, the manual suggests rebellious managers should “talk as frequently as possible and at great length,” “bring up irrelevant issues” and “hold conferences when there is more urgent work to do.”

The third way of dealing with business bullshit is to ban it altogether. While Greg Dyke was director general of the BBC, he gave employees yellow cards to hold up in meetings with the words “cut the crap, make it happen” printed on them. One of the core values of the Australian software firm Atlassian is “open company, no bullshit.” And during his time as British prime minister, David Cameron launched an assault on jargon in the civil service. These campaigns against bullshit made for great headlines, but they didn’t always reduce management jargon.

In Cameron’s case, one of his ministers, Michael Gove, circulated a lengthy letter to a civil servant explaining how to write clearly and succinctly. One sentence read, “Of course, on occasion, some factual detail, such as the inadvisability of ending a sentence with a preposition or the folly of using impact as a verb or even the ugliness of behaviors as a usage when behaviors covers a variety of human activity, might require a complex longer sentence.” Some civil servants saw it as evidence of even more jargon — a reminder of how well-meaning anti-bullshit drives can backfire.

If laughing at it, harnessing it and banning it don’t work, what can be done about bullshit at work? We need to get to the root of the problem: addressing the wider economy of bullshit.

This starts by investigating which parts of your organization hold little value. Think about how you can make these jobs more meaningful. Recent research by Catherine Bailey and Adrian Madden shows that people find their work meaningful when four factors are in place. First, they must feel that they are contributing to the core purpose of their organization. Second, people must be able to craft their jobs so that they can make a significant contribution. Third, tedious tasks must be kept to a minimum. And finally, employees must be able to see how people are benefiting from their work. If all these elements are present, employees may be less inclined to fill the hollowness of their job with jargon.

The second step in addressing the economy of bullshit is to keep it from spreading. To do this, people need to ask three crucial questions about ideas at work. When a new plan is proposed, they should ask, “What is the evidence for this?” Posing this question will force others to take an honest look at the facts and weigh the evidence about whether a proposal will work. Next, people need to ask, “How will this work?” By voicing this question, you can test out the logic of an idea.

 

You can also slow down the circulation of bullshit by asking, “What does that mean?” This question forces people to put grand ideas into straightforward language.

The final step in pushing back against bullshit is to limit it application. Often managers are keen on initiating empty business ideas because they don’t have to live with the consequences. To stop this from happening, organizations can introduce a rule that states if you propose an idea, you have to lead its implementation.

Managers have a tendency to add new initiatives without completing older ones. One way to prevent this is to introduce the rule of “one in, one out”: To launch a new management initiative, you have to kill off an old one. This would force executives to focus on a limited range of ideas.

All that said, it would be unwise to eliminate all bullshit from organizations. Professionals sometimes need highly technical terms to get their jobs done. For instance, it would be impossible for a doctor to perform surgery without resorting to some medical jargon. “Shooting the shit” or talking about the weather during a coffee break can sometimes create connections, and loose talk between two colleagues over lunch can help ignite novel ways of seeing a business problem. But we need to learn to recognize the difference between this and the jargon that simply fills up corporate airtime. The latter has to go.

 

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