Investigación: Cómo influye la clase social en su actitud en el trabajo

Suele suponerse que obtener educación universitaria o un empleo como profesionista significa que una persona de clase trabajadora o antecedente de bajos recursos finalmente lo ha “logrado” y se unirá fácilmente a la clase media o alta. Sin embargo, la realidad suele ser muy diferente.

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Suele suponerse que obtener educación universitaria o un empleo como profesionista significa que una persona de clase trabajadora o antecedente de bajos recursos finalmente lo ha “logrado” y se unirá fácilmente a la clase media o alta. Sin embargo, la realidad suele ser muy diferente, porque la clase social se trata de algo más que los recursos financieros a los que se accede con mayor educación y una profesión de prestigio; el poseer recursos o carecer de ellos influye con el tiempo en el entendimiento de las personas respecto a quién son y cómo deberían interactuar con los demás.

Nuestras investigaciones en marcha muestran que las personas provenientes de la clase trabajadora tienden a percibirse como interdependientes y altamente conectadas con los demás. Los padres le enseñan a sus hijos la importancia de seguir las reglas y ajustarse a las necesidades de otros, en parte porque no hay una red de seguridad económica a la cual recurrir. En contraste, a las personas de contextos de clase media y alta se les enseña a verse como independientes y separadas de los demás.

Aunque muchas instituciones, como la escuela y los lugares de trabajo, pueden beneficiarse de una fuerte dosis de colaboración, tienden a priorizar la independencia como el ideal cultural. El desajuste entre el ideal cultural de independencia y las normas de interdependencia, comunes en los individuos de clase trabajadora, puede reducir sus oportunidades de éxito. Como resultado, los colegas y los lugares de trabajo podrían no sólo perderse ese potencial desaprovechado, sino reforzar y mantener la desigualdad de clases sociales.

La buena noticia es que esta brecha de clase social en experiencia y desempeño no es estática.

Basados en investigaciones que realizamos sobre mensajes y clase social, generamos ciertas estrategias que los maestros y directivos pueden usar para ayudar a sus estudiantes y empleados de clase trabajadora a darse cuenta de su potencial. Una es simplemente reconocer que la clase social importa. La mayoría de los lugares de trabajo ignoran por completo los antecedentes de clase social, incluso aunque le dedican mucha atención a la diversidad racial y de género. De la misma forma en que las organizaciones brindan grupos de afinidad y programas de mentoría para mujeres y minorías raciales, deberían ofrecer programas sintonizados con la clase social.

Otra estrategia es brindarles a las personas oportunidades para desarrollar su identidad independiente, además de la interdependiente. Las escuelas y lugares de trabajo podrían ofrecer sesiones de entrenamiento sobre conductas como el afirmarse a uno mismo, mostrar confianza y ejercer influencia.

Una estrategia final es que las instituciones lleguen a donde están los estudiantes y empleados, aprovechando sus fortalezas interdependientes. Aunque muchas organizaciones hablan sobre valorar la colaboración, podrían hacerlo mejor al incorporar el valor de la interdependencia en sus políticas y prácticas cotidianas, como criterio de evaluación (por ejemplo, para contrataciones y ascensos) e incentivo de desempeño.

Aunque nuestras sugerencias no son una panacea, son un importante primer peso para asegurarse de que los “migrantes de clase” tengan la misma oportunidad de tener éxito en escuelas y lugares de trabajo. Los beneficios potenciales son enormes — no solo para los estudiantes y trabajadores, sino también para las instituciones.

“Los padres les enseñan a sus hijos la importancia de seguir las reglas y ajustarse a las necesidades de otros, en parte porque no hay una red de seguridad económica a la cual recurrir”.

“A las personas de contextos de clase media y alta se les enseña a verse como independientes y separadas de los demás”.

“Aunque nuestras sugerencias no son una panacea, son un importante primer peso para asegurarse de que los “migrantes de clase” tengan la misma oportunidad de tener éxito en escuelas y lugares de trabajo”.

Nuestras investigaciones en marcha muestran que las personas provenientes de la clase trabajadora tienden a percibirse como interdependientes y altamente conectadas con los demás.

Aunque muchas instituciones, como la escuela y los lugares de trabajo, pueden beneficiarse de una fuerte dosis de colaboración, tienden a priorizar la independencia como el ideal cultural.

Basados en investigaciones que realizamos sobre mensajes y clase social, generamos ciertas estrategias que los maestros y directivos pueden usar para ayudar a sus estudiantes y empleados de clase trabajadora a darse cuenta de su potencial. Otra estrategia es brindarles a las personas oportunidades para desarrollar su identidad independiente, además de la interdependiente.

Una estrategia final es que las instituciones lleguen a donde están los estudiantes y empleados, aprovechando sus fortalezas interdependientes. Los beneficios potenciales son enormes — no solo para los estudiantes y trabajadores, sino también para las instituciones.

© 2018 Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

Research: How You Feel About Individualism Is Influenced by Your Social Class

It’s often assumed that getting a college education or professional job means that a person from a working-class or low-income background has finally “made it” and will seamlessly join the middle or upper class. The reality, however, is often quite different. That’s because social class is about more than the financial resources afforded by higher education and a prestigious occupation; having or lacking resources over time shapes people’s understandings of who they are and how they should interact with others.

Our body of ongoing research shows that people from working-class backgrounds tend to understand themselves as interdependent with and highly connected to others. Parents teach their children the importance of following the rules and adjusting to the needs of others, in part because there is no economic safety net to fall back on. In contrast, people from middle- and upper-class contexts are taught to understand themselves as independent and separate from others.

Although many institutions, such as school and workplaces, can benefit from a strong dose of collaboration, they tend to prioritize independence as the cultural ideal. The mismatch between institutions’ cultural ideal of independence and the interdependent norms common among working-class individuals can reduce their opportunity to succeed. As a result, colleges and workplaces may not only miss out on this untapped potential but also reinforce and maintain social class inequality in the process.

The good news is that this social class gap in experience and performance is not static.

Drawing from research we conducted on messaging and social class, we have come up with certain strategies that teachers and managers to help their students and employees from working-class backgrounds realize their potential. One is to simply acknowledge that social class matters. Most workplaces ignore social class background altogether, even while they devote a great detail of attention to racial and gender diversity. In the same way that organizations provide affinity groups and mentoring programs for women and racial minorities, they should offer programs attuned to social class.

Another strategy is to provide people with opportunities to develop their independent selves in addition to their interdependent ones. Schools and workplaces could offer training sessions in behaviors such as asserting oneself, showing confidence and exerting influence.

A final strategy is for institutions to meet students and employees where they are by tapping their interdependent strengths. While many organizations talk the talk of valuing collaboration, they could do better by incorporating the value of interdependence into their everyday policies and practices, such as criteria for evaluation (i.e., hiring and promotion) and performance incentives.

Although our suggestions are not a panacea, they are an important first step toward ensuring that “class migrants” have an equal opportunity to succeed in schools and workplaces. The potential benefits are huge — not only for students and workers but also for schools and workplaces.

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