Cómo llevar la contraria a su jefe

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Las diferencias con su jefe existen, ¿cómo hablar con éste sin morir en el intento? Le presentamos algunas ideas para ser escuchado.

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Harsha pensaba que las cosas iban bien en su nuevo puesto. Seis meses antes fue contratado por Najib, un acaudalado y poderoso hombre de Dubai, para mejorar la menguante reputación y los prospectos de un hotel de negocios 5 estrellas.

A Harsha le tomó poco tiempo identificar 3 áreas a enfocarse, con las que tenía confianza de mejorar rápidamente las calificaciones del hotel en los populares sitios web de reseñas de viajes. Primero, actualizaría la imagen del hotel; segundo, invertiría más en entrenamiento para el equipo y, tercero, frenaría la reputación del hotel como un refugio para prostitutas, al reforzar los patrullajes de seguridad y pedirle a las mujeres que se fueran.

Los planes de Harsha estaban funcionando. Estaba satisfecho de que, una pocas semanas después, las reseñas calificaban al hotel como “el más limpio de Dubai”. Mientras la reputación del hotel mejoró, también lo hicieron las reservaciones.

Sin embargo, la creciente satisfacción de Harsha con la transformación del hotel se hizo trizas una noche de sábado, con la llamada de su jefe, Najib, quien sentía que Harsha estaba perdiendo negocios para el hotel al “acosar” a los clientes. Najib a duras penas dejó que Harsha dijera algo y terminó la llamada abruptamente.

Harsha estaba atónito. Después de que colgó el teléfono, consideró empacar sus cosas e irse. Se reprendió a si mismo por no ser capaz de responder, en su defensa, con la evidencia para respaldar el hecho de que el hotel estaba mejor que nunca. Najib ya se había formado sus propias opiniones y simplemente no quería escuchar lo que Harsha tenía que decir.

Mientras los Presidentes Ejecutivos se desesperan porque “Nadie me dice la verdad,” sus equipos simultáneamente se inquietan porque “No puedo decirle lo que pienso al jefe.” El resultado es que la información no fluye hacia arriba en la línea de mando, lo que resulta en decisiones mal informadas y crisis que podrían haberse evitado.

Claramente hay muchos jefes que deberían promover mayor sinceridad. Sin embargo, a través de los años me he sorprendido al encontrar que, incluso en las más sofocantes culturas, usualmente hay algunas personas que saben cómo decirle la verdad a los poderosos.

He aquí cuatro cosas que éstas personas hacen bien:

  • Acuerde la sinceridad por adelantado. Los comunicadores efectivos no esperan a que se dé la necesidad de disentir –ellos realizan una conversación por separado, cuando hay poco en juego y las emociones están en calma, para acordar con el jefe cómo manejarán los momentos en que estén en desacuerdo. Este contrato psicológico se vuelve un poderoso punto de referencia cuando las emociones están elevadas.
  • Discuten la meta antes del contenido. Usted puede ser mucho más sincero acerca de sus puntos de vista si lo encuadra en el contexto de un propósito mutuo que le preocupa a su jefe.
  • Muestran respeto antes de disentir. Cuando ese sentido de respeto está asegurado, usted puede aventurarse a expresar sus ideas abierta y honestamente.
  • Piden –y se ganan- el permiso de no estar de acuerdo. Pedir permiso es una poderosa forma de honrar la posición del jefe y evitar provocaciones innecesarias. El truco es pedir el permiso al mismo tiempo en que usted de la da a su jefe una razón para otorgárselo.

Cuando las personas poderosas lo callan, podría no ser debido a que estas sean incapaces de tolerar el disenso. Podría ser que lo confunden con una falta de respeto.

“Los Presidentes Ejecutivos se encuentran desesperados porque
nadie les dice la verdad. Quieren escuchar lo que ocurre en su organización”.

“Acuerde la sinceridad por adelantado. Este contrato psicológico se vuelve un punto de referencia cuando las emociones están en calma”.

“Pedir permiso para no estar de acuerdo, es fundamental para no dañar la relación”.

Los Presidentes Ejecutivos se desesperan porque “Nadie me dice la verdad,” sus equipos simultáneamente se inquietan porque “No puedo decirle lo que pienso al jefe.” La información no fluye hacia la línea de mando, lo que resulta en decisiones mal informadas y crisis que podrían haberse evitado.

Hay algunas personas que saben cómo hablarles a los poderosos, aquí algunas propuestas:

  • Acuerde la sinceridad por adelantado. Este contrato psicológico se vuelve un poderoso punto de referencia cuando las emociones están en calma.
  • Encuadre en el contexto de un propósito que le preocupa a su jefe.
  • Muestre respeto antes de disentir.
  • Pida permiso para expresar su desacuerdo.

© 2017Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

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How to Disagree with Your Boss

Harsha thought things were going well in his new role. Six months earlier, he was hired by Najib, a wealthy and powerful man in Dubai, to turn around the flagging reputation and prospects of a five-star business hotel.

It took little time for Harsha to identify three areas of focus that he was confident would rapidly improve ratings at popular review sites. First, he would update the hotel’s look; second, he would invest more in training staff; and third, he would curb the hotel’s reputation as a haven for sex workers by beefing up the security patrols and asking the women to leave.

Harsha’s plans were working. Within a few weeks, he was pleased to see reviews calling the hotel “The cleanest in Dubai.” As the hotel’s reputation improved, so did bookings.

But Harsha’s growing satisfaction at turning the hotel around was shattered one Saturday night by a call from his boss, Najib, who felt that Harsha was losing business for the hotel by “harassing” customers. Najib hardly let Harsha get a word in edgewise, and ended the call abruptly.

Harsha was flabbergasted. After he hung up with his boss, he considered packing his bags and leaving. He berated himself for failing to respond in his own defense, with evidence to back up the fact that the hotel was doing better than ever. Najib had already formed his own opinions and simply didn’t want to hear what Harsha had to say.

While CEOs despair that “Nobody tells me the truth,” their staff simultaneously fret that “I can’t speak my mind to the boss.” The result is that information doesn’t flow up the chain of command, resulting in uninformed decisions and avoidable crises.

Clearly there’s a lot that bosses should do to invite greater candor. But I’ve been surprised over the years to find that even in the most stultifying cultures, there are usually a handful of people who know how to speak truth to power.

Here are four of the things these people do well:

+ Contract for candor upfront. Effective communicators don’t wait for the need to disagree – they hold a separate conversation when the stakes are low and emotions are calm to agree with the boss about how to manage those moments when they disagree. This psychological contract becomes a powerful reference point when emotions run high.

+ Discuss intent before content. You can be far more candid about your view if you frame it in the context of a mutual purpose that the boss already cares about.

+ Show respect before dissent. When that sense of respect is secure, you can venture into expressing your views openly and honestly.

+ Ask for – and earn – permission to disagree. Asking for permission is a powerful way of honoring the position of the boss and avoiding unnecessary provocation. The trick is to ask for permission while giving the boss a reason to give it to you!

When powerful people shut you down, it may not be because they’re incapable of brooking dissent. It may be that they mistake dissent for disrespect.Texto

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