Conquista los nervios antes de tu presentación

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Usted conoce la sensación: está a punto de dar una importante presentación y los nervios aparecen. De pronto parece inevitable que usted lo echará a perder –y todos lo verán.
Aquí le presentamos cómo superar estos nervios.

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Usted conoce la sensación: está a punto de dar una importante presentación y los nervios aparecen. Siente una presión en el pecho. Su respiración se entrecorta. Su presión sanguínea se incrementa. De pronto parece inevitable que usted lo echará a perder –y todos lo verán.
La evolución explica porqué usted se siente de este modo. El incremento en la adrenalina y el cortisol corriendo por su sistema en momentos de estrés, solían ayudarlo a huir o pelear ante la presencia de depredadores. En los negocios, las amenazas a nuestro bienestar son principalmente psicológicas en lugar de físicas –sin embargo, nuestros cuerpos no diferencian significativamente entre las dos.

Aunque hay algunas diferencias en cómo procesa el cerebro los dolores físicos y sociales, nuestra respuesta neurológica a ser pinchados es, por ejemplo, sorprendentemente similar a la de ser rechazados. Ya que el hablar en público implica la posibilidad de enfrentar el rechazo en gran escala, no es sorpresivo que muchas personas le teman más que a la muerte.

Aunque estas son reacciones poderosas y naturales, es posible superarlas.

La primera (y la más obvia) forma de aplacar sus miedos es hacer todo lo que pueda para asegurar que las cosas salgan tranquilamente y eso significa que tiene que prepararse. Una de las pláticas más atemorizantes para las que me he preparado fue mi presentación en TEDxEast. Sabía que esta conferencia en particular podría tener un enorme impacto en la forma en que el mundo veía las presentaciones –y a mi negocio. Así que ensayé durante 35 horas. Incluso imprimí fotografías de los rostros de mis empleados y los coloqué en el muro, para simular una audiencia real.

No es exactamente nuevo el que la preparación lo ayuda a convencer a su audiencia de que usted conoce su material. Sin embargo, al prepararse usted también se beneficiará al hacer de su plática un evento más predecible. Los nervios suelen desatarse a causa de las sorpresas (como la ocasión en que accidentalmente entré a escena con mi blusa fajada en mi ropa interior, o cuando repentinamente tuve seis bochornos a media conferencia). Siempre habrá sorpresas, pero usted puede limitar su cantidad e impacto al investigar profundamente el tema a tratar, anticipar las preguntas difíciles y practicar su exposición.

Después, intente un poco de visualización. Imagínese a usted mismo brindando una gran presentación. Ya que el cerebro algunas veces tiene dificultades para distinguir las experiencias reales de las imaginarias, use este hecho a su favor. Imagine cada minuto de la presentación con tanto detalle como pueda. Imagine que le ceden la palabra o que lo presentan en el escenario. ¿Cómo se sentirá? ¿Cómo iniciará su conferencia? ¿Cómo se verán los rostros de la audiencia?

Si piensa que ya está preparado, este ejercicio lo hará ultra-preparado. Es muy probable que piense en cosas que se olvidó de tratar, cosas que pudieran hacerlo tropezar si hubieran ocurrido en el momento. Después de que realice su presentación imaginaria, se sentirá como si ya la hubiera hecho antes. Su presentación verdadera será una repetición.

Una vez que se ha preparado al máximo, comience a ponerse cómodo con la incertidumbre. Una de las mayores mentiras que nos decimos a nosotros mismos es que tenemos el control total sobre una situación. No puede tenerlo. En un cierto punto usted tiene que confiar en que ha hecho todo lo posible para prepararse y dejarlo así. Esto podría sonar excesivamente Zen, pero la probabilidad de que sus peores temores se conviertan en realidad es en realidad muy pequeña.

Muchas veces los nervios empiezan a crecer cuando creemos que las personas se pueden dar cuenta de que estamos nerviosos. En la mayoría de los casos, no pueden. Solo usted sabe acerca de los escenarios de desastre que corren por su mente, así que manténgalo de ese modo. Si trastabilla, actúe como si no hubiera pasado. Incluso si se cae con la cara al piso, levántese, haga un chiste acerca de la caída y continúe hablando. Usted no puede controlar la reacción de la audiencia, pero puede dirigir a las personas en la dirección que quiere al mantenerse tranquilo y relajado.

Hablando de audiencias, acostúmbrese a las caras en blanco –o a los rostros que están completamente distraídos. Cuando le habla a una persona en lo individual, usted recibe las señales físicas y verbales de que alguien está escuchando –inclinación de cabeza y sonidos de coincidencia, como “ajá”. Los grupos de personas no siempre hacen eso.

No lo están juzgando. Probablemente están tratando de ser educados y escuchar. O quizá solo están en su propio mundo. Una vez hice que mi asistente me preparara para una presentación moviéndose incesantemente y dándome diferentes expresiones faciales negativas mientras yo ensayaba. La clave es no dejar que lo perturbe el lenguaje corporal de nadie. Lo más probable es que su audiencia quiere que usted tenga éxito.

“Aunque hay algunas diferencias en cómo procesa el cerebro los dolores físicos y sociales, nuestra respuesta neurológica a ser pinchados es, por ejemplo, sorprendentemente similar a la de ser rechazados”.

“Siempre habrá sorpresas, pero usted puede limitar su cantidad e impacto al investigar profundamente el tema a tratar, anticipar las preguntas difíciles y practicar su exposición”.

“Una de las mayores mentiras que nos decimos a nosotros mismos es que tenemos el control total sobre una situación. No puede tenerlo”.

Usted conoce la sensación: está a punto de dar una importante presentación y los nervios aparecen. De pronto parece inevitable que usted lo echará a perder –y todos lo verán.

Aunque estas son reacciones poderosas y naturales, existen formas de superarlas:

La primera (y la más obvia) forma de aplacar sus miedos es hacer todo lo que pueda para asegurar que las cosas salgan tranquilamente y eso significa que tiene que prepararse.

Después, intente un poco de visualización. Imagínese a usted mismo brindando una gran presentación.

Imagine cada minuto de la presentación con tanto detalle como pueda.
Una vez que se ha preparado al máximo, comience a ponerse cómodo con la incertidumbre.

En un cierto punto usted tiene que confiar en que ha hecho todo lo posible para prepararse y dejarlo así.

Muchas veces los nervios empiezan a crecer cuando creemos que las personas se pueden dar cuenta de que estamos nerviosos. En la mayoría de los casos, no pueden. No deje que lo perturbe el lenguaje corporal de nadie. Lo más probable es que su audiencia quiere que usted tenga éxito.

© 2017Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

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Conquer Your Nerves Before Your Presentation

You know the feeling: You’re about to give a big presentation and your nerves set in. You feel pressure in your chest. Your breathing gets shallow. Your blood pressure increases. And suddenly it seems inevitable that you’re going to mess this up – and everyone will see.

Evolution explains why you feel this way. It used to be that the increased adrenaline and cortisol pumping through your system in times of stress helped us flee or fight in the face of predators. In business, the threats to our well-being are largely psychological instead of physical – yet our bodies fail to differentiate significantly between the two.

While there is some difference in how the brain processes physical and social pain, our neurological response to getting pinched, for example, is strikingly similar to our response to rejection. And since public speaking offers us the opportunity to face rejection on a grand scale, it’s no wonder that some people fear it worse than death.

Though these are powerful and natural reactions, it’s possible to overcome them.

The first (and most obvious) way to quell your fears is to do everything you can to ensure that things go smoothly, and that means you have to prepare. One of the most nerve-wracking talks I ever prepared for was my presentation at TEDxEast. I knew that this performance in particular could have a huge impact on the way the world viewed presentations – and my business. So, I rehearsed for 35 hours. I even printed out pictures of my employees’ faces and posted them on the wall to simulate an actual audience.

It’s not exactly news that preparation helps you convince your audience that you know your material. But you’ll also benefit by making your talk a more predictable event. Nerves are often triggered by surprises (like the time I accidently walked out on stage with my skirt tucked into my underwear, or when I suddenly had six hot flashes in the middle of a talk). There will always be surprises, but you can limit their number and impact by researching your topic thoroughly, anticipating tough questions and practicing your delivery.

Next, try a little visualization. Imagine yourself giving a great presentation. Since the brain sometimes has trouble distinguishing between actual experiences and imagined ones, use that fact to your advantage. Picture every minute of the presentation in great detail. Imagine having the meeting turned over to you or being introduced on stage. What will that feel like? How will you launch into your talk? What will the audience’s faces look like?

If you thought you were already prepared, this exercise will make you ultra-prepared. It’s likely that you’ll think of things you forgot to address, things that might have tripped you up if they’d occurred to you in the moment. And after you give your imagined presentation, you will feel as if you’ve done it before. Your actual presentation will be an encore.

Once you’ve prepared to the hilt, start getting comfortable with uncertainty. One of the biggest lies we tell ourselves is that we can have total control over a situation. You can’t. At a certain point you have to trust that you’ve done all that you can to prepare, and leave it at that. That might sound overly Zen, but the likelihood that your worst fears will come true really is very slim.

Nerves often start to build when we think people can tell we’re nervous. In most cases, they can’t. Only you know about the disaster scenarios running through your mind, so keep it that way. If you stumble, act as though it didn’t happen. Even if you fall flat on your face, get up, make a joke about it and continue on your way. You can’t control the audience’s reaction, but you can lead people in the direction you want by remaining calm and loose.

Speaking of audiences, get used to looking at blank faces – or faces that are distracted altogether. When you’re talking to somebody one-on-one, you get the physical and verbal cues that someone is listening – head nodding and sounds of agreement, like “Uh-huh.” Groups of people don’t always do that. They’re not judging you. They’re probably trying to be polite and listen. Or they might just be in a world of their own. I once had my assistant help me prepare for a presentation by fidgeting and giving me different negative facial expressions while I rehearsed. The key is not to let anyone’s body language faze you. Chances are, your audience wants you to succeed.

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