El ejercicio constante es parte de su trabajo

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Los científicos sociales han amasado evidencia muy convincente de que hay otro y más inmediato beneficio del ejercicio constante: su impacto en la forma en que pensamos.
¿Cómo incorporar exitosamente en el ejercicio en su rutina? He aquí algunas sugerencias basadas en estas investigaciones.

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Cuando pensamos acerca del valor del ejercicio, tendemos a enfocarnos en los beneficios físicos: menor presión sanguínea, un corazón más sano, un cuerpo más atractivo.

Pero, a lo largo de la década pasada, los científicos sociales han amasado silenciosamente evidencia muy convincente de que hay otro y más inmediato beneficio del ejercicio constante: su impacto en la forma en que pensamos. Los estudios indican que nuestro poder de fuego mental está directamente enlazado con nuestro régimen físico. Y en ninguna parte son estas implicaciones más relevantes que para nuestro desempeño laboral.

¿Qué impide que nos ejercitemos más a menudo? Para muchos de nosotros, la respuesta es simple: no tenemos el tiempo. Para ser justos, ésta es una explicación legítima. Hay semanas cuando el trabajo es abrumador y necesitamos cumplir con fechas de término que están fuera de nuestro control.

Pero, seamos claros: lo que realmente queremos decir cuando no tenemos tiempo para una actividad, es que no la consideramos prioritaria considerando el tiempo que tenemos disponible. Por esto es que las investigaciones que ilustran los beneficios cognitivos del ejercicio son tan persuasivas. El ejercicio nos permite absorber más información, trabajar más eficientemente y ser más productivos.

Sin embargo muchos de nosotros seguimos percibiéndolo como un lujo; una actividad que quisiéramos hacer si solo tuviéramos más tiempo. En lugar de ver el ejercicio como algo que hacemos por nosotros mismos –una indulgencia personal que nos aleja del trabajo- es tiempo de que comencemos a considerar a la actividad física como parte del propio trabajo.

Entonces ¿Cómo incorporar exitosamente en el ejercicio en su rutina? He aquí algunas sugerencias basadas en las investigaciones:

  • Identifique una actividad física que realmente le guste. Hay muchas formas de hacer ejercicio además de aburrirse hasta perder el sentido en una caminadora. Encuentre una actividad física que anhele hacer, como el tenis, la natación, el baile, el softbol o incluso el tocar vigorosamente la batería. Es mucho más probable que usted persevere en una actividad si genuinamente la disfruta.
  • Invierta en mejorar su desempeño. En lugar de conformarse con “hacer algo de ejercicio,” enfóquese en dominar una actividad. Las metas de control, que los psicólogos definen como metas que se centran en alcanzar nuevos niveles de competencia, han demostrado consistentemente ser capaces de predecir la perseverancia en un amplio rango de situaciones.
  • Hágase parte de un grupo. Una recomendación que los aspirantes a usuarios de gimnasios suelen recibir es encontrar un régimen de ejercicio que involucre a otras personas. Es un buen consejo. Socializar hace que el ejercicio sea más divertido, lo que aumenta las probabilidades que usted siga haciéndolo. También es mucho más difícil quedarle mal a un amigo o a un entrenador que persuadirse a usted mismo de que solo una noche sin ir no hace daño.

Sin importar cómo usted incorpore el ejercicio en su rutina, el encuadrarlo como parte de su trabajo hace mucho más fácil que haga tiempo para ello. Recuerde, usted no está abandonando el trabajo. Al contrario: usted está asegurándose de que las horas que le dedica tengan valor.

“El ejercicio nos permite absorber más información, trabajar más eficientemente y ser más productivos”.

“Lo que realmente queremos decir cuando no tenemos tiempo para una actividad, es que no la consideramos prioritaria considerando el tiempo que tenemos disponible”.

Socializar hace que el ejercicio sea más divertido, lo que aumenta las probabilidades que usted siga haciéndolo”.

Los científicos sociales han amasado evidencia muy convincente de que hay otro y más inmediato beneficio del ejercicio constante: su impacto en la forma en que pensamos.

El ejercicio nos permite absorber más información, trabajar más eficientemente y ser más productivos. En lugar de ver el ejercicio como algo que hacemos por nosotros mismos –una indulgencia personal que nos aleja del trabajo- es tiempo de que comencemos a considerar a la actividad física como parte del propio trabajo.

Entonces ¿Cómo incorporar exitosamente en el ejercicio en su rutina? He aquí algunas sugerencias basadas en las investigaciones:

  • Identifique una actividad física que realmente le guste.
  • Invierta en mejorar su desempeño.
  • Hágase parte de un grupo.

Sin importar cómo usted incorpore el ejercicio en su rutina, el encuadrarlo como parte de su trabajo hace mucho más fácil que haga tiempo para ello.

© 2015Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

Regular Exercise Is Part of Your Job

When we think about the value of exercise, we tend to focus on the physical benefits: lower blood pressure, a healthier heart, a more attractive physique.

But over the past decade, social scientists have quietly amassed compelling evidence suggesting that there is another, more immediate benefit of regular exercise: its impact on the way we think. Studies indicate that our mental firepower is directly linked to our physical regimen. And nowhere are the implications more relevant than to our performance at work.

But what prevents us from exercising more often? For many of us, the answer is simple: We don’t have the time. In fairness, this is a legitimate explanation. There are weeks when work is overwhelming and deadlines outside our control need to be met.

But let’s be clear: What we really mean when we say we don’t have time for an activity is that we don’t consider it a priority given the time we have available. This is why the research illuminating the cognitive benefits of exercise is so compelling. Exercise enables us to soak in more information, work more efficiently and be more productive.

And yet many of us continue to perceive it as a luxury; an activity we’d like to do if only we had more time. Instead of viewing exercise as something we do for ourselves – a personal indulgence that takes us away from our work – it’s time we started considering physical activity as part of the work itself.

So how do you successfully incorporate exercise into your routine? Here are a few research-based suggestions:

+ Identify a physical activity you actually like. There are many ways to work out other than boring yourself senseless on a treadmill. Find a physical activity you can look forward to doing, like tennis, swimming, dancing, softball, or even vigorously playing the drums. You are far more likely to stick with an activity if you genuinely enjoy doing it.

+ Invest in improving your performance. Instead of settling for “getting some exercise,” focus on mastering an activity instead. Mastery goals, which psychologists define as goals that center on achieving new levels of competence, have consistently been shown to predict persistence across a wide range of domains.

+ Become part of a group. One recommendation aspiring gym-goers often receive is to find an exercise regimen that involves other people. It’s good advice. Socializing makes exercise more fun, which improves the chances that you’ll keep doing it. It’s also a lot harder to back out on a friend or a trainer than to persuade yourself that just one night off couldn’t hurt.

Regardless of how you go about incorporating exercise into your routine, reframing it as part of your job makes it a lot easier to make time for it. Remember, you’re not abandoning work. On the contrary: You’re ensuring that the hours you put in have value.

(Ron Friedman is the founder of ignite80, a consulting firm that helps leaders build thriving organizations, and the author of the forthcoming book “The Best Place to Work: The Art and Science of Creating an Extraordinary Workplace.”)

© 2014 Harvard Business School Publishing Corp.

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