Evite decir algo incorrecto aprendiendo a controlar la frustración

Siempre hay un momento donde aparece una brecha entre lo que queremos decir y lo que sabemos que es la mejor cosa que decir. Encontrar esta brecha requiere plenitud de conciencia.

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Imagine que un colega con el que ha tenido algunas dificultades le lanza un comentario brusco en medio de una reunión. Cuando es mordido así es difícil no contestar. No hay que avergonzarse de querer hacerlo. Sin embargo, siempre hay un momento donde aparece una brecha entre lo que queremos decir y lo que sabemos que es la mejor cosa que decir. Encontrar esta brecha requiere plenitud de conciencia.

La plenitud de conciencia no es una elitista forma de ser, que requiera que usted ponga su vida de cabeza, es el estado de una mente que está despierta y atenta.

En esos momentos cuando usted queda atrapado en una situación tensa, su cabeza puede sentirse ruidosa, caliente y confusa. El comentario brusco que hizo su colega en la principal causa de la tensión, pero también hay docenas de pequeñas tensiones rodeándola que podría no tener nada que ver con el golpe percibido. Éstas pueden incluir el músculo que se lastimó al hacer ejercicio, o el surgimiento de una epidemia de piojos en la escuela de su hijo.

Separe los pensamientos, sentimientos y emociones que suman alrededor de su mente, de forma que pierdan la capacidad de atacarlo en bloque. Dirija una atenta y gentil conciencia a sus necesidades. Cuando le damos la atención necesaria a estas tensiones de menor tamaño, el comentario imprudente de su colega quizá pierda el impacto que tuvo cuando lo emitió.

Aquí es donde usted gana la habilidad para realmente tomar el control. El control que tenga pudiera no ser el que desea -por ejemplo, derrotar a su enemigo con una bien calculada respuesta- pero ese es el control con el que usted tiene la capacidad de hacer algo útil. Éste es el control para guiar su tensión.

Si quiere controlar más sus reacciones a situaciones estresantes, la mejor forma de hacerlo es comenzar una práctica formal de meditación. Eso no tiene por qué ser algo destructivo para su vida -puede tratar meditando tres minutos al día, tres días a la semana, y ver si le gusta. Observe las cosas de las que se da cuenta. ¿Cómo está interactuando y relacionándose con su vida? Esto está en el corazón de lo que esta práctica tiene para ofrecer: una forma más sana, sentir y hábil de interactuar, por su propio bien y por el bien de sus compañeros.

“Muchas compañías le ofrecen a sus empleados acceso a escritorios de pie, gimnasios en la oficina e incluso bicicletas de la compañía. Es una tendencia bienvenida”.

“Separe los pensamientos, sentimientos y emociones que suman alrededor de su mente, de forma que pierdan la capacidad de atacarlo en bloque”.

“Los líderes que están genuinamente interesados en prevenir el agotamiento e impulsar la productividad tienen una alternativa útil a las vacaciones ilimitadas: ofrecer un número dado de días de vacaciones e incentivar a las personas para que los usen”.

La plenitud de conciencia no es una elitista forma de ser, que requiera que usted ponga su vida de cabeza, es el estado de una mente que está despierta y atenta

La plenitud de conciencia no es una elitista forma de ser, que requiera que usted ponga su vida de cabeza, es el estado de una mente que está despierta y atenta.

Separe los pensamientos, sentimientos y emociones que suman alrededor de su mente, de forma que pierdan la capacidad de atacarlo en bloque. Dirija una atenta y gentil conciencia a sus necesidades.

Si quiere controlar más sus reacciones a situaciones estresantes, la mejor forma de hacerlo es comenzar una práctica formal de meditación.

Si quiere controlar más sus reacciones a situaciones estresantes, la mejor forma de hacerlo es comenzar una práctica formal de meditación.

© 2017Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

Don’t Let Frustration Make You Say the Wrong Thing

Say that a colleague who you’ve had some difficulties with launches a snippy comment at you in the middle of a meeting. When you’re bitten like this, it’s difficult not to bite back. There’s no shame in wanting to. There is always a moment, however, when a gap appears between what we want to say and what we know is the better thing to say. Finding that gap takes mindfulness.

Mindfulness is not some rarefied way of being that requires you to turn your entire way of life upside down. Mindfulness is the state of a mind that is awake and aware.

In those moments when you’re caught up in a tense situation, your head can feel loud, hot and confused. The snippy comment that your colleague made is the major source of the tension, but there are also dozens of little tensions surrounding it, ones that may have nothing to do with the perceived hurt. These could include the muscle you pulled while working out or a breakout of lice at your kid’s school.

Separate the thoughts, feelings and emotions buzzing around your mind, so that they lose the ability to gang up on you. Bring kind, gentle awareness to their needs. When we give our due diligence to these other, smaller tensions, your colleague’s snippy comment may lose the impact it had when it was delivered.

Here is where you gain the ability to really take control. The control you have might not be the control you thought you wanted — for example, vanquishing your foe with a well-timed comeback — but it is the control you have the capacity to do something useful with. It is the control to guide your tension.

If you want to gain more control over your reactions to stressful situations, the best way to do so is to begin a formal meditation practice. This doesn’t have to be something disruptive to your life — you can try meditating for three minutes a day, three days a week, and see whether you like it. See what you notice. How are you engaging with and relating to your life? This is what lies at the heart of what this practice has to offer: a saner, kinder, more skillful way of engaging, for your own sake and for the sake of your teammates.

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