Maneje el estrés al conocer lo que valora

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El valor de la auto-reflexión y la auto-consciencia es bien conocido, tanto en la tradición filosófica occidental como en la oriental. En este artículo le presentamos cómo manejar el estrés mediante estos conceptos.


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Mucho se ha escrito acerca de las técnicas de “manejo del estrés” que son básicamente conductistas en su naturaleza. Sin embargo, recientemente se ha escrito relativamente poco sobre los beneficios de la auto disciplinada articulación de la cosmovisión psicológica y los valores centrales, que nos ayudan a capotear las tormentas y devastaciones que inevitablemente azotan nuestras vidas y carreras.

El valor de la auto-reflexión y la auto-consciencia es bien conocido, tanto en la tradición filosófica occidental como en la oriental. La exhortación de Sócrates de “Conócete a ti mismo” resuena a lo largo de la historia de la filosofía, como un recordatorio para reflexionar sobre nuestra misión en la vida y las estrategias que usamos para alcanzarla. Similarmente, Confucio alentó al individuo a realizar una reflexión disciplinada acerca de los valores personales, seguida de pasos activos para implementar esos valores en los entornos interpersonales. El manejo de la complejidad y el estrés en las tradiciones socrática y confucionista depende en buena medida de la auto-conciencia, un sistema de valores éticos y la capacidad de actuar a partir de los valores centrales (como la amabilidad y la humildad) en las relaciones sociales.

Aunque esta antigua sabiduría difícilmente requiere la validación de la ciencia empírica, la psicología cognitiva contemporánea y la investigación en neurociencia interesantemente revelan cómo la auto-reflexión se manifiesta en nuestros cerebros y comportamientos. Recientes investigaciones de neuroimágenes muestran que la auto-reflexión ilumina la corteza límbica anterior y posterior, que se enlaza a las regiones que intervienen en la emoción y la toma de decisiones. La investigación de psicología cognitiva indica que uno de los métodos más efectivos para reducir el estrés consiste en la auto-reflexión dirigida hacia valorarlo como un desafío en lugar de una amenaza.

En momentos atemorizantes y sobrecogedores, el estrés puede prevenirse o manejarse a través de la contemplación disciplinada de los valores centrales y las metas. Los individuos religiosos consideran esto un giro hacia Dios, mientras que los seculares podrían pensar en él como un giro hacia su “mayor bien.” En todos los casos, trabajan diligentemente hacia la autoconciencia y mantienen un firme enfoque en metas honorables y principios éticos –incluso cuando las estresantes incertidumbres, riesgos, amenazas e inestabilidades giran a su alrededor. Al confrontar situaciones atemorizantes, como la pérdida de un empleo y un retroceso financiero, valoran cuidadosamente sus fortalezas y recursos, en lugar de caer en pánico o desconectarse de la realidad. Humildemente buscan y aceptan ayuda de los demás, mantienen una mente abierta sobre los siguientes pasos y desarrollan planes racionales de acción, para ayudar a quienes dependen de ellos.

Muchos clientes de consultoría ejecutiva usan exitosamente este enfoque. En mi propia práctica de consejería, le hago a los clientes preguntas abiertas sobre su filosofía de una “buena vida” o lo que los antiguos griegos llamaban “eudaimonia.” Las conversaciones subsecuentes ayudan a los clientes a definir los valores y metas fundamentales que son la base de sus carreras y de las decisiones de su vida personal.

Aliento a los clientes a desarrollar un método efectivo y sustentable para la auto-reflexión filosófica, como llevar un diario o pensar regularmente acerca de estas preguntas durante una actividad mundana ya agendada y conveniente (como el cepillarse los dientes). Su auto-reflexión los ayuda a identificar y reforzar los principios básicos que han elegido –como el ser amables, gentiles, humildes, respetuosos y generosos.

Más adelante, ellos pueden recurrir intencionalmente a su actitud auto-reflexiva mientras buscan evitar una crisis o manejar un evento estresante en sus vidas.

“La investigación de psicología cognitiva indica que uno de los métodos más efectivos para reducir el estrés consiste en la auto-reflexión dirigida hacia valorarlo como un desafío en lugar de una amenaza”.

“En momentos atemorizantes y sobrecogedores, el estrés puede prevenirse o manejarse a través de la contemplación disciplinada de los valores centrales y las metas”.

“Humildemente buscan y aceptan ayuda de los demás, mantienen una mente abierta sobre los siguientes pasos y desarrollan planes racionales de acción, para ayudar a quienes dependen de ellos”.

En momentos atemorizantes y sobrecogedores, el estrés puede prevenirse o manejarse a través de la contemplación disciplinada de los valores centrales y las metas. Los individuos religiosos consideran esto un giro hacia Dios, mientras que los seculares podrían pensar en él como un giro hacia su “mayor bien.” En todos los casos, trabajan diligentemente hacia la autoconciencia y mantienen un firme enfoque en metas honorables y principios éticos –incluso cuando las estresantes incertidumbres, riesgos, amenazas e inestabilidades giran a su alrededor.

Al confrontar situaciones atemorizantes, como la pérdida de un empleo y un retroceso financiero, valoran cuidadosamente sus fortalezas y recursos, en lugar de caer en pánico o desconectarse de la realidad. Humildemente buscan y aceptan ayuda de los demás, mantienen una mente abierta sobre los siguientes pasos y desarrollan planes racionales de acción, para ayudar a quienes dependen de ellos.

© 2015Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

Manage Stress by Knowing What You Value

Much has been written about “stress management” techniques that are primarily behavioral in nature. But relatively little has been written recently on the benefits of self-disciplined articulation of a philosophical worldview and core values that help us weather the storms and devastations that inevitably rock our lives and careers.

The value of self-reflection and self-awareness is well known in both Eastern and Western philosophical traditions. The exhortation from Socrates to “know thyself” reverberates across the history of philosophy, as a reminder to reflect on our life’s mission and the strategies we use to attain it. Confucius similarly urged the individual to engage in self-disciplined reflection upon one’s values, followed by action steps to implement those values in interpersonal settings. Management of complexity and stress in the Socratic and Confucian traditions depends heavily upon self-awareness, an ethical value system, and a capacity to act on core values (such as kindness and humility) in social relations.

While this ancient wisdom hardly requires validation from empirical science, contemporary cognitive psychology and neuroscience research interestingly reveal how self-reflection manifests itself in our brains and behaviors. Recent neuroimaging research shows that self-reflection lights up the brain’s anterior and posterior cingulate cortex, which is linked to regions that mediate emotion and decision-making. Cognitive psychology research shows that one of the most effective methods for reducing stress is to engage in self-reflection directed toward appraising it as a challenge rather than a threat.

In overwhelming and frightening moments, stress can be prevented or managed by self-disciplined contemplation of core values and goals. Religious individuals consider this a turn toward God, while secular individuals may think of it as a turn toward their “highest good.” In all cases, they work diligently toward self-awareness and they maintain a steadfast focus on honorable goals and ethical principles – even as stressful uncertainties, risks, threats and instability swirl about them. When confronted by frightening situations such as a job loss and financial setback, they carefully appraise their core strengths and resources, rather than panicking or disconnecting from reality. They humbly seek and accept help from others, maintain an open mind about next steps, and develop rational action plans to care for those who rely on them.

Many executive coaching clients use this approach successfully. In my own coaching practice, I ask clients open-ended questions about their philosophy of the “good life,” or what the ancient Greeks called “eudaimonia.” The conversations that ensue help clients to define the fundamental values and goals that underlie their careers and personal life decisions.

I encourage coaching clients to develop an effective and sustainable method for engaging in philosophical self-reflection, such as daily journaling or thinking regularly on these questions during an already scheduled, convenient, mundane activity (such as while brushing their teeth). Their self-reflection helps them to identify and reinforce their self-chosen core principles — such as being kind, gentle, humble, respectful and generous.

Later on, they can intentionally draw upon their self-reflective stance when striving to avert a crisis or manage a stressful life event.

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