¿Tiene un conflicto o pelea con un mal jefe?

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¿Alguna vez ha sentido que su jefe está en contra suya? Quizá usted esté paranoico, pero quizá no. En este artículo le presentamos la manera de manejar esta situación.

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Hay muchos malos jefes allá afuera, líderes que no son estúpidos, pero carecen de inteligencia emocional. Su autoconciencia es sorprendentemente baja, no tienen idea de cómo leer a la gente, no pueden controlar sus emociones y sus valores parecen estar de licencia permanente.

Estos líderes disonantes son peligrosos. Ellos descarrilan carreras y explotan equipos. Ellos destruyen personas –algunas veces abiertamente y otras lenta e insidiosamente. Con el paso del tiempo podemos encontrarnos en un perpetuo y desgastante combate con estos jefes.

Es realmente fatigoso, pero no podemos evitarlo. Se siente como una pelea a muerte. Esto es porque pelear con una persona poderosa –como un jefe- enciende una respuesta profunda y primaria: el miedo. Después de todo, estas personas tienen nuestras vidas en sus manos –las llaves de nuestro futuro, sin mencionar el pan diario. Entonces ¿qué puede hacer usted?.

  • Primero, protéjase a usted mismo. El conflicto con el jefe usualmente es contraproducente. Esto sucede porque nuestras culturas le dan mucho valor a la jerarquía oficial: entre más alto alguien se encuentra, más “correcto” se asume que está –especialmente por la gente de más arriba. Por tanto, si usted debe pelear, asegúrese de tener una estrategia para protegerse de los efectos colaterales. Por ejemplo, debe estar seguro de que ha preparado a personas clave para defenderlo si las cosas van mal. Usted probablemente también necesita una “estrategia de salida” para abandonar el conflicto. Así puede decidir actuar antes de que se haga un daño real.
  • Segundo, enfóquese en usted mismo. Asegúrese de que no está buscando una pelea con su jefe solo para probar algo, o para cubrir su propia inseguridad. Usted debe estar rechinando de limpio: pelee solo por metas que ayuden a todos y no solo a usted.
  • Tercero, sepa que los problemas de su jefe –no los de usted- son los que están impulsando este conflicto disfuncional. Estos jefes son inestables, inseguros, demagogos hambrientos de poder. Comúnmente son narcisistas. Ellos necesitan ayuda –y, francamente, compasión. A menos de que usted verdaderamente entienda que esos individuos están rotos, podría acabar igual, culpándose a usted mismo o jugando a ser la víctima. En lugar de eso necesita enfocarse en construir relaciones sanas donde usted pueda (quizá con sus colegas o el jefe de su jefe) trabajar bien y encontrar formas de ser creativo.
  • Cuarto, evalúe de manera realista su situación. Pelear en el trabajo es difícil. Pelear con el jefe es francamente doloroso. Puede matar su espíritu y dañar su salud. Si usted está perpetuamente peleando con su jefe debe preguntarse si vale la pena seguir en ese trabajo. Seguro, todos tenemos un millón de razones para continuar en un empleo (esta postura normalmente se basa también en el miedo). Si la relación con su jefe no puede arreglarse ¿por qué no pensar en todas las buenas razones para encontrar otro trabajo –con un mejor jefe, en una mejor cultura, donde dichas peleas no sean toleradas?
  • Finalmente, pregúntese a usted mismo: “¿Soy parte del problema?” ¿Está usted perpetuando una cultura del conflicto, usando el poder como medio para intimidar silenciosamente u obtener lo que quiere a expensas de los demás? Muchas de nuestras culturas organizacionales nos llevan a comportarnos de este modo. Las dinámicas disfuncionales de poder, junto con un énfasis exagerado en la competencia, nos empujan a pelear antes que a colaborar.

“El conflicto con el jefe usualmente es contraproducente”.

“Asegúrese de que no está buscando una pelea con su jefe solo para probar algo, o para cubrir su propia inseguridad”.

“Pelear en el trabajo es difícil. Pelear con el jefe es francamente doloroso. Puede matar su espíritu y dañar su salud”.

Hay muchos malos jefes. Estos líderes disonantes son peligrosos. ¿Qué puede hacer usted?

  • Primero, protéjase a usted mismo.
  • Segundo, enfóquese en usted mismo.
  • Tercero, sepa que los problemas de su jefe –no los de usted- son los que están impulsando este conflicto disfuncional.
  • Cuarto, evalúe de manera realista su situación.
  • Finalmente, pregúntese a usted mismo: “¿Soy parte del problema?”

© 2017Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

Fighting With a Bad Boss

Have you ever felt like your boss is out to get you? Maybe you’re paranoid. But then again, maybe not.

There are a lot of bad bosses out there, leaders who aren’t stupid but lack emotional intelligence. Their self-awareness is strikingly low, they’re clueless when it comes to reading people, they can’t control their emotions and their values seem to be on a permanent leave of absence.

These dissonant leaders are dangerous. They derail careers and blow up teams. They destroy people – sometimes overtly, sometimes slowly and insidiously. Over time we can find ourselves in perpetual, all-consuming combat with these bosses.

It’s tiresome, really, but we can’t help ourselves. It feels like a fight to the death. That’s because fighting with a powerful person – like a boss – sparks a deep, primal response: fear. After all, these people hold our lives in their hands – the keys to our futures, not to mention our daily bread.

So what can you do?

+ First, protect yourself. Conflict with one’s boss usually backfires. That’s because our many cultures place huge value in the official hierarchy: The higher you are, the more “right” you are assumed to be – especially by people even higher up. So, if you must fight, be sure you have a strategy to protect yourself from the fallout. For example, you want to be sure you’ve prepared key people to support you if things go wrong. You also probably want an “exit strategy” to get out of the conflict. You can then decide to act on this long before real damage has been done.

+ Second, focus on yourself. Make sure that you’re not picking a fight with your boss just to prove something, or cover up your own insecurity. You’ve got to be squeaky clean: Fight only for goals that help everyone, not just you.

+ Third, know that your boss’s issues – not yours – are driving this dysfunctional conflict. These bosses are unstable, insecure, power-hungry demagogues. They are often narcissists. They need help – and, frankly, compassion. Unless you truly understand that these individuals are broken, you can end up joining the fray, blaming yourself, or playing the victim. Rather, you want to focus on building healthy relationships where you can (perhaps with your colleagues or your boss’s boss), doing your job well and finding ways to be creative.

+ Fourth, evaluate your situation realistically. Fighting at work is nasty. Fighting with one’s boss is downright painful. It can kill your spirit and ruin your health. If you are perpetually fighting with your boss, you’ve got to ask yourself if it’s worth it to stay in your job. Sure, we all have a million reasons for staying in a job (this stance is usually fear-based too). If the relationship with your boss can’t be fixed, why not think of all the good reasons to find another job – with a better boss, in a better culture where such fights aren’t tolerated?

+ Finally, ask yourself: “Am I part of the problem?” Are you perpetuating a fight culture, using power as the means to quietly intimidate or get what you need at the expense of others? Many of our organizational cultures drive us to behave this way. Dysfunctional power dynamics, coupled with an overemphasis on competition, push us to fight rather than collaborate.

(Annie McKee is a senior fellow at the University of Pennsylvania and the author of “Primal Leadership,” with Daniel Goleman and Richard Boyatzis, as well as “Resonant Leadership” and “Becoming a Resonant Leader.”)

© 2014 Harvard Business School Publishing Corp.

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