Por qué somos tan hipócritas acerca de la privacidad en línea

Incluso cuando las personas dicen que están preocupadas por la privacidad en línea, sus preocupaciones podrían no ser lo suficientemente fuertes como para impulsar una abstinencia digital. En este artículo se toca a profundidad la Paradoja de la privasidad que rige nuestro comportamiento en línea.

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Los psicólogos sociales han sabido por décadas que la relación entre las actitudes y los comportamientos es compleja, e incluso débil. Esto es cierto tanto en línea como fuera de ella. Incluso cuando las personas dicen que están preocupadas por la privacidad en línea, sus preocupaciones podrían no ser lo suficientemente fuertes como para impulsar una abstinencia digital. Aunque más personas están usando bloqueadores de anuncios y de rastreo para reclamar la privacidad perdida, siguen siendo la minoría.

Investigaciones recientes sugieren que incluso cuando los consumidores no confían en que sus datos estén seguros en las redes sociales, no tienen planes para protegerlos o para salir de ellas. En consecuencia, la gran pregunta no es lo que las personas dicen planear acerca de la privacidad, sino lo que realmente hacen.

Para responder esa pregunta, un reciente metaanálisis de 166 estudios, incluyendo 75,269 participantes de 34 países, exploró la así llamada paradoja de la privacidad: el incomprensible hecho de que las preocupaciones de las personas respecto a la privacidad raramente parecen traducirse en comportamientos de protección. El metaanálisis reveló que los individuos que están más preocupados con -e informados acerca de- la privacidad, sí tienden a usar menos servicios en línea, establecer medidas de seguridad más fuertes y divulgar menos información personal. Sin embargo, cuando se trata del uso de redes sociales, incluso los individuos que expresan preocupaciones se comportan de forma muy descuidada, cayendo en una sinceridad inapropiada.

Una de las explicaciones posibles para la paradoja de la privacidad es el sesgo de tercera persona, el cual sugiere que incluso cuando las personas perciben riesgos potenciales al usar redes sociales, de algún modo creen que esos riesgos no aplican para ellos -sólo para otros. Esta capacidad de auto negación ha sido encontrada en un amplio rango de actividades relacionadas con riesgos.

Otra, y más obvia, explicación para la paradoja de la privacidad es la de una simple evaluación de riesgo-recompensa. La mayoría de nosotros preferiríamos sentirnos seguros y protegidos cuando estamos en línea, pero los beneficios percibidos de usar sitios gratuitos y divulgar información personal superan a los riesgos percibidos.

Debido a que las preocupaciones de las personas acerca de la privacidad no parecen traducirse en comportamientos para protegerla, es muy fácil visualizar un futuro donde todo lo que hagamos en línea se vuelva parte nuestra reputación pública. Nuestra huella digital ya puede ser usada para inferir los más profundos rasgos de nuestro carácter.

Quizá el novelista Gabriel García Márquez fue capaz de prever el dilema en el corazón del debate actual sobre la privacidad cuando dijo: “todos los seres humanos tienen tres vidas: pública, privada y secreta.” Tenemos nuestra vida pública, la que voluntariamente compartimos con otros en un amplio rango de entornos sociales. Está nuestra vida privada, que reticentemente cedemos con la esperanza de que no sea completamente revelada al mundo o a aquellos que no deberían verla. Finalmente, existe nuestra vida secreta, la que por ahora sólo puede encontrarse fuera de línea. Sin embargo ¿realmente sigue existiendo algo como nuestra vida “secreta”?

“Investigaciones recientes sugieren que incluso cuando los consumidores no confían en que sus datos estén seguros en las redes sociales, no tienen planes para protegerlos o para salir de ellas”.

“La mayoría de nosotros preferiríamos sentirnos seguros y protegidos cuando estamos en línea, pero los beneficios percibidos de usar sitios gratuitos y divulgar información personal superan a los riesgos percibidos”.

“Debido a que las preocupaciones de las personas acerca de la privacidad no parecen traducirse en comportamientos para protegerla, es muy fácil visualizar un futuro donde todo lo que hagamos en línea se vuelva parte nuestra reputación pública”.

Un reciente metaanálisis de 166 estudios, incluyendo 75,269 participantes de 34 países, exploró la así llamada paradoja de la privacidad: el incomprensible hecho de que las preocupaciones de las personas respecto a la privacidad raramente parecen traducirse en comportamientos de protección. El metaanálisis reveló que los individuos que están más preocupados con -e informados acerca de- la privacidad, sí tienden a usar menos servicios en línea, establecer medidas de seguridad más fuertes y divulgar menos información personal. Sin embargo, cuando se trata del uso de redes sociales, incluso los individuos que expresan preocupaciones se comportan de forma muy descuidada, cayendo en una sinceridad inapropiada.

Una de las explicaciones posibles para la paradoja de la privacidad es el sesgo de tercera persona, el cual sugiere que incluso cuando las personas perciben riesgos potenciales al usar redes sociales, de algún modo creen que esos riesgos no aplican para ellos -sólo para otros.

Otra, y más obvia, explicación para la paradoja de la privacidad es la de una simple evaluación de riesgo-recompensa.

© 2017 Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

Why We’re So Hypocritical About Online Privacy

Social psychologists have known for decades that the relationship between attitudes and behaviors is complex, if not weak. This is true online as well as offline. Even when people say they are concerned with online privacy, their concerns may not be strong enough to drive digital abstinence. While more people are using ad and tracking blockers to reclaim lost privacy, they’re still in the minority.

Recent research suggests that even when consumers don’t trust that their social media data is safe, they have no plans to protect it or opt out. So the big question is not what people say they plan to do about privacy, but what they actually do.

To address this question, a recent meta-analysis of 166 studies, including 75,269 participants from 34 countries, explored the so-called privacy paradox: the puzzling fact that people’s concerns about privacy rarely appear to translate into protective behaviors. The meta-analysis revealed that individuals who are more concerned with and informed about privacy do tend to use fewer online services, set stronger security settings and disclose less personal information. However, when it comes to social media use, even individuals who express concerns behave quite carelessly, engaging in uncensored or inappropriate self-disclosure.

One of the possible explanations for the privacy paradox is third-person bias, which suggests that even when people perceive potential risks in using social media, they somehow believe that those risks don’t apply to themselves — just to others. This capacity for self-denial has been found in a wide range of risk-related activities.

Another, more obvious explanation for the privacy paradox is a simple risk-reward assessment. Most of us would prefer to feel safe and protected when we go online, but the perceived benefits 

Because people’s concerns about privacy don’t seem to translate into behaviors to protect privacy, it is quite easy to envision a future in which everything we do online becomes part of our public reputation. Our digital footprint can already be used to infer our deepest character traits.

Perhaps the novelist Gabriel García Márquez was able to foresee the issue at the heart of the privacy debate today when he said: “All human beings have three lives: public, private and secret.” We have our public life, which is what we willingly share with others in a wide range of social settings. There is our private life, which we reluctantly give away in the hope that it is not fully revealed to the world or to those who shouldn’t see it. Finally, there is our secret life, which, for now, can only be found offline. But is there really any such thing as a “secret” life anymore?

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