Cómo tratar con un jefe pasivo

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Tener un jefe pasivo, no representa un problema, representa una oportunidad.
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Tener un jefe pasivo puede ser una espada de doble filo. Por una parte, estos jefes le ceden a los empleados una considerable iniciativa y empoderamiento. Por la otra, algunas veces pueden estar tan alejados de la acción que son incapaces de intervenir cuando se les necesitan, haciendo que los empleados se sientan como si los abandonaran a sus propios medios.

Al principio de mi carrera, un decano de mi escuela (que solía ser mi colega) me pidió, a mí y a otro colega, que dirigiéramos un importante esfuerzo de cambio. Conforme pasaron las semanas, nos frustramos cada vez más con el decano, quien se había vuelto tan pasivo que lo llamábamos “la máquina de redistribución de correos electrónicos.” Todo lo que parecía hacer era reenviar correos electrónicos a otras personas relevantes. No nos mostró ningún interés en los detalles de lo que nos había pedido hacer, ni estaba lo suficientemente informado como para brindarnos alguna ayuda. Él estaba muy ocupado con otros proyectos, como alimentar una creciente red de altos ejecutivos externos, pero eso no evitó que sintiéramos que se estaba aprovechando de nosotros. No es de sorprender que la historia no haya terminado bien.

Volviendo la vista atrás, ahora es muy claro que nosotros mismos habíamos manejado mal la situación. Mi colega y yo etiquetamos a nuestro jefe como “esencialmente inútil.” Una vez que hicimos eso, estábamos mucho menos inclinados a tratar de ver las cosas a su manera o asegurarnos de que lo manteníamos informado. Esto desató un círculo vicioso –entre menos le decíamos, menos sabía; entre menos sabía, menos útil podía ser y más nos resentíamos nosotros. Entre más nos resentíamos, más nos distanciábamos.

En lugar de ello, debimos tratar de juzgarlo menos, teniendo más compasión hacia él. Después de todo, nos había confiado este importante trabajo y nos estaba dando mucho espacio para innovar y maniobrar. ¡Eso era un plus –no una desventaja!

Debimos darnos cuenta de que él estaba mucho más inclinado psicológicamente a ver la película completa que las letras pequeñas, así que su falta de enfoque no era una carencia de interés y tampoco una falta de respeto; era simplemente el reflejo de la forma en que él estaba programado. Debimos haberlo mantenido involucrado y conectado y podríamos haber hecho las reseñas del proyecto más agradables para él, al no actuar como si nosotros fuéramos más competentes en esa área en particular.

Por último, pero no menos importante, las fuertes conexiones que él estaba desarrollando hacia arriba y al exterior de la organización, eran un reflejo de su ambición personal, que podríamos haber respetado más (y resentido menos). Podíamos haberle pedido que usara su red para ayudarnos en nuestra misión, lo que él hubiera estado orgulloso y deleitado de hacer.

Si usted está quejándose acerca de un jefe pasivo, es útil recordar que la situación tiene sus ventajas. También es crítico tratar de manejar su frustración, pues raramente mejora la relación. Re energizar algo de compasión hacia su jefe ayudará.

“Este tipo de jefes ceden a los empleados una considerable iniciativa y empoderamiento”.

“Los empleados deben dirigir su esfuerzo al cambio, asegurándose de mantener bien informado al jefe”.

“Las fuertes conexiones que su jefe puede desarrollar hacia arriba y al exterior de la organización, pueden ayudarle a cumplir su misión”.

Los jefes pasivos ceden a los empleados una considerable iniciativa y empoderamiento.
Pero algunas veces pueden estar tan alejados de la acción que son incapaces de intervenir cuando se les necesitan.
Los empleados deben dirigir su esfuerzo al cambio, asegurándose de mantener bien informado al jefe. Es importante tomar en cuenta que se le está dando mucho espacio para innovar y maniobrar. Eso es un plus.
Las fuertes conexiones que su jefe puede desarrollar hacia arriba y al exterior de la organización, pueden ayudarle a cumplir su misión.

© 2017Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

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Dealing with a Hands-Off Boss

Having a hands-off manager can be a double-edged sword. On one hand, these bosses give employees considerable initiative and empowerment. On the other hand, they can sometimes be so removed from the action that they’re unable to intervene when needed, making employees feel like they’re left to fend for themselves.

Earlier in my career, a dean at my school (who used to be a peer) asked me and another colleague to lead a significant change effort. As weeks passed, we became increasingly frustrated with the dean, who had become so hands-off that we called him “the email re-allocation machine.” All he seemed to do was resend emails to other relevant parties. He didn’t show any interest in the details of what he had asked us to do, nor was he knowledgeable enough to give us any help. He had his hands full with other projects, like nurturing a growing network of external senior executives, but that didn’t stop us from feeling taken advantage of. Unsurprisingly, this story did not end well.

Looking back, it’s now very clear that we ourselves had mismanaged the situation. My colleague and I labeled our boss “essentially useless.” Once we did that, we were much less inclined to try to see things his way or make sure that we kept him informed. This triggered a vicious circle – the less we told him, the less he knew; the less he knew, the less useful he could be and the more resentful we became. The more resentful we became, the more distant he became.

Instead, we should have tried to be less judgmental, maintaining more compassion toward him. After all, he had entrusted us with this important job and was giving us a lot of room to innovate and maneuver. That was a plus – not a minus!

We should’ve realized that he was much more psychologically inclined to look at the big picture than at the fine print, so his lack of focus was not a lack of interest, nor was it a lack of respect; it was simply a reflection of the way he was wired. We should have kept him connected and involved and we could’ve made the project reviews more pleasant for him by not acting like we were more competent than him in this particular area.

Last but not least, the strong connections he was developing upward and outside of the organization were a reflection of his personal ambition, which we could have respected more (and resented less). We could’ve asked him to use his network to help us in our mission, which he would have been delighted and proud to do.

If you find yourself complaining about a hands-off boss, it’s useful to remember that the situation also has its advantages. It’s also critical to try to manage your frustration, as it rarely enhances the relationship. Re-energizing some compassion for your boss will help.

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