Al innovar nunca pregunte “¿Esto tiene sentido?”

“¿E so tiene sentido?” se ha vuelto tan común que se une a las filas de las muletillas: palabras vacías que rodean y disminuyen a las palabras significativas, del mismo modo en que la mala hierba disminuye la belleza de las flores en un jardín. En este artículo le presentamos lo que los innovadores deben hacer para innovar.

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¿Cómo se calcula?

Del mismo modo en que un chef está en sintonía con las tendencias en las artes culinarias y las sutilezas del sabor, un instructor de presentaciones está en sintonía con las tendencias en el arte de la comunicación y las sutilezas del lenguaje. Una tendencia que he notado recientemente es la expresión “¿Eso tiene sentido?”, que suele usarse por un conferencista o presentador para confirmar si la audiencia ha entendido y apreciado lo que el expositor acaba de decir. Desafortunadamente, esa expresión tiene dos implicaciones negativas:

  • Incertidumbre de parte del expositor sobre la corrección o credibilidad del contenido.
  • Duda sobre la habilidad de la audiencia para comprender o apreciar el contenido.

“¿Eso tiene sentido?” se ha vuelto tan común que se une a las filas de las muletillas: palabras vacías que rodean y disminuyen a las palabras significativas, del mismo modo en que la mala hierba disminuye la belleza de las flores en un jardín. La mayoría de los conferencistas no se dan cuenta de que están usando muletillas, y la mayoría de las audiencias no se molestan en pensar acerca de sus implicaciones. La frase ha alcanzado la frecuencia –y la falta de significado- de:

  • “¿Sabes?” – para asegurarse de que el escucha esté poniendo atención.
  • “Como dije…” – para dar a entender que el escucha no captó-
  • “Una vez más…” – para decir que el escucha no entendió la primera vez.
  • “Lo que quiero decir…” – como si el expositor estuviera inseguro de su propia claridad.
  • “Para ser honesto…” – dando a entender que el expositor no estaba diciendo la verdad previamente.
  • “Yo me quedé así como…” –la muletilla universal que no dice absolutamente nada.

Los conferencistas o expositores responsables, en su bien intencionado esfuerzo para satisfacer a las audiencias, tienen todo el derecho de verificar si su material está siendo entendido. Sin embargo, en lugar de proyectar negatividad sobre el contenido o la audiencia, todo lo que necesitan preguntar es: “¿Hay alguna pregunta?”

Mientras que todas las muletillas previas plantean dudas sobre la competencia del presentador o de la audiencia, otro grupo de frases y palabras plantea dudas sobre el contenido en sí mismo:

  • “Una especie de”
  • “Más o menos”
  • “Básicamente”
  • “Realmente”
  • “De hecho”
  • “De cualquier modo”

Estas frases también han adquirido la frecuencia de las muletillas. Algunas veces estas palabras pueden tener un propósito. La escritora Maud Newton recientemente analizó la predilección del fallecido David Foster Wallace por calificadores como “una especie de” y “básicamente”. Ella los entendió como una estrategia para hacer un argumento crítico y diluirlo con ironía.

Los expositores no tienen el lujo de darse el gusto de la ironía y tampoco –con todo respeto- el talento literario para caer en tan artísticos juegos de palabras. Las palabras calificadoras reducen la importancia y el valor de los nombres y verbos a los que acompañan. Esos nombres y verbos representan los productos, servicios y acciones del negocio al que el conferencista está promoviendo, y un expositor no debería reducir su valor. Los padres no describen a sus hijos como “más o menos lindos”.

En lugar de ello, siga los consejos de Strunk y White en “The Elements of Style”: “Use un lenguaje definido, específico y concreto.” Para lograrlo, elimine diligentemente de su discurso las palabras y frases sin significado –una tarea más fácil de decir que de hacer, debido a lo generalizado de las muletillas. Una forma de lanzar este hábito es grabar su próxima presentación y luego reproducirla para escuchar su patrón de habla. (Se va a sorprender en más de una forma) Tendrá que repetir este proceso varias veces antes de empezar a corregirse, pero debe hacerlo.

“Los expositores no tienen el lujo de darse el gusto de la ironía y tampoco –con todo respeto- el talento literario para caer en tan artísticos juegos de palabras”.

“Las palabras calificadoras reducen la importancia y el valor de los nombres y verbos a los que acompañan”.

“Esos nombres y verbos representan los productos, servicios y acciones del negocio al que el conferencista está promoviendo, y un expositor no debería reducir su valor”.

Una tendencia que he notado recientemente es la expresión “¿Eso tiene sentido?”, que suele usarse por un conferencista o presentador para confirmar si la audiencia ha entendido y apreciado lo que el expositor acaba de decir. Desafortunadamente, esa expresión tiene dos implicaciones negativas:

  • Incertidumbre de parte del expositor sobre la corrección o credibilidad del contenido.
  • Duda sobre la habilidad de la audiencia para comprender o apreciar el contenido.

Los conferencistas o expositores responsables, en su bien intencionado esfuerzo para satisfacer a las audiencias, tienen todo el derecho de verificar si su material está siendo entendido. Sin embargo, en lugar de proyectar negatividad sobre el contenido o la audiencia, todo lo que necesitan preguntar es: “¿Hay alguna pregunta?”

Una forma de lanzar el hábito es grabar su próxima presentación y luego reproducirla para escuchar su patrón de habla. (Se va a sorprender en más de una forma) Tendrá que repetir este proceso varias veces antes de empezar a corregirse, pero debe hacerlo.

© 2018 Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

Never ask `does that make sense?

Just as a chef is attuned to trends in the culinary arts and the subtleties of flavor, a presentation coach is attuned to trends in the communication art and the subtleties of language. One trend I’ve noted recently is the expression “Does that make sense?” often used by a speaker during a conversation – or a presenter during a presentation – to check whether the listener or audience has understood or appreciated what the speaker has just said. Unfortunately, the expression has two negative implications:

— Uncertainty on the part of the speaker about the accuracy or credibility of the content.

— Doubt about the ability of the audience to comprehend or appreciate the content.

“Does that make sense?” has become so pervasive that it joins the ranks of fillers: empty words that surround and diminish meaningful words, just as weeds diminish the beauty of roses in a garden. Most speakers are unaware that they are using fillers, and most audiences don’t bother to think of their implications. The phrase has attained the frequency – and meaninglessness – of:

— “You know …“ – as if to be sure the listener is paying attention.

— ‘`Like I said …“ – as if to say that the listener didn’t understand.

— ‘`Again …“ – as if to say that the listener didn’t get it the first time.

— “I mean …“ – as if to say that the speaker is unsure of his own clarity.

— “To be honest …“ – as if to say the speaker was not truthful earlier.

— ‘`I’m like …“ – the universal filler that says absolutely nothing.

Responsible speakers or presenters, in their well-intentioned efforts to satisfy their audiences, have every right to check whether their material is getting through. However, instead of casting negativity on the content or the audience, all a speaker has to ask is “Do you have any questions?”

While all of the preceding filler terms cast doubt on the competence of the presenter or the audience, another group of phrases and words casts doubt on the content itself:

— “Sort of”Â

— “Pretty much”Â

— “Kind of”Â

— “Basically”Â

— “Really”

— “Actually”

— “Anyway”

These, too, have taken on the frequency of fillers. Sometimes these words can have a purpose. Writer Maud Newton recently analyzed the late David Foster Wallace’s predilection for “qualifiers like ‘sort of’ and ‘pretty much.’‘` She deemed it a strategy to make a critical point and defuse it with irony. As a prime example, she cited the title of one of Wallace’s collected essays: “Certainly the End of Something or Other, One Would Sort of Have to Think.”

Presenters do not have the luxury of indulging in irony or – with all due respect – the literary talent to engage in such artful wordplay. Qualifying words lessen the importance and the value of the nouns and verbs they accompany. Those nouns and verbs represent the products, services and actions of the business that the presenter is pitching, and a presenter should not diminish their worth. Parents do not describe their children as “sort of cute.”

Instead, follow the advice of Strunk and White in “The Elements of Style”: “Use definite, specific, concrete language.” To accomplish this, diligently delete meaningless words and phrases from your speech – a task easier said than done because of fillers’ pervasiveness. One way to kick the habit is to record your next presentation and then play it back to listen to your speaking pattern. (You’re in for a surprise in more ways than one.) You will have to repeat this process several times before you start correcting yourself, but do it you must.

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