La era digital con enfoque amigable

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El carácter distintivo del “Internet of Things” yace en su habilidad para operar con poca o ninguna “intervención humana.” Pero esta noción está cambiando, y las personas serán una parte más profundamente intrínseca. Para hacer que el IoT sea más amigable con los humanos, las “cosas” involucradas necesitan hacer tres cosas y aquí se las presentamos.


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En investigaciones tempranas, McKinsey enfatizó que el carácter distintivo del “Internet of Things” (Internet de las cosas, que se refiere a la conexión a internet de electrodomésticos u otros objetos de uso cotidiano) –que, según se predice, será un mercado 7.1 trillones de dólares para el 2020- yace en su habilidad para operar con poca o ninguna “intervención humana.” La visión inicial incluía integrar sensores y activadores en objetos como paquetes de UPS y la maquinaria de las fábricas para sentir el ambiente, transmitir “enormes volúmenes de datos” y facilitar nuevas clases de automatización.

Pero yo argumentaría que la noción está cambiando, y que las personas serán una parte más profundamente intrínseca. Para hacer que el IoT sea más amigable con los humanos, las “cosas” involucradas necesitan hacer tres cosas:

  1. Las Cosas necesitan hablar con otras Cosas que utilizamos. Hoy, las compañías usualmente visualizan ofertas de producto singulares para el Internet of Things, lo que resulta en anaqueles con cosas que no se conectan bien con otras una vez que el consumidor las lleva a casa. Considere el Google Nest, las cerraduras digitales de Schlage o los sistemas de iluminación del hogar, controlados desde teléfonos inteligentes. Cada producto funciona perfectamente bien por sí mismo, por no se conecta con otras cosas del modo en que podríamos esperar.
  2. Las Cosas no necesitan ser tan sobresalientes. Desde los fabricantes de refrigeradores inteligentes hasta las nuevas empresas, el diseño de alto nivel se ha convertido en una predominante área de enfoque para el Internet of Things. Los prototipos de una firma emprendedora incluyen “un estilizado bolso de mano hecho en cuero que puede iluminarse con una red de brillantes luces LED para avisarle a quien lo lleva que ha recibido un mensaje de texto.” Similarmente, Google acaba de enlistar aDiane von Furstenberg para diseñar armazones a la moda para el Google Glass, mientras que el Apple Watch, diseñado en Cupertino, eventualmente será arrastrado a competir con las estilizadas modas de Génova.
    A pesar de todo el interés en los diseños atractivos, la ciencia cognitiva sugiere que la mayoría de las oportunidades para el Internet de las cosas surgirán al crear ofertas útiles que intencionalmente eviten distraer la atención de los usuarios de lo que ellos buscan lograr.
  3. Las Cosas necesitan ir más allá del control remoto. Hoy, el diseño de los productos IoT generalmente enfatiza la automatización de procesos y la habilidad de acceder a un dispositivo desde cualquier parte del mundo. Esta lógica de “control remoto” deja de lado el hecho de que nuestra orientación más fundamental hacia las cosas es de conexión física e interacción en lugar de lejanía y distancia.

Mientras seguimos nuestra rutina en el mundo físico, la distancia entre mente, cuerpo y cosas se desvanece. Cuando yo tomo un martillo para instalar un anaquel, la distinción entre “mano” y “herramienta” retrocede hacia el subconsciente, mientras que completar el trabajo se convierte en el objeto principal de mi pensamiento; en función y pensamiento, la herramienta es la mano extendida cuando trabaja apropiadamente.

Así que, ¿cómo podría verse una oferta de IoT “a la mano”? Un ofrecimiento de New England Biolabs ofrece un ejemplo. Los biólogos que son clientes de la compañía trabajan tomando en sus manos una gran cantidad de cosas, incluyendo platos de Petri, microscopios, indicadores, fórceps, sondas, porta objetos, matraces, tubos de ensayo y –muy importante para efectos de este ejemplo- congeladores atiborrados de muestras de enzimas. Al estudiar cuidadosamente los comportamientos de su clientela de biólogos mientras interactúan con el equipo de laboratorio, New England Biolabs se dio cuenta de que, quedarse sin las enzimas correctas en el momento correcto, comúnmente alentaría el trabajo experimental y reduciría drásticamente la productividad científica. Al carecer de los productos esperados, el congelador y sus contenidos repentinamente se volverían inadecuados para los científicos.

Para resolver el problema New England Biolabs desarrolló un congelador de enzimas IoT para reemplazar al convencional. El congelador de enzimas IoT lleva cuenta del inventario, predice la demanda basado en patrones de comportamiento de los biólogos y asegura que las muestras correctas siempre estén a la mano cuando los investigadores las necesitan.

“La ciencia cognitiva sugiere que la mayoría de las oportunidades para el Internet de las cosas surgirán al crear ofertas útiles que intencionalmente eviten distraer la atención de los usuarios de lo que ellos buscan lograr”.

Mientras seguimos nuestra rutina en el mundo físico, la distancia entre mente, cuerpo y cosas se desvanece”.

La herramienta es la extensión de la mano cuando trabaja apropiadamente”.

En investigaciones tempranas, McKinsey enfatizó que el carácter distintivo del “Internet of Things” yace en su habilidad para operar con poca o ninguna “intervención humana.” Pero esta noción está cambiando, y que las personas serán una parte más profundamente intrínseca.

Para hacer que el IoT sea más amigable con los humanos, las “cosas” involucradas necesitan hacer tres cosas:

  • Las Cosas necesitan hablar con otras Cosas que utilizamos.
  • Las Cosas no necesitan ser tan sobresalientes.
  • Las Cosas necesitan ir más allá del control remoto.

Mientras seguimos nuestra rutina en el mundo físico, la distancia entre mente, cuerpo y cosas se desvanece. La herramienta es la extensión de la mano cuando trabaja apropiadamente.

© 2017Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

A Human-Friendly Focus

In early research, McKinsey emphasized that the distinctive character of the Internet of Things – which is predicted to be a $7.1 trillion market by 2020 – lay in its ability to operate with little or no “human intervention.” The initial vision involved embedding sensors and actuators in physical objects like UPS packages and factory machinery to sense the environment, transmit “huge volumes of data” and facilitate new kinds of automation.

But I’d argue that notion is shifting, and that people will be a more deeply intrinsic part. To make the IoT more human-friendly, the “things” involved need to do three things:

+ Things need to talk to other Things we use. Today, companies usually envision singular product offerings for the Internet of Things, resulting in store shelves with things that do not connect very well to other things once the consumer gets them home. Consider Google’s Nest or Schlage’s digital locks or smartphone-controlled home lighting systems. Each product functions perfectly well on its own, but doesn’t connect to other things in ways we might expect.

+ Things don’t need to be so conspicuous. From smart refrigerator manufacturers to startups, high design has become a predominant area of focus for the Internet of Things. Prototypes at one entrepreneurial firm include “a stylish leather clutch that can light up with a soft pulsing grid of glowing LEDs to let a wearer know she’s got a text message.” Similarly, Google just enlisted Diane von Furstenberg to design fashionable Glass frames, while the Cupertino-designed Apple Watch will eventually be angling to compete with stylish wrist-worn fashions from Geneva.

Despite all the interest in eye-catching designs, cognitive science suggests that most opportunities for the Internet of Things will arise by creating useful offerings that intentionally avoid sapping users’ attention away from what they’re trying to accomplish.

+ Things need to go beyond remote control. Today, IoT product designs generally emphasize process automation and ability to access a device from anywhere in the world. This “remote control” logic misses the fact that our most fundamental orientation toward things is one of physical connection and interaction rather than removal and distance.

As we go about our business in the physical world, the distance between mind, body and things fades away. When I grab a hammer to install shelving, the distinction between “hand” and “tool” recedes into the unconscious, while completing the job becomes the main object of my thinking; in function and thought, the tool is the extended hand when it works properly.

So, what might a “handy” IoT offering look like? An offering from New England Biolabs offers one example. The company’s biologist customers work by handling a variety of things, including petri dishes, microscopes, indicators, forceps, probes, slides, beakers, test tubes and – importantly for the sake of this example – freezers stocked with enzyme samples. Yet, in carefully studying the behaviors of its biologist clients as they interact with lab equipment, New England Biolabs recognized that running out of the right enzymes at the right time would often slow down experimental work and drastically reduce scientific productivity. Lacking the expected products, the freezer and its contents would suddenly become unhandy to scientists.

To solve the problem, New England Biolabs developed an IoT enzyme freezer to replace its conventional one. The IoT enzyme freezer tracks inventory, predicts demand based on patterns in biologist behaviors and ensures the right samples are always handy when researchers need them.

(H. James Wilson is senior researcher at Babson Executive Education. He is co-author of “The New Entrepreneurial Leader: Developing Leaders Who Shape Social and Economic Opportunity.”)

© 2014 Harvard Business School Publishing Corp.

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