La Inteligencia Artificial y la Realidad laboral del futuro

Ahora las máquinas pueden asumir tareas menos rutinarias, y la actual transición está sucediendo en un momento donde ya hay muchos trabajadores en dificultades. Aun así, con las políticas correctas podemos obtener lo mejor de ambos mundos: automatización sin desempleo rampante.

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El miedo de que las máquinas reemplacen al trabajo humano es longevo en la mente del público, pero la mayoría de los economistas han visto “el fin de los humanos en los trabajos” como un miedo sin fundamento e inconsistente con la evidencia. La opinión estándar respecto al cambio técnico es que algunos trabajos son desplazados, pero que el miedo es infundado porque también se crean nuevos trabajos, principalmente debido al incremento en productividad generado por la tecnología.

Sin embargo, hay motivos de preocupación. Ahora las máquinas pueden asumir tareas menos rutinarias, y la actual transición está sucediendo en un momento donde ya hay muchos trabajadores en dificultades. Aun así, con las políticas correctas podemos obtener lo mejor de ambos mundos: automatización sin desempleo rampante.

Actualmente, la mayor parte de la automatización involucra actividades rutinarias, estructuradas y predecibles, además de la recolección y procesamiento de datos. Generalmente, estas tareas forman la base de ocupaciones de manufactura, servicios profesionales y de servicios, servicios de comida y ventas al menudeo. Viendo a futuro, estas seguirán siendo las tareas con mayor potencial para el avance de la automatización. Lo que es menos cierto es cuántos trabajos se crearán a través del crecimiento en la productividad relacionado con esta y cómo los humanos y máquinas trabajarán juntos.

Es probable que los humanos continúen superando a las máquinas en una variedad de habilidades, incluyendo creatividad, relaciones interpersonales, rango emocional, destreza y movilidad. Incluso aunque los trabajos donde los humanos tienen una ventaja absoluta pudieran estar reduciéndose, hay poca razón para esperar el fin del trabajo humano. La razón surge de una idea clásica en la economía: ventaja comparativa.

Incluso en un mundo donde los robots tengan una ventaja absoluta en todo –es decir, que los robots puedan hacer todo con más eficiencia que los humanos- los robots se desplegarán en donde tengan la mayor ventaja relativa en cuanto a productividad. Mientras tanto, los humanos trabajarán donde tengan la menor desventaja. Si los robots pueden producir 10 veces más automóviles al día que un equipo humano, pero sólo el doble de casas, tiene sentido que los robots se especialicen y se enfoquen a tiempo completo donde son relativamente más eficientes, para maximizar los resultados. Por lo tanto, incluso aunque las personas sean un poco inferiores que los robots para construir casas, ese trabajo les seguirá correspondiendo a los humanos.

Esto significa que la pregunta relevante es “¿Los trabajos donde los humanos tengan una ventaja comparativa pagarán bien y tendrán buenas condiciones laborales?” Como sabemos a partir de la globalización y el creciente comercio internacional, nada garantiza que los humanos desplazados de sus trabajos serán re-empleados en nuevos puestos que paguen tan bien como los anteriores, o incluso que paguen al menos lo suficiente para mantener un estatus de clase media.

¿Qué puede hacerse para prevenir este escenario? Los trabajadores necesitan oportunidades permanentes de aprendizaje, y los empleadores serán clave. Las escuelas también tendrán que cambiar, anticipando las futuras necesidades y demandas de habilidades, y redoblando esfuerzos para producir trabajadores en el ámbito STEM (Ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Lo más importante, los creadores de políticas deberían enfocarse en suavizar las necesarias transiciones tras la pérdida de empleos, al fortalecer la red de seguridad social. Las soluciones, y cualquier obstáculo, a los grandes cambios que enfrentamos, son políticas, no técnicas.

“La opinión estándar respecto al cambio técnico es que algunos trabajos son desplazados, pero que el miedo es infundado porque también se crean nuevos trabajos, principalmente debido al incremento en productividad generado por la tecnología”.

“Como sabemos a partir de la globalización y el creciente comercio internacional, nada garantiza que los humanos desplazados de sus trabajos serán re-empleados en nuevos puestos que paguen tan bien como los anteriores”.

“Las escuelas también tendrán que cambiar, anticipando las futuras necesidades y demandas de habilidades, y redoblando esfuerzos para producir trabajadores en el ámbito STEM (Ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas)”.

El miedo de que las máquinas reemplacen al trabajo humano es longevo en la mente del público, pero la mayoría de los economistas han visto “el fin de los humanos en los trabajos” como un miedo sin fundamento e inconsistente con la evidencia.

Actualmente, la mayor parte de la automatización involucra actividades rutinarias, estructuradas y predecibles, además de la recolección y procesamiento de datos.

Es probable que los humanos continúen superando a las máquinas en una variedad de habilidades, incluyendo creatividad, relaciones interpersonales, rango emocional, destreza y movilidad.

Incluso en un mundo donde los robots tengan una ventaja absoluta en todo –es decir, que los robots puedan hacer todo con más eficiencia que los humanos- los robots se desplegarán en donde tengan la mayor ventaja relativa en cuanto a productividad.

Esto significa que la pregunta relevante es “¿Los trabajos donde los humanos tengan una ventaja comparativa pagarán bien y tendrán buenas condiciones laborales?”

¿Qué puede hacerse para prevenir este escenario? Los trabajadores necesitan oportunidades permanentes de aprendizaje, y los empleadores serán clave.

© 2018 Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

The Question with AI Isn’t Whether We’ll Lose Our Jobs

The fear that machines will replace human labor is a durable one in the public mind, yet most economists have viewed “the end of humans in jobs” as a groundless fear, inconsistent with the evidence. The standard view of technical change is that some jobs are displaced by the substitution of machines for labor, but that the fear of total displacement is misplaced because new jobs are created, largely due to the technology-fueled increase in productivity.

Yes, there are reasons for concern. Machines are now able to take on less-routine tasks, and the current transition is occurring during an era in which many workers are already struggling. Nonetheless, with the right policies we can get the best of both worlds: automation without rampant unemployment.

Currently, most automation involves routine, structured, predictable physical activities and the collection and processing of data. Generally, these tasks form the basis of occupations in manufacturing, professional and business services, food service and retail trade. Looking ahead, these are also the tasks that will continue to have the highest potential for advanced automation. What is less certain is how many new jobs will be created by automation-related productivity growth and how humans and machines will work together.

It’s likely that humans will continue to dominate machines in a variety of skills, including creativity, interpersonal relations, emotional range, dexterity and mobility. And even though jobs where humans have absolute advantage may be narrowing, there is little reason to expect an end to human work. The reason stems from a classic idea in economics: comparative advantage.

Even in a world where robots have absolute advantage in everything — meaning robots can do everything more efficiently than humans can — robots will be deployed where they have the greatest relative productivity advantage. Humans, meanwhile, will work where they have the smallest disadvantage. If robots can produce 10 times as many automobiles per day as a team of humans, but only twice as many houses, it makes sense to have the robots specialize and focus full-time where they’re relatively most efficient, in order to maximize output. Therefore, even though people are a bit worse than robots at building houses, that job still falls to humans.

That means that the relevant question is “Will the jobs where humans have comparative advantage pay well and have good working conditions?” As we know from displacement due to globalization and increasing international trade, there is nothing that guarantees that humans displaced from jobs will be re-employed in new jobs that pay as well as their old jobs, or even pay well enough to maintain middle-class status.

What can be done to prevent that scenario? Workers need opportunities for lifelong learning, and employers will be key. Schools will have to change too, anticipating future skill needs and demands and doing more to produce STEM workers. Most importantly, policymakers should focus on cushioning the necessary transitions following job loss by strengthening the social safety net. The solutions, and any obstacles, to the big changes we face, are political, not economic or technical.

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