Trabajando con robots

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Los robots están llegando a los lugares de trabajo. Los humanos percibimos a los robots como actores sociales. Por lo tanto, a los diseñadores de robots se les presenta un gran reto.

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Los robots están llegando a los lugares de trabajo, incluyendo roles aparentemente sociales, como los de recepcionista, asistente de compras, mesero, botones y asistente personal.

Si usted tiene la oportunidad de visitar el aeropuerto Kita-Kyushu en Japón, verá a un robot recepcionista formado a partir del famoso personaje de animación japonesa de “Galaxy Express 999.” No puede reemplazar completamente al recepcionista humano, pero juega un rol de apoyo para responder preguntas y peticiones simples. Del mismo modo, hay una alta probabilidad de que usted tenga a un compañero robot en el futuro cercano, lo que nos presenta el tema de las relaciones entre humanos y robots en la oficina.

En las relaciones sociales, incluidas aquellas que se forman en el trabajo, las características no relacionadas con la labor, como la personalidad, juegan un papel importante. Lo mismo aplica para las interacciones humano-robot, ya que los humanos percibimos a los robots como actores sociales. El desafío para los diseñadores de robots consiste, por tanto, en construir robots con personalidad. Esta especie de diseño antropomórfico de robots sociales ya es comúnmente aceptada alrededor del mundo.

Pero ¿qué clase de personalidad debería tener un robot? ¿Qué clase de robot usted querría tener como colega en la oficina? ¿Algunos robots necesitan ser adustos, mientras que otros son amigables? ¿Los robots deberían tomar descansos para socializar alrededor del garrafón de agua?

Mi investigación ha enfatizado el rol de los estereotipos en las relaciones humano-robot. En mi experimento, los participantes calificaron a los robots de seguridad con nombres y voces estereotípicamente masculinos como más útiles que los femeninos. Investigaciones previas de otras personas han encontrado que el público prefiere robots de género femenino para trabajar en espacios hogareños.

Esto presenta un número de preguntas para los robots sociales en los lugares de trabajo. ¿Cuándo es apropiado que los robots sean diseñados para cumplir nuestras expectativas y cuándo el hacerlo promueve estereotipos dañinos? ciertamente los hombres pueden realizar el trabajo de casa y las mujeres pueden ser grandes guardias de seguridad; en estos casos, el diseñar robots para cumplir las expectativas de los usuarios podría servir para consolidar aún más los prejuicios de género.

En casos donde los trabajadores tienen menos expectativas –digamos, nuevos roles en la oficina que solo son posibles con un robot – la historia se vuelve más complicada. La psicología social se basa en modelos de atracción a partir de la semejanza y complementariedad.

Para entender lo que esto significa, considere las relaciones interpersonales: usted puede pensar que una persona es atractiva porque comparten características en común, como la actitud y la personalidad. Por otra parte, puede enamorarse de una persona que exhibe características que usted desearía tener. En algunos casos, dos introvertidos pueden atraerse; en otros, una persona introvertida, que quiere ser más extrovertida, puede sentirse atraída por los extrovertidos. Si aplicamos estás dos teorías en competencia a la relación entre humanos y robots, surgen nuevas preguntas. ¿Debería un robot colega estar programado con una personalidad similar a la de los miembros del su equipo, o debería tener una marcadamente distinta, para redondear al grupo?

Como cualquier gerente sabe, los conflictos de personalidad pueden destruir el éxito de un equipo, así que éstas no son preguntas vanas.

Las relaciones humano-robot no son iguales a las relaciones interpersonales, pero podemos ver algunos paralelos en cómo los humanos pueden desarrollar una relación con agentes artificiales. Las relaciones humanas evolucionan conforme pasa el tiempo. Eventualmente veremos esto mismo en los vínculos humano-robot. Pero, entre ahora y entonces, muchas decisiones deben tomarse acerca de qué clase de personalidad queremos para los robots.

Al tomarlas, seguramente aprenderemos tanto acerca de nosotros mismos como de los robots.

“Hay una alta probabilidad de que usted tenga a un compañero robot en el futuro cercano, lo que nos presenta el tema de las relaciones entre humanos y robots en la oficina”.

“El desafío para los diseñadores de robots consiste, por tanto, en construir robots con personalidad”.

“Las relaciones humano-robot no son iguales a las relaciones interpersonales, pero podemos ver algunos paralelos en cómo los humanos pueden desarrollar una relación con agentes artificiales”.

En las relaciones sociales, incluidas aquellas que se forman en el trabajo, las características no relacionadas con la labor, como la personalidad, juegan un papel importante. Lo mismo aplica para las interacciones humano-robot, ya que los humanos percibimos a los robots como actores sociales. El desafío para los diseñadores de robots consiste, por tanto, en construir robots con personalidad.

Pero ¿qué clase de personalidad debería tener un robot? ¿Qué clase de robot usted querría tener como colega en la oficina? ¿Cuándo es apropiado que los robots sean diseñados para cumplir nuestras expectativas y cuando el hacerlo promueve estereotipos dañinos?

Como cualquier gerente sabe, los conflictos de personalidad pueden destruir el éxito de un equipo, así que éstas no son preguntas vanas.

Las relaciones humano-robot no son iguales a las relaciones interpersonales, pero podemos ver algunos paralelos en cómo los humanos pueden desarrollar una relación con agentes artificiales.

© 2017Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

Working With Robots

Robots are coming to the workplace, including in seemingly social roles such as receptionist, shopping assistant, waiter, bellhop and personal assistant.

If you have a chance to visit Kita-Kyushu airport in Japan, you can see a robot receptionist shaped after a famous Japanese animation character in “Galaxy Express 999.” It cannot fully replace the human receptionist, but plays a supporting role for answering simple requests and questions. Likewise, there is a high chance that you will have a robot companion in your workplace in the near future, raising the issue of human-robot relationships in the office.

In social relationships, including those that form at work, nontask related characteristics such as personality play an important role. The same thing is true for human-robot interactions, since humans perceive robots as social actors. The challenge for robot designers, then, is to build robots with personality. This sort of anthropomorphic design of social robots is already commonly accepted all over the world.

But what kind of personality should a robot have? What sort of robot do you want to have as a colleague at your workplace? Do some robots need to be stern, while others are friendly? Should robots take breaks to socialize around the water cooler?

My research has emphasized the role of stereotypes in human-robot interactions. In my experiment, participants rated security robots with stereotypically male names and voices as more useful than female ones. Previous research by others has found that the public prefers female-gendered robots working in home settings.

This raises a number of questions for social robots in the workplace. When is it appropriate for robots to be designed to play to our expectations, and when does doing so promote harmful stereotypes? Certainly men can perform housework and women can be great security guards; in these cases, designing robots to meet users’ expectations could serve to further cement gender biases.

In cases where workers have fewer expectations – say, new roles around the office that are only possible with a robot – the story only becomes more complicated. Social psychology relies on models of attraction based on both similarity and complementarity.

To understand what that means, consider interpersonal relationships: You may think a person is attractive because you share common characteristics, such as attitude and personality. On the other hand, you may fall in love with a person who exhibits characteristics that you wish you had. In some cases, two introverts may be attracted; in others, an introverted person who wants to be more extroverted may be attracted to extroverts. If we apply these two competing theories to the relationship between human and robot, new questions pop up. Should a robot colleague be loaded with a personality similar to the members of its team? Or should it have a markedly different one, to round out the group?

As any manager knows, personality conflict can undermine a team’s success, so these are not idle questions.

Human-robot relationships are not the same as interpersonal relationships, but we may see some parallels in how human can develop relationship with artificial agents. Human relationships evolve as time passes. Eventually, we will see the same thing with human-robot relationships. But between now and then, lots of decisions must be made about what sort of personalities we want robots to have.

In making them, we’re likely to learn as much about ourselves as we are about robots.

(Taezoon Park is an associate professor in Soongsil University, South Korea. He runs the Human and Complex Technology Systems Research Lab in Nanyang Technological University, Singapore, and at Soongsil University.)

© 2014 Harvard Business School Publishing Corp.

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