Las 4 falacias sobre el riesgo

Cuando la palabra “riesgo” sale de la boca de un ejecutivo, usualmente está acompañada de uno de los cuatro errores que presentamos en este artículo.

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“Dos caminos se separaron en un bosque, y yo -yo tomé el menos usado y eso ha hecho toda la diferencia”. Esta frase es reconocible instantáneamente como la conclusión de “The Road Not Taken”, de Robert Frost. La mayoría de los lectores supone que el poema de Frost es esperanzador, describiendo el valor del fuerte individualismo que desde hace tanto ha servido como un sello norteamericano. Sin embargo, una lectura dimensionada muestra un tono melancólico que linda con el arrepentimiento, con críticos literarios que argumentan que el mensaje clave del poema es cómo racionalizamos malas decisiones después de ejecutarlas.

Similarmente al como Frost brinda una visión ponderada y arrepentida del camino que no tomó, los ejecutivos ven el riesgo principalmente a través de los lentes de la responsabilidad. Este poema malentendido ayuda a destacar cómo los ejecutivos que buscan innovación necesitan re-encuadrar la palabra “riesgo.”

Cuando la palabra “riesgo” sale de la boca de un ejecutivo, usualmente está acompañada de uno de cuatro errores:

  • Asumir que el actuar es el mayor riesgo: En muchos casos, la acción más riesgosa es, de hecho, la falta de acción. El ritmo del cambio en el mundo actual significa que mantenerse quieto lleva a quedarse atrás de los competidores actuales y emergentes. La forma en que muchas compañías toman decisiones de inversión las ciega a esta realidad.
  • Creer que los buenos emprendedores buscan el riesgo: No lo hacen. Los buenos emprendedores reconocen el riesgo inherente de crear nuevas empresas. Después de todo, es bien conocido que la mayoría de los nuevos negocios fracasan, y que la mayoría de aquellos que tienen éxito lo alcanzan de forma lo suficientemente modesta como para que el emprendedor reciba un pequeño rédito financiero a cambio de su esfuerzo. En lo que los buenos emprendedores se destacan no es en tomar riesgos; sino en manejarlos.
  • Celebrar el fracaso para alentar la toma de riesgos: No puede haber innovación sin riesgo, ya que la innovación necesariamente tiene resultados inciertos, algunos de los cuales pueden ser malos. Por ende, alentar la toma de riesgos puede ayudar a aumentar la innovación. Sin embargo, ello no implica un respaldo generalizado del fracaso. En muchos casos, el fracaso es malo. Una falta de esfuerzo o de preparación nunca deberían ser celebradas. En lugar de ello, los ejecutivos deberían reconocer que el camino a la innovación nunca va en línea recta, de forma que los titubeos, las salidas en falso y algunas veces el fracaso son parte del juego.
  • Pensar que recompensar el éxito elevará la toma de riesgos: Los ejecutivos de grandes empresas, hambrientos de innovación, suelen rechinar los dientes acerca de los desafíos de la compensación, lamentándose de que su sistema simplemente no permitirá ofrecer los enormes beneficios que le aguardan a los emprendedores en los unicornios (compañías emergentes valuadas en más de mil millones de dólares). Cierto. Sin embargo, esto no es lo que realmente retiene la innovación en la mayoría de las compañías. No es la falta de recompensas; es la presencia de castigos. La incertidumbre que acompaña a la innovación significa que algunas veces las personas harán todo bien y de todos modos tendrán un fracaso comercial. Si este resultado lleva consigo un castigo severo, no espere que nadie tome riesgos.

Para innovar, primero necesitamos re-encuadrar la forma en que hablamos acerca de los riesgos. Por ello, la próxima vez que se prepare para dar un discurso acerca de los riesgos, haga una pausa para asegurarse de que no está cometiendo ninguno de estos errores.

“Los buenos emprendedores reconocen el riesgo inherente de crear nuevas empresas”.

“En lo que los buenos emprendedores se destacan no es en tomar riesgos; sino en manejarlos”.

“Para innovar, primero necesitamos re-encuadrar la forma en que hablamos acerca de los riesgos”.

Frost brinda una visión ponderada y arrepentida del camino que no tomó, los ejecutivos ven el riesgo principalmente a través de los lentes de la responsabilidad.

Cuando la palabra “riesgo” sale de la boca de un ejecutivo, usualmente está acompañada de uno de cuatro errores:

  • Asumir que el actuar es el mayor riesgo.
  • Creer que los buenos emprendedores buscan el riesgo.
  • Celebrar el fracaso para alentar la toma de riesgos.
  • Pensar que recompensar el éxito elevará la toma de riesgos.

© 2017 Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

4 Assumptions About Risk You Shouldn’t Be Making

“Two roads diverged in a wood, and I — I took the one less traveled by, and that has made all the difference.” The line is instantly recognizable as the conclusion of “The Road Not Taken” by Robert Frost. Most readers assume Frost’s poem is hopeful, describing the value of the rugged individualism that has long served as an American hallmark. However, a measured reading shows a wistful tone that borders on regret, with critics arguing that the poem’s key message is how we rationalize bad decisions after the fact.

Similarly to how Frost gives a weighted, regretful vision of the road not taken, executives see risk primarily through the lens of liability. The misunderstood poem helps to highlight how innovation-seeking executives need to reframe the word “risk.”

When the word risk comes out of an executive’s mouth, it’s usually accompanied by one of four mistakes:

— ASSUMING THAT TAKING ACTION IS THE BIGGEST RISK: In many cases, the riskiest action is, in fact, inaction. The pace of change in today’s world means that standing still leads to falling behind current and emerging competitors. The way in which many companies make investment decisions blinds them to this reality.

— BELIEVING THAT GOOD ENTREPRENEURS SEEK OUT RISK: They don’t. Good entrepreneurs recognize the inherent risk of creating new businesses. After all, it’s well known that most new businesses fail, and that most of the ones that succeed do so in modest enough ways that the entrepreneur gets only a modest financial return on his or her effort. What good entrepreneurs excel at isn’t taking risk; it is managing it.

— CELEBRATING FAILURE TO ENCOURAGE RISK TAKING: There can be no innovation without risk, as innovation necessarily has uncertain outcomes, some of which can be bad. Encouraging risk-taking, therefore, can help to boost innovation. However, that doesn’t suggest a blanket endorsement of failure. In many cases, failure is bad. A lack of effort or preparation should never be celebrated. Rather, executives should recognize that the path to innovation is never a straight line, so fumbles, false starts and sometimes failure are part of the game.

— THINKING THAT REWARDING SUCCESS WILL BOOST RISK-TAKING: Innovation-hungry executives at large companies often gnash their teeth about the challenges of compensation, lamenting that their system simply won’t allow them to offer the unbridled upside that awaits entrepreneurs at unicorns. True. But that’s not really what holds innovation back in most companies. It isn’t the lack of rewards; it is the presence of punishment. The uncertainty that accompanies innovation means that sometimes people will do everything right and still have a commercial failure. And if that result carries stiff punishment, don’t expect anyone to ever take any risks.

To innovate, we first need to reframe how we talk about risk. So next time you prepare to make a speech on risk, pause to make sure you aren’t making one of these mistakes.

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