Lleve una lista de cosas poco éticas que usted nunca hará

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La vida ofrece pendientes resbaladizas. Los experimentos y la experiencia muestran que las personas resisten brincar de la inocencia al mal, pero que pueden ser atraídas a este si avanzan un inocuo paso a la vez.

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La administración se trata de compromiso, ejecución y seguimiento. ¿Actuó usted? Bien. ¿Funcionó? Hágalo de nuevo. ¿No funcionó? Haga algo distinto. Por encima de todo, siga haciendo cosas; siga actuando.

Yo enseño una materia sobre controles estratégicos en la University of Portland. En una clase reciente hablamos acerca de las acciones no tan virtuosas que hemos visto en los negocios. Contabilidad fraudulenta que barrió con empleos e inversionistas. Operaciones eficientes que provocan miseria en los animales de granja. Atajos que le cuestan la vida a las personas. Es fácil crear una larga lista, y es difícil no deprimirse por ello.

Le pregunté a mis estudiantes: ¿Quién, entre ustedes, aspira a hacer dichas acciones? Ellos estaban horrorizados, por supuesto. Entonces les mencioné que las personas de la vida real que realizaron dichas acciones alguna vez fueron justo como ellos. Fueron jóvenes; fueron ambiciosos; querían hacer cosas buenas. Sin embargo, se desviaron.

El salón estaba muy silencioso.

La vida ofrece pendientes resbaladizas. Los experimentos y la experiencia muestran que las personas resisten brincar de la inocencia al mal, pero que pueden ser atraídas a este si avanzan un inocuo paso a la vez.

Mi trabajo principal es en la consultoría: juegos de guerra empresariales, simulaciones de estrategia, talleres sobre estrategia. He trabajado en muchas industrias alrededor del mundo. Hace mucho, decidí que no aprobaba a una industria en particular. Su nombre no importa. Lo que importa es que, como todos los demás, yo quería vivir en armonía con mis creencias y valores. Decidí que no solicitaría ni aceptaría negocios de compañías en dicha industria.

El tema surgió nuevamente en diversas ocasiones a lo largo de los años, y cuando apareció, hice lo que me había dicho mí mismo que haría: evite a esas empresas. Fue fácil.

Después, mi negocio fue a la baja. Una compañía de esa industria me pidió dirigir un juego de guerra para ellos. Yo quería el dinero. Racionalicé que sólo estaría reacomodando un porcentaje del mercado; no estaría expandiendo el mercado. Decidí que rehusarme a tomar el trabajo no evitaría que éste fuera realizado por alguien más. Les envié la propuesta que solicitaron.

No obtuve el proyecto, y me sentí aliviado. Sin embargo, yo sabía que me habría sentido de esta forma incluso antes de mandar la propuesta, y la había enviado de todos modos. Había racionalizado también eso. Me avergüenza que presenté la propuesta. Sin embargo, soy afortunado: hubiera sido peor si hubiera obtenido y realizado el proyecto.

Compartí la historia de la propuesta con mis estudiantes, y después les sugerí que cada uno de ellos escribiera una lista. Pruébelo usted mismo: escriba una lista de acciones que no realizará. Léala de nuevo de tiempo en tiempo.

Escribir una lista de cosas que no realizará no le escuda de la tentación. No garantiza que usted no hará algo de lo que se arrepentirá después. No lo volverá rico o famoso; no obtendrá crédito por no hacer algo. No resolverá preguntas acerca del mal menor. Sin embargo, su lista podría ayudarlo a reconocer dónde comienza su pendiente resbaladiza.

“Las personas de la vida real que realizaron dichas acciones (poco éticas) alguna vez fueron jóvenes; fueron ambiciosos; querían hacer cosas buenas. Sin embargo, se desviaron”.

“Los experimentos y la experiencia muestran que las personas resisten brincar de la inocencia al mal, pero que pueden ser atraídas a este si avanzan un inocuo paso a la vez”.

“Escribir una lista de cosas que no realizará no le escuda de la tentación. No garantiza que usted no hará algo de lo que se arrepentirá después”.

La administración se trata de compromiso, ejecución y seguimiento. ¿Actuó usted? Bien. ¿Funcionó? Hágalo de nuevo. ¿No funcionó? Haga algo distinto. Por encima de todo, siga haciendo cosas; siga actuando.

La vida ofrece pendientes resbaladizas. Los experimentos y la experiencia muestran que las personas resisten brincar de la inocencia al mal, pero que pueden ser atraídas a este si avanzan un inocuo paso a la vez.

Pruébelo usted mismo: escriba una lista de acciones que no realizará. Léala de nuevo de tiempo en tiempo.

Escribir una lista de cosas que no realizará no le escuda de la tentación. No garantiza que usted no hará algo de lo que se arrepentirá después. No lo volverá rico o famoso; no obtendrá crédito por no hacer algo. No resolverá preguntas acerca del mal menor. Sin embargo, su lista podría ayudarlo a reconocer dónde comienza su pendiente resbaladiza.

© 2017Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

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Keep a List of Unethical Things You’ll Never Do

Management is about commitment, execution and follow-through. Did you act? Good. Did it work? Do it again. It didn’t work? Do something else. Above all, keep doing things; keep taking action.

I teach a course in strategic controls at the University of Portland. In a recent class we talked about less-than-virtuous actions we’ve seen in business. Fraudulent accounting that wiped out jobs and investors. Efficient operations that inflict misery on farm animals. Shortcuts that cost people their lives. It’s easy to create a long list, and it’s hard not to be depressed by it.

I asked my students: Who, among you, aspires to take such actions? They were appalled, of course. Then I mentioned that the real-life people who actually took those actions were once just like them. They were young; they were eager; they wanted to do fine things. And yet they went astray.

The room was very quiet.

Life offers slippery slopes. Experiments and experience show that people resist leaping from innocence to evil, but they can be lured into it one innocuous step at a time.

My main job is consulting: business war games, strategy simulations, workshops on strategy. I’ve worked in many industries around the world. Long ago, I decided that I disapprove of a particular industry. Its name doesn’t matter. What matters is that, like everyone else, I want to live in harmony with my beliefs and values. I decided that I would neither solicit nor accept business from companies in that industry.

The issue came up several times over the years, and when it did, I did what I’d told myself I would: I avoided those companies. It was easy.

Then my business turned down. A company from that industry asked me to run a war game for them. I wanted the money. I rationalized that I’d only be rearranging market shares; I wouldn’t be expanding the market. I figured that refusing to take the job wouldn’t prevent the job from being done by someone else. I sent them the proposal they requested.

I didn’t get the project, and I felt relieved. But I knew I’d feel that way even before I sent the proposal, and I’d sent it anyway. I’d rationalized that, too. I am embarrassed that I submitted the proposal. But I’m lucky: It would’ve been worse if I’d gotten and done the project.

I shared the proposal story with my students, then I suggested that they each write a list. Try it for yourself: Write a list of actions you will not take. Reread it from time to time.

Writing a list of things you won’t do won’t shield you from temptation. It doesn’t guarantee you won’t do something you’ll regret later. It doesn’t make you rich or famous; you don’t get credit for not doing something. It doesn’t resolve questions about lesser evils. But your list just might help you recognize where your slippery slope begins.

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