Por qué la economía de México no depende de Donald Trump

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Para la economía mexicana de largo plazo, la pregunta de quién sería el próximo presidente de Estados Unidos nunca fue crucial. En este artículo Alejandro Ruelas-Gossi explica por qué.

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¿Cómo se calcula?

El peso mexicano cayó inicialmente un 13% en su cotizacion después de la sorpresiva victoria de Donald Trump sobre Hillary Clinton en la elección presidencial. Fue la peor caída para esta moneda desde la crisis económica de 1994.

El Presidente-electo Trump ha amenazado con romper y renegociar el Tratado de Libre Comercio para América del Norte, el principal tratado de libre comercio de México, y el acuerdo Trans-Pacífico, que habría enlazado a México en un acuerdo de comercio con los Estados Unidos y otros 11 países, ahora está prácticamente muerto. Ciertamente estos obstáculos dañarán la economía de México. Sin embargo, la actual estrategia económica mexicana basada en el comercio no necesariamente produciría resultados diferentes a largo plazo.

Aunque es entendible que los mercados de valores y moneda reaccionaran a la elección, creo que la caída del peso fue una sobrerreacción. La economía mexicana necesitaba entrar en una nueva era, sin importar quién fuera el próximo presidente de Estados Unidos.

El entendimiento convencional de los diseñadores de políticas públicas y de los académicos es que el camino hacia adelante para los países en desarrollo consiste en integrarse a cadenas globales de valor ya existentes, principalmente realizando labores de bajo valor agregado. De acuerdo con esto, México se ha enfocado en reducir costos en la minería, la agricultura y la manufactura, y en desarrollar servicios relativamente poco sofisticados, como los call centers. La idea es que los trabajadores eleven su nivel de habilidad y eventualmente demanden salarios más altos a cambio de trabajo más sofisticado.

Sin embargo, el problema con este enfoque de “hacer” es que compite en una carrera hacia el fondo: bajos costos, alto volumen y entrega rápida. Los trabajadores están atrapados en la pobreza, y cuando la región no puede cumplir con las nuevas demandas de costos más bajos, las compañías extranjeras emigran y se llevan los trabajos con ellas. Los países que toman este enfoque se subordinan al conocimiento generado externamente -lo que yo llamo un enfoque de “pensar”. Por ende se exponen aún más a la volatilidad de la inversión extranjera directa.

Sin embargo, hay otra forma: una estrategia de carrera hacia la cima. Para ilustrarla, tome como ejemplos a la manufactura chilena de cobre, la industria lechera de Nueva Zelanda y la fabricación de acero en el país Vasco.

Chile es el mayor productor de cobre a nivel mundial. Para lidiar con las variaciones cíclicas en el precio, la industria brincó hacia el sector de servicios médicos –una clara salida de la trampa de las mercancías. Un metal más conocido por su conductividad eléctrica ahora es usado por sus propiedades antimicrobianas.

Cuando la Environmental Protection Agency de los Estados Unidos reconoció al cobre como un metal antimicrobiano, los conglomerados mineros y las universidades públicas de Chile se enfocaron en mejorar el desarrollo de la industria. Un hospital probó el cobre y las aleaciones de cobre en materiales médicos y superficies que requieren de un manejo constante. La meta era encontrar formas de combatir el esparcimiento de infecciones.

Nueva Zelanda es el mayor exportador de productos lácteos a nivel mundial. En la década pasada, el país ha alcanzado sus mayores niveles en cuanto a productos sofisticados, creados con base en la leche, un crecimiento que en el 2015 ayudó a elevar el producto interno bruto per cápita a su nivel más alto en la historia. La investigación biotecnológica y las actividades de desarrollo en algunas de las universidades del país han elevado la complejidad y el nivel de la producción de la industria.

Por ejemplo, los programas de crianza han desarrollado vacas que producen leche baja en grasa y alta en aceites Omega-3. Nuevos métodos de procesamiento han resultado en ingredientes de leche orgánica e incluso se ha fabricado fórmula para bebés con base en la leche de cabra. Los granjeros de leche también han tenido acceso a mejores métodos de producción y prácticas empresariales.

En los 1990s, el país Vasco, una región autónoma en el norte de España, tenía una tasa de desempleo de cerca del 25% y un ingreso per cápita de aproximadamente $13,000 dólares. En menos de dos décadas, la región logró el pleno empleo y aumentó a más del triple su ingreso per cápita. Los líderes locales dirigieron esto al mejorar el valor de la industria del acero.

Hoy más de la mitad de los trabajadores de la región están empleados en el sector industrial. Los líderes regionales de la industria del acero han minimizado su exposición a la volatilidad en los precios al enfocarse en innovaciones de productos y procesos. Ellos respaldaron localmente la investigación y la innovación. Estos esfuerzos llevaron a un incremento en los valores de exportación, incluso cuando se incrementaron los costos laborales.

He identificado cinco rasgos de esta estrategia de la carrera hacia la cima:

  • Enfocarse en el alto valor de los segmentos de mercado. En Nueva Zelanda, las pequeñas cooperativas lecheras han desarrollado productos especializados, como lípidos complejos y la primera leche de cabra con un tiempo largo de caducidad, y los vascos hicieron acero para naves espaciales en lugar de tratar de producir el más barato.
  • Profundizar la ciencia detrás del negocio. Los centros chilenos de investigación y desarrollo estudiaron la habilidad del cobre para limitar el esparcimiento de los patógenos. Una iniciativa neozelandesa fabrica etanol a partir de un flujo de desperdicio del procesamiento de leche.
  • Expandirse a más productos e industrias. Las propiedades anti bacteriales del cobre ahora se aplican a equipo para el procesamiento de alimentos y filtros de aire acondicionado. Las compañías vascas han desarrollado nuevas aplicaciones de maquinaria de acero y productos terminados, como elevadores y escaleras eléctricas.
  • Orquestar la cooperación público-privado a través del desarrollo de políticas. El Acuerdo Económico Vasco, de 1981, sentó las bases para que el gobierno regional y el sector privado introdujeran nuevas políticas de competitividad. Éstas crearon nuevas instituciones sin fines de lucro y contribuyeron a la aplicación de tecnologías innovadoras, el desarrollo de nuevos productos, un sistema de educación avanzada y una infraestructura sofisticada.
  • Obtener ideas a través de la inversión extranjera directa. Trabajar con el sistema de la University of California mejoró las exportaciones de Nueva Zelanda al armonizar de mejor manera a los granjeros, las organizaciones sin fines de lucro y el gobierno, para elevar la productividad de las granjas.

Tomar un enfoque de pensar introduce un círculo de desarrollo que es más sustentable y ventajoso para la población en general. Sin embargo, lograrlo requiere el conocimiento de una contraparte en el mercado desarrollado. Los mercados desarrollados y emergentes necesitan un cambio en las relaciones. En el largo plazo, las economías a lo largo del tablero se benefician enormemente.

Cada geografía del mundo posee características que pueden ayudar a las naciones a encontrar un sendero de desarrollo y valor agregado. La pregunta correcta en términos de política pública no es si entrar en la cadena global de valor, sino cómo crear una cadena de valor original.

Para México, sugiero observar a la industria del aguacate. Los aguacates son un ejemplo clásico de la antigua trampa de los productos. México tiene el clima perfecto para cultivarlos; pero puede hacer más que sólo aprovechar la naturaleza.

La campaña de Avocados From Mexico ha ayudado a la industria del Aguacate Hass a expandirse rápidamente en los Estados Unidos. Sin embargo, yo preguntaría: ¿Qué más puede hacer la industria del aguacate? ¿Cómo puede profundizar la ciencia detrás de su producto? ¿Cómo puede expandirse hacia nuevos productos e industrias? ¿Cómo puede obtener ideas de la inversión extranjera directa? Éstas son las preguntas que los líderes empresariales deberían hacerse a lo largo de muchas industrias en México. Y eso es por lo que, para la economía mexicana de largo plazo, la pregunta de quién será el próximo presidente de Estados Unidos nunca fue crucial.

“Para la economía mexicana de largo plazo, la pregunta de quién será el próximo presidente de Estados Unidos nunca fue crucial”.

“La actual estrategia económica mexicana basada en el comercio no necesariamente produciría resultados diferentes a largo plazo”.

Tomar un enfoque de pensar introduce un círculo de desarrollo que es más sustentable y ventajoso para la población en general”.

Aunque es entendible que los mercados de valores y moneda reaccionaran a la elección, la caída del peso fue una sobrerreacción. La economía mexicana necesitaba entrar en una nueva era, sin importar quién fuera el próximo presidente de Estados Unidos.

El entendimiento convencional de los diseñadores de políticas públicas y de los académicos es que el camino hacia adelante para los países en desarrollo consiste en integrarse a cadenas globales de valor ya existentes, principalmente realizando labores de bajo valor agregado.

El problema con este enfoque de “hacer” es que compite en una carrera hacia el fondo: bajos costos, alto volumen y entrega rápida. Los países que toman este enfoque se subordinan al conocimiento generado externamente, y tienen un enfoque de “pensar”. Por ende se exponen aún más a la volatilidad de la inversión extranjera directa.

Hay otra forma; Una estrategia de carrera hacia la cima que tiene cinco rasgos

  • Enfocarse en el alto valor de los segmentos de mercado.
  • Profundizar la ciencia detrás del negocio.
  • Expandirse a más productos e industrias.
  • Orquestar la cooperación público-privado a través del desarrollo de políticas.
  • Obtener ideas a través de la inversión extranjera directa.

Tomar este enfoque de “pensar” introduce un círculo de desarrollo que es más sustentable y ventajoso para la población en general. La pregunta correcta en términos de política pública no es si entrar en la cadena global de valor, sino cómo crear una cadena de valor original.

¿Qué más puede hacer una determinada industria? ¿Cómo puede profundizar la ciencia detrás de su producto? ¿Cómo puede expandirse hacia nuevos productos e industrias? ¿Cómo puede obtener ideas de la inversión extranjera directa? Éstas son las preguntas que los líderes empresariales deberían hacerse a lo largo de muchas industrias en México. Y eso es por lo que, para la economía mexicana de largo plazo, la pregunta de quién sería el próximo presidente de Estados Unidos nunca fue crucial.

© 2017Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

Why Mexico’s Economy Doesn’t Depend on the Next US President

The Mexican peso initially fell 13% in trading after Donald Trump’s presidential election upset victory over Hillary Clinton. It was the biggest drop for the currency since an economic crisis in 1994.

President-elect Trump has threatened to rip up and renegotiate the North American Free Trade Agreement, Mexico’s most important free-trade agreement. And the Trans-Pacific Partnership that would have linked Mexico in a trade agreement with the United States and 11 other countries is now as good as dead. To be sure, these roadblocks will damage Mexico’s economy. However, Mexico’s existing trade-based economic strategy won’t necessarily produce different results in the long term.

While it’s understandable that stock and currency markets would react to the election, I believe the peso’s fall was an overreaction. Mexico’s economy needed to enter a new era regardless of who became the next U.S. president.

The conventional understanding of policymakers and academics is that the way forward for developing countries is to integrate into global value chains, mostly by carrying out low-value activities. Accordingly, Mexico has focused on reducing costs in mining, agriculture and manufacturing, and on developing relatively unsophisticated services, such as call centers. The idea is for workers to raise their skill levels and eventually demand higher salaries for more sophisticated work.

However, the problem with this “doing” approach is that it competes on race-to-the-bottom metrics: low cost, high volume and speedy delivery. Workers are trapped in poverty, and when the region can’t meet new demands for lower costs, foreign companies move and take the jobs with them. Countries that take this approach subordinate themselves to externally generated knowledge — what I call a “thinking” approach. They further expose themselves to the volatility of foreign direct investment.

But there’s another way: a race-to-the-top strategy. To illustrate, take the examples of Chilean copper manufacturing, New Zealand’s milk industry and the Basque Country’s steelmaking.

Chile is the world’s largest copper producer. To cope with cyclical price variations, the industry leaped into the health care sector — a clear departure from the commodity trap. A metal best known for its electric conductivity is now used for its antimicrobial properties.

When the U.S. Environmental Protection Agency recognized copper as an antimicrobial metal, Chilean mining conglomerates and public universities focused on enhancing industry development. One hospital tested copper and copper alloys in medical materials and surfaces that require repeated handling. The goal was to find ways to combat the spread of infections.

New Zealand is the world’s largest exporter of dairy products. In the last decade, the country has reached its highest levels of sophisticated goods from milk, growth that in 2015 helped boost the country’s per-capita gross domestic product to its highest level ever. Biotechnology research and development activities at some of the country’s universities have raised the complexity and level of the industry’s outputs.

For instance, breeding programs have developed cows that produce milk low in fat and high in omega-3 oils. New processing methods have resulted in organic dairy ingredients and even infant formula made from goat milk. Dairy farmers have also gotten access to improved production methods and business practices.

In the 1990s the Basque Country, an autonomous region in northern Spain, had an unemployment rate of about 25% and a per-capita income of approximately $13,000. In less than two decades, the region reached full employment and more than tripled per-capita income. Local leaders managed this by enhancing the value of the steel industry.

Today more than half of the region’s workers are employed in the industrial sector. The regional steel industry’s leaders have minimized exposure to price volatility by focusing on product and process innovations. They supported research and innovation locally. These efforts led to rising export values, even as labor costs rose.

I’ve identified five traits of this race-to-the-top strategy:

— FOCUS ON THE HIGH VALUE OF MARKET SEGMENTS. In New Zealand, small dairy cooperatives have developed specialized products, such as complex lipids and the first goat milk with a long shelf life. And the Basques make steel for spacecraft rather than trying to produce the cheapest steel.

— DEEPEN THE SCIENCE BEHIND THE BUSINESS. Chilean research-and-development centers studied copper’s ability to limit the spread of pathogens. A New Zealand initiative manufactures ethanol from a milk-processing waste stream.

— EXPAND INTO MORE PRODUCTS AND INDUSTRIES. Copper’s antibacterial properties are now applied to food-processing equipment and air-conditioning filters. Basque companies have developed new steel machinery applications and finished goods, such as elevators and escalators.

— ORCHESTRATE PUBLIC-PRIVATE COOPERATION THROUGH POLICY DEVELOPMENT. The Basque Economic Agreement in 1981 set the foundation for the regional government and private sector to introduce new competitiveness policies. These created nonprofit institutions that contributed to the application of innovative technologies, new product development, an advanced education system and a sophisticated infrastructure.

— SOURCE IDEAS THROUGH FOREIGN DIRECT INVESTMENT. Working with the University of California system enhanced New Zealand’s exports by better orchestrating farmers, nonprofit organizations and government to improve farm productivity.

Taking a thinking approach introduces a development circle that is more sustainable and advantageous to the broader population. However, pulling it off requires the knowledge of a developed market counterpart. Developed and emerging markets need a shift in relations. In the long term, economies across the board benefit enormously.

Every geography in the world possesses characteristics that can help nations find a path of development and value enhancement. The right policy question is not where to enter an existing global value chain, but how to create an original value path.

For Mexico, I suggest watching the avocado industry. Avocados are a classic example of the old commodity trap. Mexico has the perfect climate to grow them, but it can do more than just take advantage of nature.

The Avocados From Mexico campaign has helped the Hass avocado industry expand rapidly in the United States. But I would ask: What more can the avocado industry do? How can it deepen the science behind its product? How can it expand into new products and industries? How can it source ideas from foreign direct investment? These are the questions that business leaders should be asking across many industries in Mexico. And that’s why, for Mexico’s long-term economy, the question of who will be the next U.S. president was never pivotal.

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