Perdiendo control sobre su tiempo

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Mientras los trabajos se vuelven cada vez más dependientes de la tecnología y la conectividad en línea, más de nosotros estamos perdiendo el control sobre nuestro tiempo. En este artículo se presenta una visión diferente sobre la “flexibilidad de horarios” y sus consecuencias.

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En la fuerza de trabajo moderna, el control sobre su tiempo es una valiosa forma de circulante, para muchos es una aspiración equivalente a volverse ricos. Sin embargo, mientras los trabajos se vuelven cada vez más dependientes de la tecnología y la conectividad en línea, más de nosotros estamos perdiendo el control sobre nuestro tiempo.

Los trabajadores en la cima y la base del espectro económico sienten dolorosamente está pérdida de control, y la tecnología es comúnmente considerada como el culpable. Ya sea que se trate de un teléfono en vibración constante o de software que rastrea nuestra ubicación, entre más difícil se ha vuelto predecir nuestros horarios, muchos de nosotros tenemos menos flexibilidad real.

Hoy, la flexibilidad en el lugar de trabajo es la meta de muchas firmas y su implementación está aumentando de forma generalizada, pero ya no podemos engañarnos pensando que esa mayor “flexibilidad” es suficiente para lidiar con la creciente variabilidad laboral.

He aquí dos poderosos ejemplos, desde los extremos del espectro de ingresos:

Los trabajadores de venta al menudeo frecuentemente son forzados a trabajar en horarios que pueden parecer flexibles, pero que en realidad son solo altamente variables. El software que ayuda a las empresas a optimizar el número de empleados de acuerdo a los niveles de tráfico en la tienda crea un caos para las familias trabajadoras, como la reportera del New York Times, Jodi Kantor, describió tan vívidamente en un artículo reciente acerca de cómo son los días en la vida de Jannette Navarro como barista (la persona que prepara el café) en Starbucks. Kantor escribe que, “en entrevistas con empleados recientes y actuales en 17 sucursales de Starbucks en todo Estados Unidos, solo dos dijeron haber recibido sus horarios con una semana de anticipación; algunos tuvieron tan solo un día.”

Desde una perspectiva corporativa, el software de horarios toma una tarea larga que antes harían los supervisores de tienda y la lleva a cabo de forma mucho más eficiente. Usar análisis para asignar a los trabajadores con base en cuándo son necesarios reduce costos laborales y asegura que haya la cantidad adecuada de personal en las horas pico. Pero ¿son las ventajas suficientes para compensar en caos que se ha desatado en las vidas de los trabajadores? Starbucks rápidamente prometió revisar sus prácticas de horarios para que las horas de trabajo sean anunciadas por lo menos con una semana de anticipación.

Aunque el problema es mucho más desafiante para aquellos en la base de la escala económica, quienes trabajan en empleos bien pagados también sienten los efectos de la variabilidad. Los empleados del Boston Consulting Group, uno de los lugares de trabajo más elitistas que existen, sufrieron el estrés creado por la falta de control sobre sus horarios laborales. Deborah Lovich, una socia de BCG, que acudió a la profesora Leslie Perlow, de la Harvard Business School, escribe: “El gran problema no eran tanto las largas horas y el viaje incesante. Nuestros consultores esperaban eso cuando se unieron a BCG. En lugar de ello Perlow descubrió que era la completa falta de previsibilidad sobre sus vidas cotidianas.

Ya seamos trabajadores de bajo salario, a los que se nos paga por hora, o profesionales altamente pagados, somos testigos de un cambio: lo que originalmente era un caso para la mayor flexibilidad se ha transformado en la necesidad de controlar la creciente variabilidad. Al final, es el control sobre su día lo que empodera a las personas y les brinda satisfacción al trabajar. Todos debemos tener control sobre nuestro tiempo para funcionar, crear familias sólidas y vidas normales. La falta de control de Navarro sobre su horario ayudó a limitar cualquier sentido de rutina para su hijo e hizo que pasos básicos para escalar, como obtener una licencia de manejar y terminar su educación, fueran imposibles. El trabajo de Perlow con los equipos de consultores encontró que la falta de control sobre el propio horario provoca insatisfacción y rotación de trabajadores.

Aquellos que han tenido influencia para demandar lugares de trabajo con mayor flexibilidad necesitan pensar de forma integral acerca de lo que sucede después. Los líderes en el rediseño laboral no solo tienen que hacer el trabajo más flexible, sino también hacer que los horarios sean más predecibles.

“Entre más difícil se ha vuelto predecir nuestros horarios, muchos de nosotros tenemos menos flexibilidad real”.

“Los trabajadores de venta al menudeo frecuentemente son forzados a trabajar en horarios que pueden parecer flexibles, pero que en realidad son solo altamente variables”.

Los líderes en el rediseño laboral no solo tienen que hacer el trabajo más flexible, sino también hacer que los horarios sean más predecibles”.

La flexibilidad en el lugar de trabajo es la meta de muchas firmas y su implementación está aumentando de forma generalizada, pero ya no podemos engañarnos pensando que esa mayor “flexibilidad” es suficiente para lidiar con la creciente variabilidad laboral.

Los trabajadores de venta al menudeo frecuentemente son forzados a trabajar en horarios que pueden parecer flexibles, pero que en realidad son solo altamente variables. Quienes trabajan en empleos bien pagados también sienten los efectos de la variabilidad.

Lo que originalmente era un caso para la mayor flexibilidad se ha transformado en la necesidad de controlar la creciente variabilidad.

Los líderes en el rediseño laboral no solo tienen que hacer el trabajo más flexible, sino también hacer que los horarios sean más predecibles.

© 2017Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

Losing Control Over Our Time

In the modern workforce, control over your time is a valuable form of currency: For many, it’s an equal aspiration to getting rich. And yet as jobs become ever more dependent on online connectivity and technology, more of us are losing control over our time.

Workers at the top and bottom of the economic spectrum feel the loss of control dearly, and technology is often the culprit. Whether it’s a buzzing smartphone or software that tracks our whereabouts, the more hard to predict our schedules become, the less real flexibility many of us have.

Today, workplace flexibility is the goal for many firms and its implementation is increasing across the board. But we can no longer kid ourselves that increased “flexibility” is enough to cope with increasing work variability.

Here are two powerful examples, from opposite ends of the income spectrum:

+ Retail workers are often forced to work hours that may seem flexible but in truth are just highly variable. Software that helps retailers optimize staffing against levels of store traffic creates chaos for working families, as New York Times reporter Jodi Kantor so vividly illustrated in a recent article featuring days in the life of a Starbucks barista, Jannette Navarro. Kantor writes that, “in interviews with current and recent workers at 17 Starbucks outlets around the country, only two said they received a week’s notice of their hours; some got as little as one day.”

From a corporate perspective, scheduling software takes a time-consuming task away from store supervisors and does it much more efficiently. Using analytics to schedule workers on an as-needed basis saves labor costs and also ensures adequate staffing during peak periods. But are the upsides enough to compensate for the havoc wreaked on workers’ lives? Starbucks quickly promised to revise its scheduling practices so that work hours must be posted at least one week in advance.

+ While the problem is vastly more challenging for those at the bottom of the economic ladder, those who work in well-paid, white collar jobs also feel the effects of variability. Employees at Boston Consulting Group, one of the most elite workplaces there is, suffered the stress created by lack of control over their work hours. Deborah Lovich, a BCG Partner who engaged Harvard Business School professor Leslie Perlow, writes: “The big problem wasn’t so much the long hours and incessant travel. Our consultants expected that when they joined BCG. Rather, Perlow discovered, it was the complete lack of predictability or control they had over their daily lives.”

Whether we are low-paid hourly workers or highly-salaried professionals, we are witnessing a shift: What was originally a case for greater flexibility has morphed into a need to control increasing variability.

In the end, it’s control over your day that empowers people and gives satisfaction at work. We all must have control over our time in order to function and create solid families and normal lives. Navarro’s lack of control over her shift schedule helped cripple any sense of routine for her son, and made basic steps toward gaining a leg up, such as getting a driver’s license or finish her education, impossible. Perlow’s work with consultant teams found lack of control over one’s schedule drives dissatisfaction and turnover.

Those who have been influential in demanding workplaces with greater flexibility need to think holistically about what happens next. Leaders in work redesign not only have to make work more flexible, but make work hours more predictable.

(Morra Aarons-Mele is the founder of Women Online and The Mission List.)

© 2014 Harvard Business School Publishing Corp.

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