Sus empleados tienen toda la creatividad que necesita. Deje que lo demuestren.

Una gran preocupación que enfrentan los ejecutivos es que abrir las puertas al potencial creativo de su equipo puede ocasionar un caos en la organización. Sin embargo, aquí te decimos cómo superamos esa preocupación. Además de algunos mitos acerca de la creatividad que debemos desmentir para que esto funcione.

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Generar creatividad es, en sí mismo, un acto creativo. Sin embargo, la mayoría de los líderes tratan de supervisar la creatividad definiendo el camino — quién debería contribuir y cómo — en lugar de definir la meta y pedirles a todos que contribuyan. En una compañía con la que trabajé, los ejecutivos me dijeron que pensaban que abrir las puertas al potencial creativo de toda la compañía podría ser caótico.

He aquí cómo superamos esta preocupación: la compañía tuvo un ingreso inesperado de $2 millones de dólares, que los ejecutivos querían asignar proporcionadamente a los presupuestos actuales, o preferencialmente a proyectos que ya son considerados clave para el futuro de la compañía. Como la consultora de innovación de la firma, propuse una alternativa: un “hackathon” de ideas creativas. Le pediríamos a cualquiera — y muy posiblemente a todos — en la organización que plantearan una nueva idea y les dijeran a los directivos cómo podría funcionar.

Pedimos tres cosas en un lapso de tres semanas. Primero, que las personas formaran equipos. La colaboración mejora la innovación, por lo que le pedimos a los empleados que se reunieran para proponer ideas. A continuación, les dijimos que delinearan un plan. Las ideas podrían estar dirigidas a generar ingresos, hacer que crezca el mercado o conseguir ahorros, y al equipo le correspondía decidir cómo implementarlas. Finalmente, los equipos debían decirnos por qué sus ideas eran relevantes para la empresa.
Los empleados hicieron sus presentaciones. No se desató el caos.

Una elegante empleada de investigación de mercados sugirió reinventar el servicio de cafetería. Muchos colegas no la identificaban como alguien creativa, pero sin que estos lo supieran ella era una devota foodie. En el trabajo encontró a otras personas con el mismo interés, y juntos acudieron con el equipo de cocina para preguntar si podrían realizar un par de experimentos. La primera sugerencia del grupo fue cambiar el diseño de la cafetería, de forma que los alimentos saludables fueran presentados primero. Al inicio, el equipo de cocina estaba preocupado acerca de los márgenes — la pasta es barata y duradera, mientras que la fruta fresca es perecedera y más costosa — pero pronto observaron que los cambios eran una mejora.

Los altos ejecutivos de la compañía estaban genuinamente sorprendidos. A la mayoría de los líderes los han enseñado a enfocar más que a incluir. Cambiar de una mentalidad a la otra requiere reevaluar tres mitos acerca de la creatividad:

— NO TODOS PUEDEN SER CREATIVOS: Rompa las barreras creadas por roles, credenciales y cualificaciones, preguntándole a todos qué es lo que quisieran cambiar para bien.
— EL PROCESO MATA LA CREATIVIDAD: Esto sólo es cierto si su proceso está mal. Un buen proceso puede ayudar a clarificar metas y dejar abierto el “cómo”. La capacidad de dirigir el propio trabajo permite que los equipos compartan responsabilidad, se autoorganicen, generen ideas y colaboren.
— EL SALARIO IMPULSA LA CREATIVIDAD: Muchos líderes piensan que necesitamos recompensar financieramente la creatividad para obtener más de ella. Sin embargo, encontrar y cumplir un propósito es una fundamental necesidad humana. Piense en aquella elegante analista. Ser capaz de aprovechar su pasión fue recompensa suficiente para ella.

Los líderes necesitan abandonar y desvanecer estos mitos, además de derribar las barreras para la creatividad al creer en la capacidad de su gente. Invite a los empleados a que lleven al trabajo su plena personalidad, consciente de que todo pasatiempo o pasión poco convencional puede servir para inspirar nuevas ideas.

“Ser capaz de aprovechar su pasión fue recompensa suficiente para ella.”.

“A la mayoría de los líderes los han enseñado a enfocar más que a incluir.”.

“Generar creatividad es, en sí mismo, un acto creativo”.

La mayoría de los líderes tratan de supervisar la creatividad definiendo el camino en lugar de definir la meta y pedirles a todos que contribuyan. En una compañía con la que trabajé, los ejecutivos me dijeron que pensaban que abrir las puertas al potencial creativo de toda la compañía podría ser caótico.

Como la consultora de innovación de la firma, propuse una alternativa: un “hackathon” de ideas creativas. Le pediríamos a cualquiera — y muy posiblemente a todos — en la organización que plantearan una nueva idea y les dijeran a los directivos cómo podría funcionar.

Los empleados hicieron sus presentaciones. No se desató el caos.

Cambiar de una mentalidad a la otra requiere reevaluar tres mitos acerca de la creatividad:

— No todos pueden ser creativos.
— El proceso mata la creatividad.
— El salario impulsa la creatividad.

Los líderes necesitan abandonar y desvanecer estos mitos, además de derribar las barreras para la creatividad al creer en la capacidad de su gente. Invite a los empleados a que lleven al trabajo su plena personalidad, consciente de que todo pasatiempo o pasión poco convencional puede servir para inspirar nuevas ideas.

© 2018 Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

Your Employees Have All the Creativity You Need. Let Them Prove It.

Generating creativity is, in itself, a creative act. Yet most leaders try to oversee creativity by defining the path — who should contribute and how — rather than defining the goal and asking everyone to contribute. At one company I worked with, executives told me they thought opening the door to companywide creative potential could prove chaotic.

Here’s how we overcame that concern: The company had an unexpected windfall of $2 million, which executives wanted to allocate proportionately to existing budgets, or preferentially to projects already deemed key to the company’s future. As the firm’s innovation consultant, I proposed an alternative: a “hackathon” for creative ideas. We would ask anyone — and quite possibly everyone — in the organization to unearth a new idea and tell management how it could work.

We asked for three things, within three weeks. First, for people to form teams. Collaboration enhances innovation, so we asked employees to band together to submit ideas. Next, we told them to map out a plan. Ideas could be revenue-generating, market-growing or cost-saving, but it was up to the team to decide how to implement them. Finally, teams had to tell us why their ideas mattered to the business.

Employees gave their presentations. Chaos did not ensue.

One buttoned-up employee in market research suggested reinventing the cafeteria service. Many colleagues didn’t think of her as a creative type, but unbeknown to them she was a devoted foodie. She found others at work with the same interest, and together they went to the on-site food-services team to ask if they could conduct an experiment or two. The group’s first suggestion was to flip the cafeteria design so that healthy foods were presented before less-healthy ones. At first, the food-services team was worried about margins — pasta is cheap and long-lasting, while fresh fruit is more expensive and perishable — but they soon saw that the changes were an improvement.

The company’s senior executives were genuinely surprised. Most leaders have been taught to focus rather than be inclusive. To shift from one mindset to another requires reassessing three myths about creativity:

— NOT EVERYONE CAN BE CREATIVE: Break the barriers created by roles, credentials and qualifications by asking everyone what they would like to change for the better.

— PROCESS KILLS CREATIVITY: This is only true if your process is broken. A good one can help to clarify goals yet leave the “how” open. The capacity to direct one’s own work enables teams to share responsibility, self-organize, generate ideas and collaborate.

— PAY DRIVES CREATIVITY: Many leaders think we need to financially reward creativity to get more of it. But finding and fulfilling a purpose is a fundamental human need. Think of that buttoned-up analyst. Being able to draw on her passion was reward enough for her.

Leaders need to abandon and dispel these myths, and break down the barriers to creativity by instead believing in the core capacity of their people. Invite employees to bring their full selves to work, knowing that every quirky passion or hobby can serve to inspire new ideas.

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