El legado del liderazgo de George Washington

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TTres decisiones que definieron el excepcional y exitoso liderazgo de George Washington que pueden serle de utilidad.

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Un cínico pudiera llegar a la conclusión de que George Washington, el primer presidente de los Estados Unidos, le debe su legado a su elevada estatura física y otras características superficiales. El hombre parece un líder, y quizá esto lo convierte en una figura conveniente sobre la cual proyectar virtudes idealizadas. Sin embargo, el cínico estaría equivocado: Washington tomó tres decisiones contra-intuitivas que muestran lo excepcional que era como líder en realidad.

  1. El General Washington decidió no imponer a sus comandantes una estrategia para el campo de batalla.

El consenso general entre los historiadores es que Washington era, en el mejor de los casos, un mediocre estratega militar. Sin embargo, un estudio reciente de la Academy of Management Journal proyecta algo de duda sobre ese consenso.

El estudio encontró que, en las empresas largas y multifacéticas, la mayor amenaza para una toma de decisiones rápida y estratégica es la “imposición estratégica” desde la nave nodriza. Los historiadores siguen debatiendo si es que Washington favorecía una “estrategia Fabiana” de ataques rápidos y retiradas incluso más veloces, o una estrategia más tradicional de pelear grandes batallas cabeza a cabeza. Esta discrepancia proviene principalmente del hecho de que él no impuso ninguna de las dos estrategias; sus jóvenes y generalmente inexpertos comandantes fueron libres para emplear cualquiera.

Washington decidió que, en lugar de tener a un revoltijo de milicianos sin entrenar, caminando por el campo, las colonias siempre deberían tener en el campo un ejército permanente que estuviera tan bien entrenado como fuera posible bajo las limitaciones existentes de tiempo y presupuesto. Más allá de esa dirección estratégica general, y algunas metas tácticas básicas, Washington dejó que sus jóvenes líderes tomaran sus propias decisiones estratégicas en el campo, aprovechando las ventajas de la velocidad y la agilidad que tenían sobre sus más numerosos y mejor entrenados competidores.

  1. Washington decidió supervisar las renovaciones en Mount Vernon durante el año más tenue de la revolución.

Imagine encabezar una fuerza cómicamente sobrepasada en número, con pocos recursos y tristemente carente de habilidades -la mayoría de los cuales están marchando descalzos a lo largo de la nieve de Nueva Inglaterra, porque no puede permitirse comprarles zapatos- en una guerra que, en caso de perderse, pudiera enviarlo al patíbulo por traición. Imagine, en medio de todo esto, desvelarse para escribir cartas a casa describiendo el color correcto para las nuevas cortinas de la sala. Los historiadores siguen confundidos respecto a por qué, a lo largo de 1776, Washington continuó microgerenciando las renovaciones de su casa desde la línea del frente de la más difícil, peligrosa, caótica e importante posición de liderazgo en su vida. Quizá la única cosa más intrigante es cómo mantuvo la confianza y la compostura a pesar de las abrumadoras posibilidades en contra que enfrentaba.

La psicología moderna pudiera ofrecer una pista para este acertijo. Los psicólogos de la University of California, Los Angeles, y de la New York University descubrieron que después de tomar una decisión simple, como a dónde ir de vacaciones, y hacer un plan básico para ejecutar dicha decisión, las personas mostraban una autoestima y optimismo significativamente más altos, y se sentían menos vulnerables ante riesgos completamente incontrolables, como los terremotos. En otras palabras, tomar incluso una pequeña decisión acerca de algo que no está relacionado en lo absoluto con su enfoque principal puede ayudarlo a sentirse más confiado y empoderado.

Uno de los grandes activos de Washington durante la revolución norteamericana y su subsecuente presidencia, fue su capacidad para inspirar la confianza y la alineación necesarias para reunir el respaldo político y financiero de muy diversos grupos de partes interesadas, incluyendo el Congreso Continental, el público norteamericano, el gobierno francés y sus propios soldados. Quizás un peculiar, pero fácilmente controlable proyecto lateral, fue lo que le permitió a Washington mantenerse en la mentalidad confiada y decisiva que su rol de liderazgo demandaba.

  1. Washington decidió no convertirse a sí mismo en el gobernante supremo de los Estados Unidos.

Después de arriesgar su vida para encabezar la revolución americana, muchas veces poniéndose valientemente a sí mismo en la línea de fuego, Washington sorprendió al mundo entero al regresarle voluntariamente todos sus poderes al pueblo americano y a sus representantes electos. Fue una decisión que llevó incluso a su recientemente derrotado enemigo, el rey Jorge III, al comentar que Washington era “el más grande personaje de su generación.”

Nunca sabremos si su decisión fue impulsada por altruismo o por un deseo auto-interesado de ganar la adoración de la historia. Lo que sí sabemos es que su decisión se alineó perfectamente con el patrón de decisiones que Washington estableció a lo largo de su vida. Él fue un ejemplo de lo que Adam Grant, profesor en la Wharton School de la University of Pennsylvania, describe cómo “otroísta”: personas que son al mismo tiempo muy generosas y muy auto interesadas.

Sin importar qué tan puros fueron los motivos de Washington, es fácil imaginar un futuro brillante para un mundo poblado por líderes que traten cada decisión como una oportunidad de revelar las admirables cualidades de su carácter.

“En las empresas largas y multifacéticas, la mayor amenaza para una toma de decisiones rápida y estratégica es la “imposición estratégica.”

“Tomar una pequeña decisión acerca de algo que no está relacionado en lo absoluto con su enfoque principal puede ayudarlo a sentirse más confiado y empoderado.

“Es fácil imaginar un futuro brillante para un mundo poblado por líderes que traten cada decisión como una oportunidad de revelar las admirables cualidades de su carácter.”

Washington tomó tres decisiones contra-intuitivas que muestran lo excepcional que era como líder en realidad.

1.El General Washington decidió no imponerle a sus comandantes una estrategia para el campo de batalla. En las empresas largas y multifacéticas, la mayor amenaza para una toma de decisiones rápida y estratégica es la “imposición estratégica”. Sus jóvenes y generalmente inexpertos comandantes fueron libres para emplear cualquiera.

2.Washington decidió supervisar las renovaciones en Mount Vernon durante el año más tenue de la revolución. A lo largo de 1776, Washington continuó microgerenciando las renovaciones de su casa desde la línea del frente de la más difícil, peligrosa, caótica e importante posición de liderazgo en su vida. Estudios prueban que después de tomar una decisión simple, las personas muestran una autoestima y optimismo significativamente más altos.

3.Washington decidió no convertirse a sí mismo en el gobernante supremo de los Estados Unidos. Washington sorprendió al mundo entero al regresarle voluntariamente todos sus poderes al pueblo americano y a sus representantes electos.

Es fácil imaginar un futuro brillante para un mundo poblado por líderes que traten cada decisión como una oportunidad de revelar las admirables cualidades de su carácter.

© 2017Harvard Business School Publishing Corp.

De: hbr.org

Distribuido por: The New York Times Syndicate.

3 Decisions that Defined George Washington’s Leadership Legacy

A cynic might conclude that George Washington, the first president of the United States, owes his legacy to his towering physical stature and other superficial characteristics. The man looks like a leader, and perhaps that makes him a convenient figurehead on which to project idealized virtues. But the cynic would be mistaken: Washington made three counterintuitive decisions that show what an exceptional leader he truly was.

GEN. WASHINGTON DECIDED NOT TO IMPOSE A BATTLEFIELD STRATEGY ON HIS FIELD COMMANDERS.

The general consensus among historians is that Washington was, at best, a mediocre military strategist. However, a recent study in the Academy of Management Journal cast some doubt on that consensus.

The study found that in large, multifaceted enterprises, the biggest threat to speedy, strategic decision-making is “strategic imposition” from the mother ship. Historians still debate whether Washington favored a “Fabian strategy” of quick attacks and even quicker retreats or a more traditional strategy of fighting major head-to-head battles. This discrepancy comes largely from the fact that he imposed neither strategy; his young and mostly inexperienced commanders were free to employ either one.

Washington decided that rather than having a hodgepodge of untrained militia men roaming the countryside, the Colonies would always have a standing army in the field that was as well-trained as possible under existing time and budget constraints. Beyond that general strategic direction, and some basic tactical goals, Washington let his young leaders make their own strategic decisions in the field, capitalizing on the advantages of speed and agility that they had over their larger and better-trained competitors.

WASHINGTON DECIDED TO OVERSEE RENOVATIONS ON MOUNT VERNON DURING THE MOST TENUOUS YEAR OF THE REVOLUTION.

Imagine leading a comically outnumbered, underresourced and woefully unskilled force – the majority of whom are marching through the New England snow barefoot because you can’t afford to buy them shoes – in a war that, if lost, could send you to the gallows for treason. Imagine, in the midst of all this, staying up late at night to write letters home describing the right color for the new curtains in the living room. Historians are still puzzled as to why, throughout 1776, Washington continued micromanaging his home renovations from the front lines of the most difficult, dangerous, chaotic and important leadership position of his life. Perhaps the only thing more puzzling is how he maintained confidence and composure despite the overwhelming odds that he faced.

Modern psychology might provide a clue to this riddle. Psychologists at the University of California, Los Angeles, and New York University discovered that after making a simple decision, such as where to go on vacation, and then making a basic plan for executing that decision, people showed significantly higher self-esteem and optimism, and felt less vulnerable to completely uncontrollable risks like earthquakes. In other words, making even a small decision about something completely unrelated to your primary focus can help you feel more confident and empowered.

One of Washington’s greatest assets during the American Revolution and his presidency afterward was his ability to inspire the confidence and alignment needed to gather political and financial support from many diverse stakeholder groups, including the Continental Congress, the American public, the French government and his own soldiers. Perhaps a peculiar, yet easily controlled side project was precisely what enabled Washington to stay in the confident, decisive mindset that his leadership role demanded.

WASHINGTON DECIDED NOT TO MAKE HIMSELF SUPREME RULER OF THE UNITED STATES.

After risking his life to lead the American Revolution, often bravely putting himself directly in the line of fire, Washington shocked the entire world by voluntarily returning all his powers to the American people and their elected representatives. It was a decision that even led his recently defeated foe, King George III, to comment that Washington was “the greatest character of his generation.”

We will never know whether this decision was driven by altruism or a self-interested desire to be adored by history. What we do know is that this decision aligned perfectly with the pattern of decisions Washington established throughout his lifetime. He was an exemplar of what Adam Grant, a professor at the University of Pennsylvania’s Wharton School, describes as “otherish”: people who are both highly giving and highly self-interested.

Regardless of how pure Washington’s motives were, it’s easy to imagine a bright future for a world populated by leaders who treat every decision as an opportunity to reveal the admirable qualities of their character.

De: hbr.org c.2014 Harvard Business School Publishing Corp. Distribuido por: The New York Times Syndicate

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