La recuperación económica de los Estados Unidos está disminuyendo su velocidad. No se alarme

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Mientras los líderes empresariales entran al otoño, una confluencia de factores negativos está nublando sus perspectivas sobre la economía.

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ientras los líderes empresariales entran al otoño, una confluencia de factores negativos está nublando sus perspectivas sobre la economía. El gran rebote del año pasado ha perdido fuerza, el estímulo se está desvaneciendo y una plétora de datos económicos más débiles está pesando en el sentimiento general. Todo esto se desarrolla delante del telón de fondo de la perniciosa variante delta del coronavirus.

Es comprensible que la desaceleración, los vientos en contra inesperados y el difícil traspaso a los consumidores fomenten las expectativas negativas. Sin embargo, los vientos en contra a los que se enfrentan ahora los consumidores deberían compensarse con los vientos de cola y las fuentes de fortaleza que han construido los hogares. He aquí cinco prominentes preocupaciones y por qué son exageradas.

En primer lugar, aunque las perspectivas económicas se siguen equiparando con la trayectoria de la variante delta, la realidad es que desde el principio la economía se desacopló en gran medida del virus. Esto no sólo fue una función del fuerte estímulo, sino también de la adaptabilidad. Los hogares y las empresas han aprendido a vivir con el virus, y es poco probable que la variante delta deshaga ese aprendizaje. Por ejemplo, incluso cuando los casos y las hospitalizaciones estaban en su punto más alto en Florida, no vimos un retroceso drástico de la actividad económica.

En segundo lugar, aunque el estímulo fiscal a los hogares se desvanece rápidamente, el mercado laboral está en auge. Sorprendentemente, a pesar de las cifras históricas de desempleo, el estímulo ayudó a que los ingresos personales se dispararan en 2020 y principios de 2021. Ahora, con un número récord de puestos de trabajo vacantes y muchas empresas luchando por cubrirlos, los hogares están en una buena posición para reemplazar con empleo y salarios más altos el estímulo que se desvanece, asegurando que el poder de gasto de los consumidores seguirá siendo fuerte.

En tercer lugar, aunque la inflación actual está erosionando las ganancias salariales, es poco probable que dure. El crecimiento de los precios en Estados Unidos sigue pareciendo transitorio (impulsado por la idiosincrasia de una tórrida reapertura y los cuellos de botella de la oferta), mientras que un mercado laboral tenso no volverá fácilmente a las condiciones de holgura. Los prospectos de un ciclo ajustado que proporcione aumentos salariales y de productividad siguen siendo sólidos.

En cuarto lugar, se ha hablado mucho de que la subida de los precios de la vivienda está minando la confianza y los presupuestos de los hogares. Sin embargo, el precio de la vivienda no es lo mismo que el costo de la misma. Considerando que las condiciones de financiación están en niveles históricamente bajos, el índice de asequibilidad de la vivienda se mantiene en línea con los niveles anteriores a la pandemia y es mucho más favorable que en las décadas anteriores a la crisis financiera mundial.

Por último, existe el temor de que el voluble sector de los hogares se repliegue en cualquier momento, y la elevada tasa de ahorro proporciona un cierto respaldo a esa idea. Sin embargo, esa opinión ignora el gran ahorro acumulado, sobre todo en relación con los niveles de riqueza de los hogares que ya son elevados. Esto sugiere que los hogares tienen margen para gastar y llevar más lejos una expansión que ya es fuerte.

Aun así, todas las cosas deben terminar en algún momento, y el ciclo posterior al Covid-19 alcanzará una madurez similar a la de 2019 mucho más rápidamente que cualquier otro ciclo anterior, a medida que los mercados laborales se endurezcan. Conforme el crecimiento se ralentice, la actividad económica probablemente se asentará en niveles que superen las expectativas previas a la pandemia, y ahí es donde debería estar el enfoque operativo. Los líderes empresariales deben hacer una interpretación más amplia de la trayectoria, seguida de una ejecución tranquila.

© 2025 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org  |  Distribuido por: The New York Times Syndicate.

Artículo en inglés

As business leaders enter the fall, a confluence of negatives is clouding their outlook on the economy. The big bounce back from last year’s trough has lost steam, stimulus is fading and a plethora of softer economic data is weighing on sentiment. All of this unfolds against the backdrop of the pernicious delta variant of the coronavirus.

It’s understandable that the slowdown, unexpected headwinds and tricky handoff to consumers should encourage negative expectations. But the headwinds that consumers face now should be netted against the tailwinds and the sources of strength that households have built. Here are five prominent concerns and why they are overblown.

First, while economic prospects are still widely equated with the delta variant’s path, the reality is that the economy largely decoupled from the virus early on. That was not only a function of strong stimulus but also of adaptability. Households and firms have learned to live with the virus, and that learning is unlikely to be undone by the delta variant. For example, even when cases and hospitalizations were at their highest in Florida, we did not see a sharp retreat in economic activity.

Second, while fiscal stimulus to households is rapidly fading, the labor market is booming. Remarkably, despite historic unemployment numbers, the stimulus helped personal incomes soar in 2020 and early 2021. Now, with a record number of job openings and many firms struggling to fill them, households are in a good position to replace fading stimulus with employment and higher wages, ensuring that consumer spending power will remain strong.

Third, while current inflation is eroding wage gains it is unlikely to last. U.S. price growth continues to look transitory — driven by the idiosyncrasies of a torrid reopening and supply bottlenecks — whereas a tight labor market will not easily return to slack conditions. The prospects for a tight cycle delivering both wage and productivity gains remain strong.

Fourth, much has been made of soaring house prices undercutting confidence and household budgets. However, home prices are not the same as housing cost. After factoring in record low financing conditions, the index of housing affordability is broadly in line with pre-pandemic levels and significantly more favorable than in the decades before the global financial crisis.

Finally, there is fear of a fickle household sector pulling back at any moment, and the continued high savings rate provides some cover for this idea. But that view ignores the large, accumulated savings, particularly relative to levels of household wealth, which is already high. This suggests that households have room to spend and carry an already strong expansion further.

Yet all things must end eventually, and indeed the post-COVID cycle will reach a 2019-like maturity much faster than any cycle before it, as labor markets tighten. As growth slows, economic activity will likely settle on levels exceeding pre-pandemic expectations — and this is where operational focus should be. Business leaders must take a broader interpretation of the trajectory, followed by calm execution.

Autores

Sobre el Autor

Es socio directivo en la oficina del BCG en Nueva York y economista en jefe global del BCG.