Investigación: El uso de la IA puede frenar la innovación. Pero no tiene por qué ser así
D
esafortunadamente, la IA empresarial suele diseñarse con el objetivo de eliminar la necesidad de comprender. Los líderes se centran en facilitar la adopción y la comodidad, lo que, sin querer, merma la capacidad de asimilación de la organización. Por lo tanto, para proteger los incentivos a la innovación a largo plazo, los líderes deberían replantearse el hecho de centrarse únicamente en la facilidad de uso y empezar a reintroducir un poco de “fricción estratégica” en sus sistemas.
Introducción de la fricción estratégica
La clave no es hacer que el trabajo resulte pesado. Se trata de mantener un nivel de esfuerzo suficiente para que las personas sigan aprendiendo. La fricción estratégica debe reservarse para aquellas tareas en las que la organización necesita que las personas piensen y aprendan, no solo que produzcan.
En el contexto empresarial, esto implica pasar de un modelo de oráculo (en el que el usuario pregunta y recibe) a un modelo recíproco, en el que el usuario debe aportar sus conocimientos para obtener información. Existen diversas formas de lograrlo, que van desde simples cambios en las políticas hasta un diseño más ambicioso a nivel de sistema. Usted puede:
— Establecer una regla que exija esfuerzos independientes documentados. Por ejemplo, antes de utilizar IA para redactar un análisis de mercado, un analista debe presentar su propia evaluación preliminar (aunque esté incompleta) mostrando lo que ya sabe y en qué puntos se encuentra atascado.
— Diseñar la IA para que solicite la aportación del usuario antes de generar un resultado completo. Por ejemplo, si un analista solicita un análisis de la competencia, la IA le pide primero tres observaciones específicas sobre los últimos movimientos de precios del competidor. A continuación, la IA incorpora esta información actualizada en su resultado.
— Construir interfaces con acceso condicionado que desbloqueen la asistencia solo después de que el usuario aporte su propio contexto. Por ejemplo, antes de que un analista pueda pedirle a la IA interna que genere una evaluación de riesgos, la interfaz le exigiría cargar una hipótesis base y etiquetar tres variables o restricciones clave. El botón de “generar” permanecerá bloqueado hasta que se haya aportado el contexto humano.
Cómo distinguir a los creadores
La defensa contra el estancamiento puede comenzar incluso antes de que el empleado inicie sesión. Muchas empresas siguen contratando en función de “la respuesta correcta”. En un entorno saturado de IA, eso ya no es un factor diferenciador. Lo que importa es “el proceso adecuado”. Por lo tanto, en las entrevistas y las evaluaciones de desempeño, observe cómo los candidatos y los empleados utilizan las herramientas de IA. ¿Aceptan los resultados como un trabajo terminado o los cuestionan, comprueban las hipótesis y añaden observaciones originales?
Investigaciones recientes hacen visibles estos patrones. Un experimento de campo, liderado por Hila Lifshitz-Assaf y sus colegas de Harvard, MIT y Warwick, analizó cerca de 5,000 interacciones entre humanos e IA realizadas por 244 consultores de BCG. A partir de ello, identificaron tres estilos de colaboración distintos, que se diferencian a partir de dos preguntas clave: quién decide qué debe hacerse y quién decide cómo hacerlo. Los “centaurs” mantuvieron el control humano en ambas dimensiones, utilizando la IA solo para asistencia puntual. Por su parte, los “cyborgs” dejaron que el humano definiera el “qué”, pero otorgaron a la IA un control significativo sobre el “cómo”, participando en un diálogo continuo y crítico. En contraste, los “self-automators” cedieron el control de ambos aspectos a la IA y experimentaron lo que los investigadores denominan “no-skilling”, es decir, no desarrollaron ni experiencia en su campo ni habilidades en el uso de la IA. Dentro de este marco, los “centaurs” y los “cyborgs” representan a los creadores, mientras que los “self-automators” son los oportunistas sobre los que advierte este modelo.
Estos hallazgos sugieren dos comportamientos observables que distinguen a los creadores de los oportunistas:
— Delegación selectiva. Los creadores conocen los límites de lo que la IA hace bien y lo que no. Utilizan la IA para tareas que se encuentran dentro de esos límites y ellos mismos se encargan del trabajo que requiere un mayor criterio.
— Profundidad de análisis. Cuando los creadores utilizan la IA, la ponen a prueba. Le piden que explique su razonamiento, que señale inconsistencias y le proporcionan sus propios datos.
© 2026 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org | Distribuido por: The New York Times Syndicate.
Artículo en inglés
Unfortunately, corporate AI is often designed to remove the need for understanding. Leaders optimize for adoption and convenience, unintentionally eroding the organization’s absorptive capacity. To protect long-run innovation incentives, therefore, leaders should reconsider optimizing solely for ease of use and start designing ‘strategic friction’ back into their systems.
INTRODUCING STRATEGIC FRICTION
The key isn’t to make work painful. It’s about maintaining enough effort in the loop so people keep learning. Strategic friction should be reserved for the tasks where the organization needs people to think and learn, not just produce.
In the corporate context, this means moving from an oracle model — where the user asks and receives — to a reciprocal model, where the user must contribute understanding to withdraw wisdom. There is a spectrum of ways to do this, ranging from simple policy changes to more ambitious system-level design. You can:
— SET A RULE REQUIRING DOCUMENTED INDEPENDENT EFFORTS. For example, before using AI to draft a market analysis, an analyst must submit their own rough assessment — even if incomplete — showing what they already know and where they are stuck.
— DESIGN THE AI TO ASK FOR THE USER’S INPUT BEFORE GENERATING A FULL OUTPUT. For example, if an analyst asks for a competitor analysis, the AI first prompts for three specific observations about the competitor’s recent pricing moves. The AI then incorporates this fresh intelligence into its output.
— BUILD GATED INTERFACES THAT UNLOCK ASSISTANCE ONLY AFTER THE USER DEPOSITS THEIR OWN CONTEXT. For example, before an analyst can ask the internal AI to generate a risk assessment, the interface would require them to upload a baseline hypothesis and tag three key variables or constraints. The “generate” button stays locked until the human context is deposited.
HOW TO SPOT THE BUILDERS
The defense against stagnation can begin before the employee even logs in. Many firms still hire for “the right answer.” In an AI-saturated environment, that’s less differentiating. What matters is “the right process.” In interviews and performance reviews, therefore, observe how candidates and employees use AI tools. Do they accept outputs as finished work, or do they interrogate them, test assumptions and add original observations?
Recent research makes these patterns visible. A field experiment, led by Hila Lifshitz-Assaf and colleagues at Harvard, MIT and Warwick, analyzed nearly 5,000 human-AI interactions by 244 BCG consultants and explored three distinct collaboration styles, differentiated by two questions: who selects what needs to be done and who decides how to do it. “Centaurs” retained human control over both dimensions, using AI only for targeted assistance. “Cyborgs” let the human drive the “what” but gave AI significant control over the “how,” engaging in continuous, critical dialogue. “Self-automators” ceded control of both to AI and experienced what the researchers call “no-skilling,” developing neither domain expertise nor AI fluency. Centaurs and cyborgs are the builders in our framework; self-automators are the free-riders our model warns about.
These findings suggest two observable behaviors that distinguish builders from free-riders:
— SELECTIVE DELEGATION. Builders know the frontier of what AI does well and what it doesn’t. They use AI for tasks inside that frontier and do the judgment-heavy work themselves.
— INTERROGATION DEPTH. When builders do use AI, they challenge it. They ask the AI to explain its reasoning, point out inconsistencies and feed it their own data.
La IA generativa podría solucionar las evaluaciones de desempeño (o empeorarlas aún más)
La IA puede alejar las evaluaciones de desempeño de las narrativas laborales y acercarlas a evidencia directa del trabajo en la práctica.
Es difícil utilizar la IA en equipo. Estas 3 prácticas pueden ayudar
He aquí tres prácticas que pueden ayudar a desarrollar la «química humano-IA en los equipos» a medida que evoluciona el lugar de trabajo.
¿Cuáles son los problemas de su empresa en materia de IA?
El “Ethical Nightmare Challenge” (ENC) es un marco de trabajo que puede integrarse con programas existentes de gestión de riesgos de IA.





