Argumentos a favor de contratar a un director de resiliencia (CRO)
C
uando una crisis afecta a una empresa moderna, el mayor daño no suele provenir del incidente inicial, sino de cómo se propagan las fallas a través de los sistemas conectados. Un fallo técnico derriba la infraestructura digital. Esa interrupción detiene las operaciones, retrasa los productos y servicios, y afecta a los clientes. Luego llegan las pérdidas financieras y las consecuencias regulatorias. Cada falla puede comenzar en un sistema específico, pero sus efectos se extienden por toda la organización.
Los líderes de riesgos evalúan las amenazas, la exposición y el cumplimiento normativo. Los responsables de seguridad protegen la infraestructura digital. Los líderes de operaciones garantizan el rendimiento en condiciones normales. Los responsables de la estrategia se enfocan en el crecimiento a largo plazo. Los líderes de sostenibilidad abordan las cuestiones ambientales y regulatorias. Cada uno desempeña un papel esencial. Sin embargo, ninguno es responsable de la resiliencia empresarial.
Por esta razón, cada vez son más las organizaciones que crean el puesto de director de resiliencia (CRO) o posiciones de liderazgo equivalentes. Este rol refleja el reconocimiento de que la resiliencia no es simplemente una cuestión operativa o técnica, sino una función de gobernanza empresarial que determina si una organización es capaz de recuperar rápidamente sus funciones críticas y seguir operando en condiciones adversas.
La brecha de gobernanza dentro de la mayoría de las empresas
La mayoría de las organizaciones ya cuentan con amplias capacidades de gestión de riesgos, continuidad y seguridad. Sin embargo, estas capacidades suelen estar aisladas entre sí:
— Los equipos de gestión de riesgos evalúan las amenazas, la exposición y las consecuencias.
— Los equipos de seguridad protegen la infraestructura.
— Los equipos de operaciones mantienen el desempeño y la confiabilidad.
— Los equipos de continuidad del negocio desarrollan planes y realizan simulacros.
Cada función puede desempeñarse eficazmente dentro de su ámbito. Sin embargo, las disrupciones sistémicas revelan los límites de este enfoque fragmentado. La resiliencia falla no porque las empresas carezcan de experiencia, sino porque la responsabilidad está muy dispersa, mientras que la autoridad para coordinar la recuperación y la adaptación a nivel organizacional no lo está.
El CRO aborda directamente este desafío de integración. El cargo no sustituye a los líderes actuales, sino que garantiza que la resiliencia se gestione como una capacidad empresarial integral y no como un conjunto de actividades independientes. En la práctica, esto implica establecer estándares de resiliencia para toda la organización, alinear los objetivos de recuperación entre las distintas funciones e informar sobre los resultados al CEO y la junta directiva.
Cómo están implementando este puesto las empresas
Diversas organizaciones han formalizado el liderazgo en resiliencia en respuesta a los desafíos operativos y estratégicos.
En el sector de servicios financieros, donde las crisis operativas pueden propagarse rápidamente a través de sistemas interconectados, muchas empresas han incorporado este rol. State Street nombró a un CRO y vicepresidente ejecutivo para supervisar la continuidad en las operaciones globales de custodia y gestión de activos de la compañía. Goldman Sachs también creó el puesto de director de resiliencia operativa para mercados globales, con el fin de hacer frente al reto de mantener la continuidad de las operaciones bursátiles, el acceso a los mercados y el servicio al cliente en entornos financieros volátiles e interconectados, donde las disrupciones en cadena representan un riesgo real. Allianz Commercial ha asignado las funciones de riesgo y resiliencia bajo la responsabilidad de un director, reconociendo que la resiliencia efectiva requiere integrar la planeación operativa a largo plazo.
Las farmacéuticas también están incorporando cada vez más la resiliencia en sus equipos directivos. Novo Nordisk, uno de los fabricantes farmacéuticos más grandes del mundo, ha nombrado a un director global de resiliencia para coordinar la gestión de crisis y la continuidad del negocio en todas sus operaciones a nivel mundial.
Más allá de los nombramientos individuales en empresas privadas, la Network of Corporate Chief Resilience Officers (de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres) ha supuesto un avance institucional significativo. Esta red permite que las organizaciones participantes desarrollen marcos comunes, alineen prioridades e impulsen la integración de prácticas y funciones relacionadas con la resiliencia en los modelos de negocio.
Qué hace un CRO
El CRO se encarga de garantizar que una empresa pueda mantener sus operaciones y recuperarse rápidamente cuando se produzca una crisis. El punto de partida consiste en identificar qué funciones son críticas, es decir, aquellos servicios y capacidades sin los cuales no se puede operar. Esto puede incluir: producción, servicios digitales, operaciones con clientes o coordinación de la cadena de suministro. A partir de ahí, el enfoque se centra en comprender de qué dependen esas funciones, ya sean sistemas internos, proveedores externos, redes logísticas o disponibilidad de personal.
El CRO garantiza que los objetivos de recuperación estén claramente definidos y que la organización realmente esté preparada para cumplirlos. Esto implica coordinar inversiones en resiliencia, alinear la planeación de continuidad en toda la empresa y asegurar que los planes de recuperación reflejen el funcionamiento real de los procesos. El rol también garantiza que las crisis se conviertan en una fuente de aprendizaje organizacional. Los esfuerzos de recuperación suelen revelar vulnerabilidades y deficiencias de coordinación que pasan desapercibidas en condiciones normales, y esas lecciones se integran nuevamente en la planeación, haciendo que la empresa sea más fuerte y resiliente con el tiempo.
El nivel de autoridad que tiene el CRO depende de la industria y de la madurez de la organización. En algunas empresas, el rol consiste principalmente en coordinar las funciones de riesgo, continuidad y gestión de crisis, que de otro modo operarían de forma aislada. En otras, la oficina desarrolla herramientas analíticas, como mapas de dependencias, pruebas de estrés y dashboards de resiliencia. En algunas compañías, el CRO puede tener control directo sobre los protocolos de respuesta ante crisis y la asignación de recursos. Independientemente de la estructura, el puesto requiere autoridad real para establecer y hacer cumplir los estándares de resiliencia, tomar decisiones operativas durante una crisis e informar directamente al CEO y la junta directiva sobre los resultados.
El CRO opera en la intersección entre la preparación ante crisis y la creación de valor, con un mandato más horizontal que vertical. A diferencia de los ejecutivos tradicionales que trabajan dentro de límites definidos, el CRO es responsable de cómo se desempeña la organización en su conjunto cuando está bajo presión. Esto implica coordinar las decisiones en materia de riesgos, operaciones, sostenibilidad, tecnología y comunicación, y garantizar que las decisiones tomadas durante una crisis permanezcan alineadas con los objetivos estratégicos a largo plazo.
El rendimiento se mide en términos concretos. Indicadores como el tiempo de detección, el tiempo de recuperación y la continuidad de servicios críticos revelan cómo se comporta la empresa cuando las operaciones normales fallan. Un CRO competente puede demostrar mejoras significativas en los tiempos de recuperación tras una crisis dentro del primer año. Con el tiempo, la organización acumula una base de conocimientos institucional que se va consolidando, lo que la hace más competente con cada incidente que supera.
Argumentos a favor de contratar a un CRO
Cualquier nuevo rol ejecutivo debe demostrar un valor claro. En el caso del CRO, la pregunta es si la inversión en coordinación, análisis y gobernanza realmente genera resultados. Los principales costos de esta función son directos: personal, sistemas de datos y el trabajo de integrar la resiliencia dentro de los procesos de gestión existentes. Los beneficios de la inversión se reflejan en menores pérdidas durante las crisis, recuperación más rápida, mayor confianza entre las partes interesadas, operaciones más estables y un mejor rendimiento financiero.
La inversión en resiliencia difiere de la gestión tradicional de riesgos. Se enfoca en mantener la creación de valor durante una crisis. Las organizaciones que se recuperan rápidamente experimentan menos interrupciones en sus ingresos, retienen a sus clientes y limitan las pérdidas. Incluso cuando es imposible prevenir una crisis, la resiliencia reduce el costo total y su duración. La cuestión no es si la resiliencia crea valor, sino si se gestiona al mismo nivel que otras funciones críticas para el desempeño.
Los argumentos a favor son claros. Cuando se produce una crisis, una empresa resiliente sigue operando mientras sus competidores luchan por recuperarse. Aunque el CRO no genera ganancias directamente, su función protege la capacidad de la organización para obtener resultados bajo presión. El costo de una oficina de resiliencia es modesto en comparación con las pérdidas evitadas, la recuperación del rendimiento y la credibilidad preservada durante una crisis. Cuando se trata como una inversión y no como un gasto operativo, la resiliencia se paga sola cada vez que las operaciones normales se ven amenazadas.
© 2026 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org | Distribuido por: The New York Times Syndicate.
Artículo en inglés
When disruption strikes a modern enterprise, the greatest damage often comes not from the initial event but from how failures spread through connected systems. A technical fault takes down digital infrastructure. That outage halts operations, delays products and services and disrupts customers. Financial losses and regulatory consequences follow. Each failure may start in a specific system, but its effects spread across entire organizations.
Risk leaders evaluate threat, exposure and compliance. Security leaders protect digital infrastructure. Operations leaders ensure performance under normal conditions. Strategy leaders focus on long-term growth. Sustainability leaders address environmental and regulatory dependencies. Each plays an essential role. Yet none is accountable for enterprise resilience.
For that reason, a growing number of companies are establishing chief resilience officer (CResO) roles or equivalent leadership positions. The role reflects recognition that resilience is not simply an operational or technical concern. It is an enterprise governance function that determines whether an organization can quickly recover critical functions and keep performing under adverse conditions.
The Governance Gap Inside Most Organizations
Most enterprises already have extensive risk management, continuity and security capabilities. However, these capabilities are typically siloed:
—Risk teams assess threat, exposure and consequence.
—Security teams protect infrastructure.
—Operations teams maintain throughput and reliability.
—Business continuity teams develop plans and conduct exercises.
Each function may perform effectively within its domain. Yet systemic disruptions reveal the limits of this fragmented approach. Resilience fails not because organizations lack expertise, but because responsibility is spread widely while authority to coordinate organization-wide recovery and adaptation is not.
The CResO addresses this integration challenge directly. The role does not replace existing leaders. It ensures that resilience is governed as an organization-wide capability rather than a collection of independent activities. In practice, this means setting organization-wide resilience standards, aligning recovery objectives across functions and reporting performance to the CEO and board.
How Companies Are Implementing the Role
Several organizations have formalized resilience leadership in response to operational and strategic challenges.
In the financial services sector, where operational disruptions can cascade rapidly through interconnected systems, several companies have added the role. State Street appointed a CResO and executive vice president to oversee continuity across the company’s global custody and asset servicing operations. Goldman Sachs also created the role of head of operational resilience for global markets, to address the challenge of maintaining trading operations, market access and client service continuity across volatile and interconnected financial markets where cascading disruptions are a real risk. Allianz Commercial has placed risk and resilience functions under a chief risk and resilience officer, recognizing that effective resilience requires integration of long-term operational planning.
Pharmaceutical companies are increasingly building resilience into senior leadership, too. Novo Nordisk, one of the world’s largest pharmaceutical manufacturers, established a global head of resilience to coordinate crisis management and business continuity across its global operations.
Beyond individual appointments in private companies, a significant institutional development came out of the United Nations Office for Disaster Risk Reduction’s Network of Corporate Chief Resilience Officers. This network allows participating organizations to develop common frameworks, align priorities and advance integration of resilience practices and positions into business models.
What a CResO Does
The CResO is focused on making sure that an organization can maintain operations and recover quickly when disruption strikes. The starting point is identifying which functions are critical, meaning the services and capabilities the business cannot operate without. These might include production, digital services, customer operations or supply-chain coordination. From there, the focus shifts to understanding what those functions depend on, whether that is internal systems, external suppliers, logistics networks or workforce availability.
The CResO ensures that recovery objectives are clearly defined and that the organization is genuinely prepared to meet them. This means coordinating resilience investments, aligning continuity planning across the business and ensuring that recovery plans reflect how operations actually work. The role also ensures that disruptions become a source of organizational learning. Recovery efforts tend to surface vulnerabilities and coordination gaps that are invisible under normal conditions, and feed those lessons back into planning, making the organization stronger and more resilient over time.
How much authority the CResO holds depends on the industry and the organization’s maturity. In some firms, the role is primarily about connecting risk, continuity and crisis management functions that might otherwise operate in isolation. In others, the office develops analytical tools, such as dependency maps, stress tests and resilience dashboards. In some companies, the CResO may have direct control over crisis-response protocols and resource allocation. Whatever the structure, the role requires real authority to set and enforce resilience standards, make operational decisions during a crisis and report outcomes directly to the CEO and board.
The CResO operates at the intersection of crisis preparedness and value creation, with a mandate that is horizontal rather than vertical. Unlike traditional executives who optimize within defined boundaries, the CResO is responsible for how the organization performs as a whole when it is under pressure. This means coordinating decisions across risk, operations, sustainability, technology and communications, and ensuring that decisions made during a disruption remain aligned with long-term strategic objectives.
Performance is measured in concrete terms. Indicators such as time to detect, time to recover and continuity of critical services reveal how the organization behaves when normal operations fail. A capable CResO can demonstrate meaningful improvements in recovery time after a disruption within the first year. Over time, the organization builds an institutional knowledge base that compounds, making the organization more capable with every event it navigates.
The Business Case for the CResO
Any new executive role must demonstrate clear value. For the CResO, the question is whether the investment in coordination, analytics and governance actually pays off. The main costs of the function are straightforward: staff, data systems, and the work of integrating resilience into existing management processes. The returns on the investment show up in reduced losses during disruption, faster recovery, greater confidence among stakeholders, more stable operations and better financial performance.
Resilience spending differs from traditional risk management. It emphasizes maintaining value creation during disruption. Organizations that recover quickly experience fewer revenue interruptions, retain customers and limit losses. Even when prevention of a crisis is impossible, resilience reduces the total cost and duration of disruption. The question is not whether resilience creates value, but whether it is governed at the same level as other performance-critical functions.
The business case is straightforward. When disruption strikes, a resilient organization keeps delivering while competitors struggle. While the CResO does not generate profit directly, the role protects the organization’s ability to generate profit under stress. The cost of a resilience office is modest compared to avoided losses, recovered performance and the credibility preserved during disruption. Treated as an investment rather than an overhead cost, resilience pays for itself every time normal operations are threatened.
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