Nuestros consejos de gestión favoritos para liderar cuando se siente abrumado
C
ómo evitar el agotamiento cuando usted es el líder “al que todos acuden”
— Priorice sin comprometerse demasiado. Cuando le asignen una nueva tarea, no asuma automáticamente que debe decir que sí. Evalúe cómo encaja con sus prioridades y luego proponga un camino claro a seguir. Haga visibles las compensaciones.
— Aclare la responsabilidad. Si otra persona está mejor posicionada para liderar, o si el liderazgo compartido tiene más sentido, recomiéndelo. La responsabilidad compartida no solo resuelve los problemas de carga de trabajo, sino que también sienta las bases para un liderazgo colaborativo.
— Tenga una conversación sobre capacidad. Si su carga de trabajo se está volviendo insostenible, coméntelo con su jefe. En lugar de decir simplemente que no, aclare las compensaciones estratégicas. Invítelo a priorizar junto con usted.
— Redefina su valor. Ser indispensable puede resultar gratificante, pero también puede frenar su crecimiento. Pregúntese si está diciendo que sí por impacto o por necesidad de validación. Los líderes estratégicos crean espacio para la visión, no solo para la ejecución.
Este consejo es una adaptación de “When You’re the Executive Everyone Relies On — and You’re Burning Out”, de Shanna Hocking.
Fingir entusiasmo es agotador. Aquí le decimos cómo romper ese ciclo
— Tome microdescansos en días sin pausa. Cinco minutos pueden marcar la diferencia. Respirar profundamente, estirarse, observar la naturaleza o conversar brevemente con un colega puede restaurar la energía, mejorar el estado de ánimo e incluso aumentar el rendimiento.
— Gestione sus emociones en el momento. Cuando no pueda alejarse durante una situación estresante, haga una pausa y respire lentamente para reiniciar su mente y su cuerpo. Sea consciente de lo que está sintiendo y luego replantee la situación antes de responder. Incluso reconocer brevemente sus propias emociones (y compartirlas con otros cuando sea apropiado) puede devolverle autenticidad y conexión.
Este consejo es una adaptación de “How ‘Surface Acting’ Drains Leaders — and How to Break the Cycle”, de Gordon M. Sayre et al.
Cómo gestionar un equipo extenso (sin agotarse en el intento)
— Replantee la forma en que trabajan juntos. No dirija a un equipo grande como si fuera uno pequeño. Revise su disponibilidad, su papel en la toma de decisiones y las rutinas del equipo. Establezca nuevas expectativas con su equipo y luego definan en conjunto las normas de trabajo que aclaren cómo colaboran, se comunican y resuelven conflictos.
— Priorice de manera visible. Usted no puede hacerlo todo. Enfóquese en lo que más importa y haga público ese enfoque.
— Delegue con claridad. Escalar no consiste en hacer más, sino en empoderar a otros.
— Simplifique el sistema. El crecimiento suele generar desorden. Audite las herramientas, reuniones y procesos de su equipo. Elimine aquello que los ralentiza. No se complique demasiado: empiece simplemente por eliminar los obstáculos más evidentes.
— Proteja su energía. Usted marca el tono. Utilice una revisión semanal para monitorear su nivel de energía y hacer ajustes antes de que aparezca el agotamiento.
Este consejo es una adaptación de “When You’re Suddenly Managing More People — and Feeling Buried”, de Jenny Fernandez y Kathryn Landis.
Para un mejor desempeño, use su cerebro de manera diferente
— Audite sus patrones cognitivos. No solo registre el tiempo, sino el tipo de pensamiento que está utilizando. ¿Está profundamente concentrado, cambiando de tarea, resolviendo problemas emocionales o simplemente revisando información por encima? Identifique qué agota o agudiza su mente y rediseñe su semana para alinear los momentos de mayor energía con el trabajo profundo.
— Haga visible la recuperación. Incorpore pequeños espacios de descanso después de reuniones intensas, bloquee tiempo de descompresión en su agenda y rote medias jornadas sin reuniones en su equipo.
— Cambie su modo de toma de decisiones. Aléjese, cambie de entorno y replantee el problema. Esto activa su “red de saliencia”, ayudándole a identificar lo que realmente importa.
— Diseñe rutinas para el equipo que permitan trabajar con todo el cerebro. Etiquete las reuniones según el modo cognitivo: concentración, reflexión o conexión. Programe un bloque semanal para todo el equipo en el que no se admitan nuevas aportaciones. Este tiempo debe dedicarse a sintetizar la información existente, no a consumir nueva información.
— Simplifique los sistemas. Realice una auditoría de recursos. ¿Cuántas plataformas, solicitudes o mensajes gestionan los empleados al mismo tiempo? Elimine el desorden, alinee las iniciativas internas con la atención disponible y proteja el tiempo de las personas para el trabajo esencial.
Este consejo es una adaptación de “Stop Overloading the Wrong Part of Your Brain at Work”, de Amy Brann.
Cómo tomar mejores descansos
— Planifíquelos sabiamente. Los descansos cortos y bien distribuidos, especialmente por la mañana o justo después de tareas exigentes, le ayudan a mantener la energía y la concentración durante todo el día.
— Muévase. Caminar, estirarse o realizar cualquier actividad física ligera reactiva su cuerpo y despeja la niebla mental.
— Relaje su mente. La respiración profunda, la atención plena o la relajación muscular progresiva restablecen la función cognitiva y reducen el estrés.
— Priorice la conexión social. Las conversaciones informales y positivas con colegas mejoran el estado de ánimo y fomentan la colaboración.
— Haga algo creativo. Los descansos no tienen que ser inactivos. La lluvia de ideas, la mentoría o la reflexión pueden resultar revitalizantes y productivas.
— Tome el control de su tiempo. Elija actividades de descanso que funcionen para usted, ya sea estar a solas, salir a caminar o realizar una tarea personal breve.
— Atienda asuntos personales. Hacer pequeños mandados o atender necesidades familiares puede reducir la carga mental y ayudarle a reenfocarse.
Este consejo es una adaptación de “A Guide to Taking Better Breaks at Work”, de Kira Schabram y Christopher M. Barnes.
Cómo recuperarse del desgaste emocional del liderazgo
— Reflexione para desarrollar conciencia emocional. Después de un momento difícil, haga una pausa y pregúntese: ¿Qué estoy sintiendo? ¿Dónde lo siento en mi cuerpo? ¿Qué me están diciendo mis emociones? Escriba sus respuestas o grabe una nota de voz. Procesar sus emociones (en lugar de reprimirlas) le ayuda a avanzar sin cargar un peso invisible.
— Reencuadre su perspectiva para cambiarla. Las experiencias emocionalmente difíciles pueden distorsionar la forma en que se ve a sí mismo o su situación. Pregúntese: ¿Cuál es el lado positivo? ¿Cómo podría esto ayudarme a crecer? Reencuadrar no es negar la realidad, sino elegir una narrativa más empoderadora.
— Restáurese para reconstruir su energía. No se puede liderar bien con el tanque vacío. Proteja sus reservas emocionales desconectándose del trabajo, relajándose de manera intencional, aprendiendo algo nuevo y recuperando el control sobre pequeñas partes de su día.
Este consejo es una adaptación de “Leading Is Emotionally Draining. Here’s How to Recover.”, de Dina Denham Smith.
Rechace los objetivos poco realistas (de forma estratégica)
— Replantee la negativa como una priorización. No se trata de lo que no puede hacer, sino de lo que más importa. Presente su negativa como una decisión de liderazgo. Por ejemplo: “Para hacer bien X, tendríamos que pausar Y”.
— Muestre el costo de decir que sí. Haga visibles las compensaciones. Sugiera escuchar directamente a los equipos, cuantifique los límites de recursos y ofrezca alternativas realistas: “No podemos alcanzar el 40%, pero sí podemos lograr un aumento sostenible del 25%”.
— Construya un sistema que respalde la negativa. Forme equipos para poner a prueba las iniciativas antes de aprobarlas. Realice análisis preventivos para identificar riesgos desde etapas tempranas. Defina criterios claros para cancelar proyectos y evitar que se prolonguen más allá de su verdadero valor.
— Modele la negativa estratégica. Marque el tono utilizando datos para respaldar su postura. Céntrese en el riesgo para el negocio, no en la carga de trabajo.
Este consejo es una adaptación de “When You’re Asked to Meet Impossible Goals”, de Luis Velasquez y Jordan Stark.
© 2026 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org | Distribuido por: The New York Times Syndicate.
Artículo en inglés
HOW TO AVOID BURNOUT WHEN YOU’RE THE ‘GO-TO’ LEADER
— Prioritize without overcommitting. When given a new task, don’t default to saying yes. Assess how it fits with your priorities, then suggest a clear path forward. Make trade-offs visible.
— Clarify ownership. If someone else is better positioned to lead, or if co-leadership makes more sense, recommend it. Shared ownership solves more than just bandwidth issues; it sets the tone for collaborative leadership.
— Have a capacity conversation. If your workload is becoming unsustainable, raise it with your boss. Instead of saying no, clarify the strategic trade-offs. Invite them to prioritize with you.
— Redefine your value. Being indispensable can feel good, but it can also stunt your growth. Ask whether you’re saying yes for impact or for affirmation. Strategic leaders create space for vision, not just execution.
This tip is adapted from “When You’re the Executive Everyone Relies On — and You’re Burning Out,” by Shanna Hocking.
FAKING ENTHUSIASM IS EXHAUSTING. HERE’S HOW TO BREAK THE CYCLE
— Take micro-breaks on nonstop days. Five minutes can make a difference. Deep breathing, stretching, looking at nature or chatting briefly with a colleague can restore energy, improve mood and even boost performance.
— Manage emotions in the moment. When you can’t step away during a stressful moment, pause and take a slow breath to reset your mind and body. Notice what you’re feeling, then reframe the situation before you respond. Even briefly acknowledging your own emotions (and sharing them with others when appropriate) can restore authenticity and connection.
This tip is adapted from “How ‘Surface Acting’ Drains Leaders — and How to Break the Cycle,” by Gordon M. Sayre et al.
HOW TO MANAGE A SPRAWLING TEAM — WITHOUT BURNING OUT
— Reset how you work — together. Don’t lead a large team like a small one. Revisit your availability, role in decisions, and team routines. Set new expectations with your team, then cocreate working norms that clarify how you collaborate, communicate and resolve conflict.
— Prioritize visibly. You can’t do it all. Focus on what matters most — and make that focus public.
— Delegate with clarity. Scaling isn’t about doing more — it’s about empowering others.
— Simplify the system. Growth often leads to clutter. Audit your team’s tools, meetings and processes. Eliminate what slows you down. Don’t overengineer — just start by removing obvious friction.
— Protect your energy. You set the tone. Use a weekly check-in to monitor your energy and make adjustments before burnout sets in.
This tip is adapted from “When You’re Suddenly Managing More People — and Feeling Buried,” by Jenny Fernandez and Kathryn Landis.
FOR BETTER PERFORMANCE, USE YOUR BRAIN DIFFERENTLY
—Audit your cognitive patterns. Don’t just track time, but the type of thinking you’re doing. Are you deep in focus, switching tasks, solving emotional problems or skimming? Identify what drains or sharpens your mind, and redesign your week to match peak energy with deep work.
— Make recovery visible. Embed short buffers after intense meetings, block decompression time on your calendar, and rotate meeting-free half-days across your team.
— Switch your decision-making mode. Step away, change environments, and reframe the problem. This activates your “salience network,” helping you spot what truly matters.
— Design team routines for whole-brain work. Label meetings by cognitive mode: focus, reflect, or connect. Schedule one team-wide “no new input” block each week. This should be a time to synthesize existing information, not consume new information.
— Simplify systems. Run an input audit. How many platforms, requests or messages are employees managing in parallel? Cut the clutter, align internal initiatives with available attention, and protect people’s time for core work.
This tip is adapted from “Stop Overloading the Wrong Part of Your Brain at Work,” by Amy Brann.
HOW TO TAKE BETTER BREAKS
— Time them wisely. Short, well-placed breaks — especially in the morning or right after demanding tasks — help you sustain energy and focus throughout the day.
— Get moving. Walking, stretching or any light physical activity re-energizes your body and clears mental fog.
— Relax your mind. Deep breathing, mindfulness or progressive muscle relaxation resets cognitive function and reduces stress.
— Prioritize social connection. Casual, positive conversations with colleagues boost mood and foster collaboration.
— Do something creative. Breaks don’t have to be idle — brainstorming, mentoring or reflecting can be refreshing and productive.
— Take control of your time. Choose break activities that work for you, whether it’s alone time, a walk or a quick personal task.
— Handle personal errands. Running small errands or taking care of family needs can reduce mental load and help you refocus.
This tip is adapted from “A Guide to Taking Better Breaks at Work,” by Kira Schabram and Christopher M. Barnes.
HOW TO RECOVER FROM THE EMOTIONAL DRAIN OF LEADERSHIP
— Reflect to build emotional awareness. After a hard moment, pause and ask yourself: What am I feeling? Where do I feel it in my body? What are my emotions telling me? Write down your answers or record a voice memo. Processing your feelings — not suppressing them — helps you move forward without carrying invisible weight.
— Reframe to change your perspective. Emotionally tough experiences can distort how you see yourself or your situation. Ask: What’s the silver lining? How might this help me grow? Reframing isn’t denial — it’s choosing a more empowering narrative.
— Restore to rebuild your energy. You can’t lead well on an empty tank. Protect your emotional reserves by detaching from work, relaxing intentionally, learning something new and reclaiming control over small parts of your day.
This tip is adapted from “Leading Is Emotionally Draining. Here’s How to Recover.” by Dina Denham Smith.
PUSH BACK ON UNREALISTIC GOALS — STRATEGICALLY
— Reframe refusal as prioritization. It’s not about what you can’t do — it’s about what matters most. Position your refusal as a leadership decision. For example: “To do X well, we’d need to pause Y.”
— Show the cost of saying yes. Make trade-offs visible. Suggest hearing directly from teams, quantify resource limits, and offer realistic alternatives: “We can’t hit 40%, but we can deliver a sustainable 25% increase.”
— Build a system that supports refusal. Assemble teams to stress-test initiatives before they’re approved. Run pre-mortems to surface risks early. Define “kill criteria” so projects don’t drag on past their usefulness.
— Model strategic refusal. Set the tone by using data to back your pushback. Focus on business risk, not bandwidth.
This tip is adapted from “When You’re Asked to Meet Impossible Goals,” by Luis Velasquez and Jordan Stark.
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