Deje de esforzarse en ser su “futuro yo”
E
n los últimos años se ha puesto de moda el concepto de utilizar la visualización como una herramienta para manifestar la versión soñada de nosotros mismos. Pareciera que todos hablan de cómo adoptar una mentalidad de crecimiento y evolucionar.
Existe la sensación de que solo si somos capaces de tomar las decisiones correctas, establecer una red de contactos adecuada, ir a las ferias profesionales correctas, encontrar las prácticas adecuadas y trabajar durante el número correcto de horas adecuado, encontraremos una cierta felicidad. En última instancia, reducimos la búsqueda de la felicidad y la realización profesional a una serie de ecuaciones “plug-and-play”.
Si bien es cierto que necesitamos esfuerzo para crecer y sobresalir en cualquier cosa, el autodescubrimiento y la autocreación son mucho más matizados que eso.
Desde el punto de vista de un filósofo analítico, el yo futuro sólo existe en virtud de no existir todavía. Es indeterminado y siempre está cambiando, y eso está en el corazón del problema.
Si, por ejemplo, usted vincula sus sueños y esperanzas a un objetivo determinado (digamos, ir a una universidad concreta o conseguir unas prácticas en la empresa de sus sueños) no cumplir esas expectativas interrumpe el camino que ha considerado necesario para convertirse en su futuro yo, y eso puede causarle una gran angustia. La interrupción de la continuidad crea un abismo entre su comprensión de quién cree que debería ser y quién es en realidad.
Cuando ata su sentido del yo a objetivos demasiado específicos, puede cerrar involuntariamente la puerta a todo un subconjunto de posibilidades o predisponerse a no aprovechar oportunidades que podrían parecer ajenas a sus objetivos, aunque, en realidad, sean fundamentales para alcanzar la felicidad o la prosperidad.
Para cambiar nuestra mentalidad, primero necesitamos reconocer que nuestras futuras identidades no son aspiraciones, sino juicios metafísicos que imponemos (de forma acrítica o involuntaria) para darle sentido a nuestra propia existencia.
A continuación, debemos aceptar que nuestro yo futuro es indeterminado. Debemos trabajar de forma creativa (más que metódica) para su realización. Si podemos lograrlo, podremos soñar sin consecuencias.
Supongamos que tiene en mente unas prácticas de ensueño, pero se encuentra con una pila de cartas de rechazo. En lugar de permitir que esto perturbe su sentido de identidad, trate de aceptar y aprovechar la experiencia de forma creativa. Piense en ello como una parte de su historia. No hay nada que le impida utilizar el rechazo como motivación para su próximo proyecto. Al integrar la experiencia en su autocomprensión, la elimina como obstáculo para alcanzar sus objetivos futuros.
Se trata de una línea bastante delgada. La forma más sencilla de cambiar nuestra mentalidad es reconocer el “sesgo de positividad”, o la idea de que generalmente estaremos mejor en el futuro. Podemos elegir no ceder a ello. Podemos elegir aceptar que, independientemente de que cumplamos o no las expectativas que inevitablemente establecemos para nuestro yo futuro, tenemos el poder y el libre albedrío para decidir cómo nos relacionamos con nuestro yo en el presente.
© 2025 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org | Distribuido por: The New York Times Syndicate.
Artículo en inglés
In recent years, the concept of using visualization as tool to manifest the dream version of ourselves has come into vogue. Seemingly everyone is talking about how to adopt a growth mindset and evolve.
There’s a sense that if only we are able to make the correct choices, network properly, go to the right career fairs, find the right internships and work for the right number of hours, then and only then will we find some semblance of happiness. Ultimately, we boil down the search for happiness and professional fulfillment to a series of plug-and-play equations.
While it’s true that we need to put in the work to grow and excel at any given thing, self-discovery and self-creation are much more nuanced than that.
From the standpoint of an analytical philosopher, the future self exists only by virtue of not existing yet. It is indeterminate and always in flux — and this is at the heart of the problem.
If, for example, you tie your hopes and dreams to a certain goal — let’s say going to a particular college or landing an internship at your dream firm — failing to fulfill these expectations disrupts the path you have deemed necessary to becoming your future self, and that can cause you great distress. The disruption of continuity creates a gulf between your understanding of who you think you should be and who you actually are.
When you tether your sense of self to overly specific goals, you can unintentionally shut the door on a whole subset of possibilities or predispose yourself to not taking opportunities that might seem extraneous to your goals, even though, in reality, they are foundational to achieving happiness or prosperity.
To shift our mindsets, we first need to recognize that our future selves are not aspirations, but metaphysical judgments that we impose — either uncritically or unintentionally — to make sense of our own existence. Next we must accept that our future selves are indeterminate. We must creatively (rather than methodically) work toward their actualization. If we can do that, we can dream without consequence.
Let’s say you have your mind set on a dream internship, but you find yourself staring at a pile of rejection letters. Instead of allowing this to disrupt your sense of self, you can try to accept and creatively make use of the experience. Think of it as a part of your story. There’s nothing stopping you from using the rejection as motivation in your next endeavor. By weaving the experience into your self-understanding, you remove it as an obstacle to reaching your future goals.
This is a rather fine line to walk. The simplest way to shift our mindsets might come from recognizing the human “positivity bias,” or the disposition that we will generally be better in the future. We can choose not to give into it. We can choose to accept that whether or not we meet the expectations we inevitably set for our future selves, we have the power and free will to decide how we relate to our self in the present.
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