Cómo volver más inclusivo el lenguaje de su organización

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Para crear una cultura verdaderamente inclusiva, usted debe echar un vistazo a cómo la gente en todas las áreas de su empresa está usando el lenguaje.

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os hemos vuelto cada vez más conscientes de lo importante que es el lenguaje para crear culturas de trabajo inclusivas y equitativas. Las palabras importan; muchas palabras y frases pasadas parecen anticuadas e indignantes hoy en día. Sin embargo, el vocabulario profesional moderno todavía contiene términos excluyentes.

Usar un lenguaje excluyente no es solo ofender a otros; la investigación ha demostrado sus efectos nocivos. Por ejemplo, el lenguaje con carga de género refuerza las suposiciones inexactas sobre los roles que hombres y mujeres deberían ocupar en el lugar de trabajo. Un estudio reciente reveló claras evidencias sobre cómo usar lenguaje de género refuerza las narrativas en torno a los roles de género y sugirió que la elección de usar estas palabras específicas podría estar inconscientemente impulsada por estereotipos dañinos. Para crear una cultura verdaderamente inclusiva, usted debe echar un vistazo a cómo la gente en todas las áreas de su empresa está usando el lenguaje. He aquí cuatro pasos para iniciar este proceso:

1. Revise los descripciones de los puestos de trabajo para garantizar la neutralidad del idioma: Las ofertas de trabajo a menudo contienen un lenguaje no neutral que atrae a ciertos solicitantes y repele a otros. Por ejemplo, se ha demostrado que el simplemente usar la palabra “competitivo” disuade a más mujeres que hombres de solicitar un trabajo. Términos como “hacker” o “ninja” en los anuncios de trabajo dificultan que muchas personas se identifiquen con ellos, y también son innecesarios, porque hay alternativas neutras y más ampliamente entendidas (como “programador” o “ingeniero de software”).

Asegúrese de que sus reclutadores y gerentes de contratación bajan la velocidad, ponen atención al lenguaje que usan al redactar los anuncios de trabajo y eliminan cualquier término no neutral. Nuevos productos de inteligencia artificial se están poniendo a disposición para ayudar con este proceso. Google ya está ofreciendo ayuda para un lenguaje neutral en materia de género a los usuarios, al sugerir alternativas a los términos con carga de género.

2. Cree una lista de palabras y términos prohibidos: El lenguaje utilizado en la promoción de los productos, en última instancia, se dirige a los clientes a través de numerosos puntos de contacto, desde el momento de la distribución hasta la comercialización y la adquisición. Las empresas globales se encuentran en una posición privilegiada y pueden dar forma a la sociedad (tanto de manera positiva como negativa) a través del lenguaje que utilizan. Tenga una lista en evolución de palabras prohibidas para el ciclo de desarrollo del producto, incluyendo términos como “los ancianos”, “horas-hombre” o “loco”, con consideración también a las frases que refuerzan estereotipos inútiles.

3. Cree una guía para el lenguaje inclusivo: Adaptarse al uso de un lenguaje inclusivo nos ofrece la oportunidad de crecer y convertirnos en mejores comunicadores. También ayuda a líderes y empleados a convertirse en mejores aliados. Empareje la orientación interna de la empresa con consejos prácticos que la empresa pueda poner en práctica de inmediato (por ejemplo, una guía de referencia de vocabulario inclusivo) y con herramientas sencillas, como la función de “lenguaje inclusivo” disponible en Microsoft Office. Esta característica sugiere alternativas neutrales a los términos sesgados utilizados en las comunicaciones profesionales.

4. Aproveche el efecto mensajero: Elija embajadores altamente visibles en la empresa para apoyar sus iniciativas de lenguaje inclusivo. Estas personas podrían ser colegas en la cima de la organización o aquellas que tienen un amplio poder blando. El que una persona visible actúe hace que otras sean mucho más propensas a seguir su ejemplo.

Mientras diseña los planes de lenguaje inclusivo de su empresa, tenga en cuenta que las mejores prácticas cambian constantemente. Un enfoque inspirado e informado por personas de todos los niveles de la organización puede ayudarlo a mantenerse al día con las últimas evoluciones y preferencias lingüísticas. También lo pondrá con el pie correcto para salir adelante y liderar a otros en este movimiento crucial.

© 2025 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org  |  Distribuido por: The New York Times Syndicate.

Artículo en inglés

We’ve all become increasingly aware of how important language is in creating inclusive and equitable work cultures. Words matter; many bygone words and phrases seem old-fashioned and shocking today. Yet, the modern-day professional vocabulary still contains exclusionary terms.

Using exclusionary language isn’t just about offending others; research has shown its harmful effects. For example, gender-loaded language reinforces inaccurate assumptions about the roles that men and women should occupy in the workplace. One recent study revealed clear evidence on how using gendered language reinforces narratives around gender roles and suggested that the choice to use these specific words could be unconsciously driven by harmful stereotypes. To create a truly inclusive culture, you must take a hard look at how people in all areas of your company are using language. Here are four steps to start this process:

— REVIEW JOB POSTINGS TO ENSURE LANGUAGE NEUTRALITY: Job postings often contain nonneutral language that attracts certain applicants and repels others. For example, simply using the word “competitive” has been shown to deter more women than men from applying for a job. Terms like “hacker” or “ninja” in job postings are not only hard for many people to identify with, they’re also unnecessary because neutral and more widely understood alternatives (such as “programmer” or “software engineer”) are available.

Make sure your recruiters and hiring managers slow down, pay attention to the language they use when drafting job postings and remove any nonneutral terms. New artificial intelligence products are becoming available to help with this process. Google is already offering users help with gender-neutral language by suggesting alternatives to gendered terms.

— CREATE A LIST OF FORBIDDEN WORDS AND TERMS: Language used in product branding ultimately funnels down to customers through its many contact points, from distribution to marketing to procurement. Global companies are in a privileged position and can shape society — in both positive and negative ways — through the language they use. Maintain an evolving list of barred words for the product development cycle, including terms like “the elderly,” “man-hours,” “bugger,” or “crazy,” with consideration also given to catchphrases that reinforce unhelpful stereotypes.

— CREATE A GUIDE TO INCLUSIVE LANGUAGE: Adapting to the use of inclusive language offers us a chance to grow and become better communicators. It also helps leaders and employees become better allies. Pair internal company guidance that includes practical tips your company can put into immediate action (for example, an inclusive vocabulary reference guide) with straightforward tools, such as the “inclusive language” feature available in Microsoft Office. This feature suggests neutral alternatives to biased terms used in professional communications.

— LEVERAGE THE MESSENGER EFFECT: Choose highly visible ambassadors in the company to support your inclusive language initiatives. These people may be colleagues at the top of the organization or those who have ample soft power. Having a visible person take action makes others much more likely to follow suit.

As you craft your company’s inclusive language plans, be aware that best practices constantly change. An approach that is inspired and informed by people across all levels of the organization can help you stay current with the latest language evolutions and preferences. It will also put you on the right foot to get ahead and lead others in this crucial movement.

Autores

Sobre el Autor

Es investigadora de ciencias del comportamiento en la London School of Economics, donde Grace Lordan es profesora asociada.