Las nuevas reglas de la ropa de trabajo
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ualquiera que haya trabajado en un entorno corporativo ha aprendido las reglas verbales y tácitas de la vestimenta laboral. Desde trajes y tacones caros hasta estilos y colores tenues, muchos de nosotros cumplimos diligentemente con esas expectativas para ascender en nuestras carreras, una realidad que es especialmente cierta para las mujeres. La vestimenta tradicional de negocios es segura, y las reglas de etiqueta a menudo se aplican de manera selectiva e injusta según la reputación, las relaciones o los resultados comerciales de la persona. Sin embargo, después de acostumbrarnos a atuendos más informales para trabajar desde casa durante la pandemia de COVID-19, nuestra tolerancia a la conformidad (y la incomodidad) ha cambiado.
¿Ha estado repensando su atuendo de trabajo conforme regresa a la oficina, pero le preocupa lo que pensarán los demás? He aquí algunos pasos a probar si está considerando hacer un cambio:
— Observe a los demás: Si le parece arriesgado hacer un cambio de vestuario de forma independiente, observe a los demás en la oficina y vea cómo se visten. No tiene que seguir lo que otros están haciendo, pero ver a otros dar esos primeros pasos puede animarlo a hacer cambios usted mismo. Observe los límites también. Busque los matices en cómo y cuándo las personas se visten informalmente.
— Experimente y evalúe: ¿Qué pasa si sus colegas no están cambiando notablemente su atuendo, pero usted siente que debería hacerlo? Tome la iniciativa: Pruebe un cambio en particular y evalúe cómo responden los demás. Quizá deje de llevar corbata. Observe cómo (o si) reaccionan las personas.
— Busque las ventajas: Si teme que vestirte de manera más informal pueda hacer que parezca menos exitoso ante tus compañeros o clientes, la fascinante investigación de “The Red Sneakers Effect: Inferring Status and Competence From Signals of Nonconformity” postuló esto: “Los comportamientos disconformes, como señales visibles y costosas, pueden actuar como una forma particular de consumo y conducen a inferencias positivas de estatus y competencia a los ojos de los demás”.
Por ejemplo, usar tenis para ir a la oficina podría hacerlo lucir aún más exitoso que si usara lo que los demás utilizan normalmente. Sin embargo, este efecto solo ocurre cuando es obvio que el comportamiento es intencional en lugar de un error al interpretar el código de vestimenta. Y lo que cuenta como “intencional” está en el ojo del espectador. Por eso le recomiendo empezar por la observación y la experimentación.
— Deje que brille su luz: Ahora es el momento de que establezca su propio código de vestimenta. La autenticidad envía un mensaje poderoso, y lo que estamos viendo ahora es que la comodidad también lo hace. Los ejecutivos de negocios pueden marcar la pauta, demostrando a los demás cómo está cambiando el código de vestimenta de la oficina. También pueden discutir los límites, de forma que nadie quede atrapado en el medio.
Mientras continuamos nuestro regreso a la oficina, tenemos una oportunidad única de reescribir las reglas de etiqueta de la oficina. ¿Qué conductas mantendremos? ¿Qué prácticas obsoletas ya no nos sirven? Formemos nuevas reglas que creen espacio para que las personas traigan su auténtico yo a la oficina. Como resultado, nos sentiremos más realizados y confiados, y nuestros pies nos lo agradecerán.
© 2025 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org | Distribuido por: The New York Times Syndicate.
Artículo en inglés
Anyone who has worked in a corporate environment has learned the spoken and unspoken rules of workplace attire. From expensive suits and heels to subdued colors and styles, many of us dutifully fulfilled those expectations in order to move up in our careers — a reality that is especially true for women. Traditional business attire is safe, and the rules of etiquette are often selectively and unfairly enforced depending on someone’s reputation, relationships or business results. But after getting accustomed to more casual work-from-home outfits during the COVID-19 pandemic, our tolerance for conformity — and discomfort — has changed.
Have you been rethinking your work attire as you transition back into the office, but you’re worried about what others will think? Here are a few steps to try if you’re considering making a change:
— OBSERVE OTHERS: If it feels risky to independently make a wardrobe change, look at others in your office and observe how they dress. You don’t have to follow what others are doing, but seeing others take those first steps may embolden you to make changes yourself. Observe the boundaries as well. Look for the nuances in how and when people dress down.
— EXPERIMENT AND EVALUATE: What if your colleagues aren’t noticeably changing their attire, but you feel that you should? Take the lead: Try out one particular change and evaluate how others respond. Perhaps you stop wearing a tie. Observe how (or if) people react.
— LOOK FOR THE ADVANTAGES: If you fear that dressing down might make you appear less successful to your peers or clients, fascinating research in “The Red Sneakers Effect: Inferring Status and Competence From Signals of Nonconformity” posited this: “Nonconforming behaviors, as costly and visible signals, can act as a particular form of conspicuous consumption and lead to positive inferences of status and competence in the eyes of others.”
For example, wearing sneakers to the office might make you look even more successful than if you wore what others normally wear. However, this effect only happens when it’s obvious that the behavior is intentional instead of a misjudgment of the dress code. And what counts as “intentional” is in the eye of the beholder. That is why I recommend you start with observation and experimentation.
— LET YOUR LIGHT SHINE: Now, it’s time for you to set your own dress code. Authenticity sends a powerful message, and what we are seeing now is that comfort does as well. Business executives can set the tone by demonstrating to others how the office dress code is changing. They can also discuss the boundaries so that no one gets caught in the middle
As we continue our return to the office, we have a unique opportunity to rewrite the rules of office etiquette. What behaviors will we keep? Which outdated practices no longer serve us? Let’s form new rules that create space for others to bring their authentic selves to the office. As a result, we’ll feel more fulfilled and confident, and our feet will thank us.
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