Lo que las empresas más productivas hacen de manera diferente
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as mejoras en la productividad laboral han sido el motor del poder económico y la prosperidad de los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en los últimos 15 años, el crecimiento de la productividad ha flaqueado, promediando apenas 1.4% anual, en comparación con las tasas a largo plazo de 2.2 % desde 1948.
Estas pequeñas diferencias se suman: Si Estados Unidos puede volver a la tendencia a largo plazo, ello podría representar $10 billones de dólares en PIB acumulativo para el 2030.
Para los líderes empresariales que buscan desbloquear el rendimiento, hay algo que aprender al observar a las empresas en la parte superior del bloque de productividad. Estas firmas vanguardistas tienen en común un libro de jugadas con los siguientes cuatro elementos:
1. Capturan valor de la digitalización.
Desde 1989 hasta 2019, nuestra investigación encuentra una fuerte correlación entre el crecimiento de la productividad y el nivel de digitalización de los sectores. Las firmas vanguardistas son más capaces de innovar tecnológicamente.
Muchas empresas que invierten en tecnología no ven sus beneficios. La investigación de McKinsey revela que las empresas generalmente obtienen solo alrededor del 25% y el 30% del valor esperado de sus transformaciones digitales. Gran parte del déficit proviene de no actualizar adecuadamente la estrategia y el modelo comercial de la empresa para aprovechar las nuevas fortalezas digitales.
Las firmas vanguardistas establecen objetivos comerciales audaces habilitados por la tecnología. Reconfiguran sus organizaciones para digitalizar sus operaciones y capturar los beneficios de la tecnología, en lugar de aumentar las formas de trabajo existentes. Además, impulsan en toda la organización la responsabilidad respecto a los resultados.
2. Invierten en intangibles.
Las firmas vanguardistas van más allá de las inversiones en tecnología y también apuestan por intangibles complementarios como la I+D, la propiedad intelectual y las capacidades de su fuerza laboral. Nuestra investigación encuentra que las firmas vanguardistas invierten 2.6 veces más en intangibles, en comparación con otras empresas.
Para muchas de estas empresas, adoptar una perspectiva a largo plazo es fundamental. Estas inversiones probablemente crean una curva de productividad en J, donde los primeros beneficios de las inversiones son pequeños, pero se acumulan rápidamente con el tiempo para crear un valor descomunal a largo plazo.
3. Construyen una fuerza laboral preparada para el futuro.
Las firmas vanguardistas también aseguran de manera desproporcionada el talento calificado que necesitan para aprovechar al máximo la tecnología, ya sea atrayendo a los mejores talentos o mediante una inversión interna en las habilidades de los empleados.
Tanto el talento de primera línea como los ejecutivos expertos en tecnología son necesarios para navegar con éxito la reconfiguración de empresas complejas. Los líderes están ganando la guerra del talento al reconocer el valor de la experiencia de los empleados, invirtiendo en programas de capacitación en el trabajo y ampliando las políticas que facilitan que tanto los padres como los trabajadores de mayor edad permanezcan en la fuerza laboral.
4. Adoptan un enfoque sistémico.
Las firmas vanguardistas suelen ser pensadoras de sistemas, y buscan oportunidades para acceder a nuevos mercados o colaborar creativamente con las partes interesadas.
Las empresas de alto rendimiento tienden a estar más conectadas con las cadenas de valor globales, lo que les da acceso a los mercados, las ideas y el talento globales. Colaboran con proveedores y clientes para formar nuevos ecosistemas que se benefician de los efectos de la aglomeración y crean reservas de valor compartidas. También buscan oportunidades para colaborar más de cerca con sus contrapartes del sector público para resolver los desafíos de talento calificado e infraestructura física.
Ni el tamaño ni el sector son la medida completa del destino de una empresa. En última instancia, los cambios en la estrategia y la gestión de la empresa tendrán que generar las ganancias en productividad necesarias para volver a la tendencia a largo plazo y capturar el premio de $10 billones de dólares.
© 2025 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org | Distribuido por: The New York Times Syndicate.
Artículo en inglés
Improvements in labor productivity have been the engine of U.S. economic power and prosperity since World War II. But in the past 15 years, productivity growth has faltered, averaging just 1.4% annually, compared to long-term rates of 2.2% since 1948.
These small differences add up: If the United States can get back to the long-term trend, it could be worth $10 trillion in cumulative GDP by 2030.
For business leaders looking to unlock performance, there’s something to be learned by observing the companies at the top of the productivity heap. These frontier firms have in common a playbook with the following four elements:
THEY CAPTURE VALUE FROM DIGITIZATION.
From 1989 to 2019, our research finds a strong correlation between sectors’ productivity growth and their level of digitization. Frontier firms are better able to technologically innovate than their peers.
Many firms investing in technology are not seeing its benefits. McKinsey research finds that firms typically realize only about 25% to 30% of the expected value of their digital transformations. Much of the shortfall comes from not properly updating the firm’s strategy and business model to take advantage of new digital strengths.
Frontier firms set bold business goals enabled by technology. They reconfigure their organizations to digitize their operations and capture the benefits of technology, rather than augment existing ways of working. And they drive accountability for results across the organization.
THEY INVEST IN INTANGIBLES.
Frontier firms go beyond technology investments and also place bets on complementary intangibles such as R&D, intellectual property and the capabilities of their workforce. Our research finds that frontier firms invest 2.6x more in intangibles compared to other firms.
For many of these firms, taking a long-term perspective is critical. These investments likely create a productivity J-curve, in which the early benefits of investments are small, but compound rapidly over time to create outsized long-term value.
THEY BUILD A FUTURE-READY WORKFORCE.
Frontier firms also disproportionately secure the skilled talent they need to get the most out of technology, either by attracting top talent or by an in-house investment in employee skills.
Both front line talent and tech-savvy executives are necessary to successfully navigate the reconfiguration of complex firms. Leaders are winning the talent war by recognizing the value of employee experience, investing in on-the-job training programs and expanding policies that make it easier for parents and aging workers alike to stay in the labor force.
THEY ADOPT A SYSTEMS APPROACH.
Frontier companies are typically system thinkers, looking for opportunities to access new markets or collaborate creatively with stakeholders.
High-performing firms tend to be more connected to global value chains, giving them access to global markets, ideas and talent. They collaborate with suppliers and customers to form new ecosystems that benefit from agglomeration effects and create shared pools of value. They also look for opportunities to collaborate more closely with their public-sector counterparts to solve for challenges in skilled talent and physical infrastructure.
Neither size nor sector is the full measure of a company’s destiny. Ultimately, changes in firm strategy and management will have to deliver the gains in productivity needed to get back on the long-term trend and capture the $10 trillion prize.
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