Reglas para la empatía
E
n agosto de 2021, mi empleador, el Massachusetts Institute of Technology, anunció que toda la instrucción sería en persona, con vacunación y pruebas regulares. Los estudiantes llevaban cubrebocas. A los profesores se les pidió que enseñaran sin cubrebocas, una directiva que todos parecían ignorar.
La semana después de que el MIT comenzara las clases, di el discurso de bienvenida a los alumnos de primer año en el Boston College. Allí, me dijeron, no se permitían máscaras en el campus. Di la conferencia por medio de Zoom, mi presencia electrónica fue una afrenta.
Así fue, a lo largo de oficinas e industrias, corporaciones y jurisdicciones legales (un mosaico de protocolos de higiene y trabajo). Emile Durkheim, a quien he estudiado desde que yo era una alumna de licenciatura que trataba de entender los cambios sociales de la década de 1960, llamaría a esta nueva normalidad una anomia: un estado desestabilizado y desestabilizador cuando las reglas y los generadores de reglas pierden legitimidad. Es lo que sentimos cuando nos enfrentamos a un virus que juega según un conjunto de reglas, políticos que juegan según otro y una vida profesional que procede independiente de ambos. Y cuando enfrentamos todo esto en aislamiento social.
La práctica de la empatía puede ayudarnos a navegar este período. Parte de la humildad radical: “No sé cómo te sientes, pero estoy aquí para escuchar”. La humildad radical es la primera de cuatro prácticas de empatía que pueden ayudarnos a alejarnos de la anomia y dar forma a la “nueva normalidad”. Son fundamentales para el bienestar emocional y social:
1. Abrazar el desconocimiento: No puede ponerse en la situación de otra persona si tiene ideas preconcebidas sobre sus contornos. Esto no es fácil. Estamos entrenados para relacionarnos con los demás expresando lo que pensamos que compartimos con ellos: “Oh, perdiste tu trabajo. Sé lo duro que es eso; ¡Yo también perdí el mío!” Es lo contrario (la estrategia de no saber) lo que lo deja abierto a la verdad de las cosas. Retroceda y reconozca que no necesariamente sabe lo que otra persona está pensando o sintiendo. Deténgase, observe, escuche y permanezca abierto.
2. Abrazar la diferencia radical: La empatía no empieza con un tranquilizador “soy como tú”. Al contrario, la empatía acepta la fricción. Los colegas pueden tener profundos desacuerdos. La empatía no se trata de ser reacio a los conflictos, es ruidosa porque la gente lo es. Para ser empáticos, debemos estar dispuestos a entrar ahí, asumir el conflicto y aprender a luchar limpio. Se trata de un compromiso total, incluso cuando es incómodo.
3. Abrazar el compromiso: La empatía implica que hará el trabajo necesario para comprender no solo el lugar de donde viene la persona, sino su problema. Es una disciplina de respeto básico, tanto personal como cívico. Usted tiene un interés en ayudar a su vecino a mejorar las cosas. No se puede aburrir ni alejarse.
4. Abrazar la comunidad: La empatía no es altruista. Amplía a quienes la ofrecen y los une a los demás. Combate la anomia. Si a usted lo han escuchado, y las reglas que le han pedido seguir toman en cuenta su situación, se siente parte de algo más grande que usted mismo.
Estas cuatro prácticas, que abarcan el no saber, la diferencia radical, el compromiso y la comunidad, cultivan el respeto por los demás. Y si respeta a los demás, no solo será un mejor colega, sino un mejor ciudadano.
© 2025 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org | Distribuido por: The New York Times Syndicate.
Artículo en inglés
In August 2021, my employer, the Massachusetts Institute of Technology, announced that all instruction would be in person, with vaccination and regular testing. Students would wear face coverings. Faculty were asked to teach without masks, a directive everyone seemed to ignore.
The week after MIT began classes, I gave the freshman convocation address at Boston College. There, I was told, no masks were allowed on campus. I lectured by Zoom, my electronic presence an affront.
So it was, across offices and industries, corporations and legal jurisdictions — a patchwork of hygiene and work protocols. Emile Durkheim, whom I’ve studied since I was an undergraduate trying to understand the social changes of the 1960s, would call this new normal anomie — a destabilized and destabilizing state when rules and rule givers lose legitimacy. It’s what we feel when we face a virus that plays by one set of rules, politicians who play by another and a professional life that proceeds independent of each. And when we face all of this in social isolation.
The practice of empathy can help us navigate this period. It starts from radical humility: “I don’t know how you feel, but I’m here to listen.” Radical humility is the first of four empathy practices that can help us move away from anomie and shape the new “new normal.” They are fundamental to emotional and social well-being:
— EMBRACE NOT KNOWING: You can’t put yourself into someone else’s situation if you have preconceptions about its contours. This isn’t easy. We’re trained to relate to others by expressing what we think we share with them: “Oh, you lost your job. I know how tough that is; I lost mine as well!” It’s the opposite — the strategy of not knowing — that leaves you open to the truth of things. Step back and recognize that you don’t necessarily know what someone else is thinking or feeling. Stop, look, listen and stay open.
— EMBRACE RADICAL DIFFERENCE: Empathy doesn’t start with a reassuring “I’m like you.” On the contrary, empathy accepts friction. Colleagues may have profound disagreements. Empathy is not about being conflict-averse — it’s noisy because people are. To be empathetic, we must be willing to get in there, own the conflict and learn how to fight fair. It’s about full engagement, even when it is uncomfortable.
— EMBRACE COMMITMENT: Empathy implies that you will do the work necessary to comprehend not just the place the person is coming from, but their problem. It’s a discipline of basic respect, both personal and civic. You have a stake in helping your neighbor make things better. You can’t get bored or turn away.
— EMBRACE COMMUNITY: Empathy isn’t altruistic. It enlarges those who offer it and binds them to others. It fights anomie. If you’ve been heard, and the rules you’ve been asked to follow take your situation into account, you feel part of something larger than yourself.
These four practices — embracing not knowing, radical difference, commitment and community — cultivate a respect for others. And if you respect others, you’ll not only be a better colleague, you’ll be a better citizen.
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