A la luz de las sanciones contra Rusia, considere sus condiciones para los negocios internacionales
D
esde la primera semana de la invasión rusa a Ucrania, los gobiernos de todo el mundo aprobaron algunas de las sanciones más duras y coordinadas de la historia moderna. Se prohibieron los tratos con el Banco Central de Rusia, se interrumpieron los viajes rusos en el espacio aéreo de 33 países, se detuvieron proyectos multimillonarios, y poderosos miembros del círculo íntimo del presidente ruso Vladimir Putin fueron sancionados individualmente.
Las consecuencias inmediatas para las empresas que trabajan e invierten en Rusia han cambiado permanentemente el futuro entorno empresarial de dicho país, independientemente del resultado de la invasión. La situación en Rusia podría ser la primera vez que hemos visto que las sanciones desencadenan una rápida autosanción de los negocios, pero es poco probable que sea la última. Aunque la situación se mueve rápidamente, ya hemos sido testigos de una serie de tendencias iniciales que se trasladarán a futuros conflictos y crisis:
— Diplomacia por medio de canales extraoficiales: Hablar informalmente con los gobiernos siempre ha sido parte de hacer negocios en casi todos los países. Después de la invasión rusa de Ucrania (y las subsecuentes sanciones occidentales), la diplomacia corporativa extraoficial debería volverse un elemento aún más importante de la estrategia comercial internacional. Sin embargo, establecer un diálogo es sólo el primer paso en cómo deben prepararse las empresas: la forma en que integran esta información en su estrategia de riesgo político puede significar la diferencia entre una salida exitosa y un fracaso arraigado en el momento de la crisis.
Las empresas que trabajan en Rusia han visto cómo sus negocios se trastocan, y muchas han adoptado posturas sorprendentemente fuertes. Antes de que ocurra un conflicto, las empresas con visión de futuro deben reexaminar sus riesgos políticos y evaluaciones, además de prepararse para crisis que requieran decisiones inmediatas.
— Política, posiciones y ética: Si bien la división entre negocios y política siempre fue menos marcada de lo que la mayoría quería creer, los líderes empresariales ahora necesitan justificar las posiciones éticas de sus propias empresas, además de la política de sus socios (o países socios).
Cuando ocurren eventos políticos o crisis, las empresas suelen gravitar hacia el pensamiento de corto plazo. Sin embargo, las empresas que no estén preparadas pueden sufrir durante años o décadas si hacen un cálculo estratégico equivocado acerca de quedarse o irse. Si las acciones de Rusia en contra de Ucrania son suficientes para justificar una retirada, ¿qué significa esto para las empresas que trabajan en países con regímenes con abusos de derechos humanos aún mayores?
— Sanciones futuras: Para la mayoría de las empresas con inversiones y operaciones rusas, la invasión de Ucrania es trágica pero no totalmente inesperada, especialmente para las empresas que trabajaban en Rusia cuando invadió Ucrania en 2014. Los líderes empresariales comprendieron los riesgos de hacer negocios en Rusia y presenciaron incursiones pasadas y terribles abusos de los derechos humanos. Aun así, incluso las empresas con planes de contingencia se sorprendieron de la rapidez con la que todo cambió. A diferencia del pasado, estas sanciones fueron rápidas y severas, obligando a las empresas a tomar decisiones más rápidas.
La invasión rusa de Ucrania cambió el papel de la comunidad empresarial en su respuesta a las sanciones. En particular, muchas empresas se han autoimpuesto sanciones, restricciones y retiradas más allá de lo que exigen las sanciones gubernamentales. Algo aún más importante, estas respuestas ilustran un nuevo enfoque operativo para las empresas que hacen negocios en otros países con reprobables violaciones a los derechos humanos. Las empresas que se retiran de Rusia y de los mercados rusos están escuchando a sus accionistas y buscando alinear sus prácticas comerciales con los valores de sus clientes.
Cualquiera que sea la resolución del conflicto entre Rusia y Ucrania, los líderes empresariales necesitan entender que el mundo ha cambiado. El desafío para los gerentes no solo implica estar listos para las consecuencias de Rusia, sino también desarrollar una estrategia sólida ante el próximo país que rompa el orden internacional y se lance al conflicto.
© 2025 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org | Distribuido por: The New York Times Syndicate.
Artículo en inglés
Within one week of Russia’s invasion of Ukraine, governments worldwide passed some of the toughest and most coordinated sanctions in modern history. Dealings with the Russian Central Bank were banned, Russian travel in 33 countries’ airspace was halted, billion-dollar projects were stopped, and powerful members of Russian President Vladimir Putin’s inner circle were individually sanctioned.
The immediate consequences for companies working and investing in Russia have permanently changed Russia’s future business environment, regardless of the outcome of the invasion. The situation in Russia may be the first time we’ve seen sanctions trigger a rapid self-sanctioning from business, but they are unlikely to be the last. While the situation is fast-moving, we have already witnessed a series of initial trends that will carry forward into future conflicts and crises:
— BACKCHANNEL DIPLOMACY: Talking informally with governments has always been a part of doing business in almost every country. After the Russian invasion of Ukraine — and Western sanctions in response — backchannel corporate diplomacy should now become more central to international business strategy. But establishing a dialogue is only the first step in how companies should prepare; how they integrate this information into their political risk strategy can mean the difference between successful exit and entrenched failure at the moment of crisis.
Companies working in Russia have seen their businesses upended, and many have taken surprisingly strong stands. Before a conflict occurs, forward-thinking companies should reexamine their political risks and valuation assessments and prepare for crises that require immediate decisions.
— POLITICS, POSITIONS AND ETHICS: While the division between business and politics was always less stark than most wanted to believe, business leaders now need to justify their own firm’s ethical positions in addition to the politics of their partners (or partner countries).
When political events or crises occur, firms often gravitate to short-term thinking. But unprepared firms can suffer for years or decades if they make the wrong strategic calculation about whether they should stay or go. If the actions of Russia against Ukraine are sufficient to justify a disengagement, what does this mean for firms working in countries with regimes with even greater human rights abuses?
— FUTURE SANCTIONS: For most firms with Russian investments and operations, the invasion of Ukraine is tragic but not wholly unexpected — especially for firms that were working in Russia when it invaded Ukraine in 2014. Business leaders understood the risks of doing business in Russia and witnessed past incursions and horrific human rights abuses. Still, even firms with contingency plans were surprised by how quickly everything changed. Unlike in the past, these sanctions were swift and severe, forcing firms to make more rapid decisions.
The Russian invasion of Ukraine changed the business community’s role in its response to sanctions. Most notably, many firms have self-imposed sanctions, restrictions and withdrawals beyond what government sanctions require. But even more important, these responses illustrate a new operational approach for companies doing business in other countries with reprehensible human rights violations. Companies withdrawing from Russia and Russian markets are listening to their stakeholders and looking to align their business practices with the values of their customers.
Whatever the resolution of the Russia-Ukraine conflict, business leaders need to understand that the world has changed. The challenge for managers is to be ready not just for the Russia fallout but to develop a sound strategy for the next country that breaks international order and launches into conflict.
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