Investigación: Cuándo es el momento de dejar una carrera que le apasiona
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esde los discursos de graduación hasta las columnas de consejos profesionales, el llamado a “seguir su pasión” está en todas partes. Pero una gran cantidad de investigaciones muestra que no solemos acertar en el primer intento. Perseguir una pasión puede dejarlo agotado o desalineado con la persona en la que usted se ha convertido.
Entonces, ¿por qué es tan difícil para las personas renunciar a algo que les apasiona (o les apasionaba)?
En nuestra investigación recién publicada, revelamos una barrera clave: la preocupación por ser juzgado al abandonar la búsqueda de la pasión. Ya sea un profesor que se replantea seguir en las aulas o una enfermera que piensa en dejar la medicina, a las personas les preocupa que los demás las vean como inmorales e incompetentes por renunciar a su pasión.
Pero aquí está el giro: esos temores suelen estar infundados.
En un estudio, pedimos a empleados de tiempo completo que sentían pasión por su trabajo que imaginaran dejarlo. Luego les pedimos que predijeran cómo otros juzgarían su carácter moral y su competencia por tomar esa decisión. En una muestra separada de participantes, pedimos a observadores externos que evaluaran a esos mismos profesionales por abandonar su pasión.
La diferencia fue sorprendente: quienes perseguían una pasión esperaban ser juzgados mucho más duramente de lo que realmente lo fueron por renunciar a su pasión actual. Descubrimos que este efecto era exclusivo de abandonar una pasión. En concreto, cuando se pidió a las personas que pensaran en dejar un trabajo por el que sentían menos pasión (algo más parecido a un empleo que se hace solo para pagar las cuentas), sus expectativas de juicio coincidían con la forma en que los demás los juzgaban realmente por renunciar.
¿A qué se debe esta desconexión? Descubrimos que quienes perseguían una pasión rumiaban sobre todas las razones por las cuales alejarse de su primera pasión significaba que eran un fracaso. En contraste, los observadores (libres del peso emocional de la decisión) tenían una visión diferente: eran más propensos a ver el hecho de renunciar como una oportunidad de volver a involucrarse con algo mejor alineado con la pasión de la persona.
Fundamentalmente, descubrimos que estos juicios negativos anticipados no solo afectaban las narrativas internas de las personas, sino que también moldeaban la forma en que pensaban comportarse. En un estudio con estudiantes de doctorado altamente apasionados por sus estudios, descubrimos que cuanto más temían ser juzgados por abandonar su doctorado, menos probable era que tuvieran la intención de hablar sobre condiciones explotadoras o injustas en sus programas. Hablar sobre tales condiciones sugiere insatisfacción con la propia búsqueda de la pasión, lo cual pudo haber llevado a los estudiantes a preocuparse de que hablar se interpretara como alejarse de su pasión actual. Este patrón no es exclusivo de la academia: observamos dinámicas similares entre muestras de maestros y enfermeras.
En otro estudio, encontramos una manera de reducir este miedo al juicio. Reclutamos a maestros que son (o alguna vez fueron) apasionados por su trabajo y que habían pensado en dejar la enseñanza en los últimos 12 meses. A la mitad de ellos les dijimos que las personas sobrestiman lo severamente que los observadores los juzgarán por dejar su pasión por el trabajo.
Después de brindar esta información, medimos sus intenciones de comportamiento 14 días después y descubrimos que tenían la intención de participar en más acciones relacionadas con el abandono que el grupo de control, como crear un plan para renunciar y encontrar un asesor de currículum. Por lo tanto, dotar a las personas del conocimiento de que sus preocupaciones sociales por renunciar a algo son infundadas puede ayudarlas a dar el salto para perseguir su próxima pasión.
© 2025 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org | Distribuido por: The New York Times Syndicate.
Artículo en inglés
From commencement speeches to career advice columns, the call to “follow your passion” is all around us. But a wealth of research shows that we don’t often get it right on the first try. Pursuing a passion can leave you burned out or misaligned with who you’ve become.
So, why is it so difficult for people to give up on something that they are — or were — passionate about?
In our newly published research, we reveal one key barrier: worrying about being judged for walking away from a pursuit of passion. Whether it’s a teacher reconsidering the classroom or a nurse thinking about leaving medicine, people worry that others will see them as immoral and incompetent for quitting their passion.
But here’s the twist: these fears are often misplaced.
In one study, we asked full-time employees who were passionate about their work to imagine giving up on it. We then asked them to predict how others would judge their moral character and competence for making that choice. In a separate sample of participants, we asked third-party observers to evaluate these same professionals for giving up on their passion.
The difference was striking: Passion pursuers expected to be judged far more harshly than they were actually judged for giving up on their current passion. We found this effect was unique to giving up on a passion. Specifically, when people were asked about giving up on work they were less passionate about (something akin to a job that is pursued to pay the bills), their expected judgments were well-calibrated with how others actually judged them for giving up.
Why the disconnect? We found that passion pursuers ruminated on all of the reasons why stepping away from their first passion signified that they were a failure. In contrast, observers — unburdened by the emotional weight of the decision — had a different view: They were more likely to view giving up as an opportunity to reengage with something better aligned with the passion pursuer.
Crucially, we found that these anticipated negative judgments didn’t just affect people’s internal narratives — they also shaped how they intended to behave. In a study with PhD students highly passionate for their studies, we found that the more they feared being judged for giving up on their PhD, the less likely they intended to speak up about exploitative or unjust conditions in their programs. Speaking up about such conditions suggests dissatisfaction with one’s pursuit of passion, which may have led students to worry that speaking up could be interpreted as walking away from their current passion. This pattern is not unique to academia: we observed similar dynamics among samples of teachers and nurses.
In another study, we found a way to reduce this fear of judgment. We recruited teachers who are — or once were — passionate about their work and had thought about giving up on teaching in the past 12 months. We told half them that people overestimate how harshly observers will view them for giving up on their passion for work. After providing this information, we measured their behavioral intentions 14 days later and found that they intended to engage in more actions related to giving up than the control group, such as creating a plan to quit and finding a resume coach. Thus, equipping people with the knowledge that their social concerns for giving up are misplaced may help people make the jump to pursue their next passion.
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