Su tolerancia al riesgo ha cambiado. ¿Su equipo directivo lo sabe?
M
ientras sus competidores se enfrentaban a la quiebra, “John”, el CEO de una empresa minorista de tamaño mediano, había recibido una orden clara de su junta directiva: dar prioridad a la liquidez o prepararse para un cambio de liderazgo. Su tolerancia al riesgo cambió de inmediato. Pasó de competir por participación de mercado a operar en modo de supervivencia . Pero, aunque sus prioridades cambiaron de la noche a la mañana, no había redefinido completamente cómo se interpretaba la autoridad para tomar decisiones en su equipo. Estaba a solo 48 horas de presentar un plan de supervivencia austero a la junta directiva cuando descubrió que su equipo ya había comprometido millones de dólares con base en prioridades que ya no aplicaban.
El equipo de altos directivos de John operaba con una comprensión desactualizada de su tolerancia al riesgo, y el resultado fue una desconexión peligrosa.
Esta situación no es inusual. Investigaciones de McKinsey demuestran que, en contextos de incertidumbre, las organizaciones tienen menos dificultades con el análisis que con la coordinación. A medida que aumenta la volatilidad, los líderes sénior actúan antes y más rápido, con frecuencia incluso antes de que haya claridad en los niveles más altos, mientras que las prioridades cambian más rápido de lo que los mensajes formales pueden seguir. A esta desalineación la llamamos “brecha de señal”, es decir, el desfase entre el cambio en las prioridades de un líder y la forma en que esas prioridades se interpretan y se ejecutan en toda la organización.
En momentos de presión aguda en múltiples industrias, hemos visto que el mismo patrón se repite. Lo que parece extralimitación o insubordinación suele ser, en realidad, una respuesta racional a cambios no verbalizados en la alta dirección. Los líderes que responden con eficacia no empiezan por reforzar el control, sino por reconfigurar el sistema . He aquí tres pasos que pueden dar:
- Comprender qué señales envían antes de corregir el comportamiento.
Cuando los altos directivos parecen extralimitarse, el instinto es corregir la conducta. Pero bajo presión, los líderes responden menos a la autoridad formal que a las señales que creen que son más relevantes. El verdadero apalancamiento de un líder no consiste en tomar todas las decisiones, sino en moldear las condiciones en las que se toman.
En periodos de volatilidad, los CEOs suelen ajustar primero su propia postura: endureciendo las expectativas, examinando el riesgo con mayor detenimiento o reduciendo su tolerancia a las sorpresas. Cuando estos cambios internos no se hacen explícitos, los altos directivos se ven obligados a inferir qué ha cambiado a partir de señales sutiles. Incluso un comentario casual puede malinterpretarse como una instrucción, creando una brecha entre lo que el CEO pretendía y lo que el equipo ejecuta.
- Reajustar a los altos directivos en conjunto, no uno por uno.
Cuando la confusión en la toma de decisiones aparece en varios líderes al mismo tiempo, las correcciones individuales resultan contraproducentes. Se trata de un problema sistémico como si fuera un problema de desempeño individual, cuando en realidad lo que se necesita es un reajuste colectivo.
Una conversación de liderazgo bien diseñada o una reunión estratégica fuera de la oficina crea el espacio para redefinir la comprensión compartida, sin asignar culpas. Una conversación de reajuste productivo se enfoca menos en las decisiones ya tomadas y más en construir una interpretación compartida de la situación. También abre espacio para redefinir cómo se ven las “buenas decisiones” en este momento.
- Aclarar los permisos y los plazos para la toma de decisiones.
La mayoría de los CEOs aclaran quién toma las decisiones. Pero pocos aclaran cuánto tiempo estarán vigentes las nuevas reglas o reconocen abiertamente cuando ese horizonte aún no está claro. El objetivo no es más gobernanza, sino menos conjeturas.
Cuando los altos directivos lo eluden, el problema con frecuencia no es la desobediencia, sino la confusión en las señales. En momentos de alta presión, las organizaciones se quedan rezagadas respecto a sus líderes. Las prioridades de ayer ya no aplican, pero el sistema aún no se ha ajustado. La solución son señales más claras que reduzcan las suposiciones, la fricción y la desalineación. En una era de volatilidad persistente, los líderes que nombran explícitamente los cambios en las señales desde el inicio dedican menos tiempo a corregir comportamientos y más tiempo a construir una alineación duradera.
© 2026 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org | Distribuido por: The New York Times Syndicate.
Artículo en inglés
As competitors faced bankruptcy, “John,” the CEO of a midsize retailer, had received a clear directive from his board: prioritize liquidity or prepare for a leadership transition. His internal risk dial shifted instantly. He moved from playing for market share to operating for survival. But while his priorities had changed overnight, he hadn’t fully reset how decision authority was being interpreted across his team: He was just 48 hours away from presenting a lean survival plan to the board when he discovered his team had already committed millions based on priorities that no longer applied.
John’s team of senior leaders was operating on an outdated understanding of his risk tolerance, and the result was a dangerous disconnect.
This situation isn’t unusual. Research from McKinsey shows that under uncertainty, organizations struggle less with analysis than with coordination. As volatility increases, senior leaders act earlier and faster, often before clarity reaches the top, while priorities shift faster than formal messages can keep up. We refer to this mismatch as the “signal gap”: the delay between a leader’s changing priorities and how those priorities are interpreted and acted on across the system.
In moments of acute pressure in multiple industries, we’ve seen the same pattern repeat. What looks like overreach or insubordination is often a rational response to unspoken shifts at the top. Leaders who respond effectively don’t begin by tightening control, but by resetting the system. Here are three steps leaders can take:
1. UNDERSTAND WHAT SIGNALS YOU’RE SENDING BEFORE CORRECTING BEHAVIOR.
When senior leaders appear to overstep, the instinct is to correct the behavior. But under pressure, leaders respond less to formal authority than to the signals they believe matter most. A leader’s true leverage isn’t making every call; it’s shaping the conditions in which decisions get made.
In periods of volatility, CEOs often adjust their own posture first: tightening expectations, scrutinizing risk more closely or narrowing their tolerance for surprise. When these internal shifts aren’t made explicit, senior leaders are left to infer what has changed based on subtle cues. Even an offhand remark can be misinterpreted as a command, creating a gap between what the CEO intended and what the team executes.
2. RESET SENIOR LEADERS TOGETHER, NOT ONE BY ONE.
When decision confusion shows up across multiple leaders, individual course correction backfires. It treats a systems problem as a performance issue when what’s needed instead is a collective reset.
A well-designed leadership conversation or off-site creates space to reset shared understanding, without assigning blame. A productive reset conversation focuses less on decisions already made and more on shared sensemaking. It also creates space to redefine what “good decisions” look like in this moment.
3. CLARIFY DECISION-MAKING PERMISSIONS AND TIMELINES.
Most CEOs clarify who decides. Far fewer clarify how long the new decision rules are intended to apply or explicitly name when that timeline is still uncertain. The goal isn’t more governance. It’s less guesswork.
When senior leaders bypass you, the problem often isn’t defiance but signal confusion. In high-pressure moments, organizations lag behind their leaders. Yesterday’s priorities no longer apply, but the system hasn’t caught up yet. The solution is clearer signals that reduce guesswork, friction and misalignment. In an era of persistent volatility, leaders who name shifting signals early spend less time correcting behavior and more time building alignment that lasts.
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