Lo que se siente bien no siempre es bueno para nuestros cuerpos

por Desarrollo Personal

Muchos de nosotros tendemos a elegir una recompensa más pequeña en el presente sobre una recompensa mayor a largo plazo.

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a vida nos ofrece interminables formas de interferir con nuestros cuerpos. No tener el sueño suficiente, ejercitarnos muy poco o consumir demasiado alcohol son solo algunos ejemplos.

Muchos de nosotros tendemos a elegir una recompensa más pequeña en el presente sobre una recompensa mayor (como la de una mejor salud) a largo plazo. La recompensa instantánea nos hace sentir bien, y es lo que sentimos, no lo que sabemos, lo que determina nuestras acciones.

¿Cómo podemos actuar mejor en bien de nuestros cuerpos y nuestro futuro, además de superar la brecha entre lo que hacemos y lo que sabemos que será bueno para nosotros? He aquí algunas herramientas, basadas en la psicología y la economía conductual, para ayudarlo a tomar mejores decisiones:

Haga que hacer lo correcto también se sienta inmediatamente bien, asociándolo con una recompensa.

Busque formas de combinar un buen comportamiento con una recompensa. Una forma mundana y (para mí) muy eficaz de recompensarme es pedir un café con leche en la cafetería de la piscina, de forma que sé que después de un kilómetro extenuante de estilo libre, tendré mi recompensa. Las personas que meditan juran que es su propia recompensa. Si le gustan las flores, un paseo el sábado por la mañana hasta la mejor floristería de la ciudad puede darle una hermosa y fragante recompensa que le durará toda la semana, y lo impulsará a repetirla cuando las flores se marchiten.

Haga que hacer el mal en cuanto a su salud se sienta inmediatamente mal uniéndolo a un pequeño “castigo”.

Hace unos años, unos estudiantes de Harvard se acercaron a un gimnasio con un acuerdo experimental inspirado en la economía conductual: Los estudiantes pagaban las cuotas de los socios, siempre que éstos hicieran ejercicio al menos cuatro veces por semana. Si acudían con menos frecuencia, debían pagar entre $5 y $10 dólares por cada visita perdida. Esto aumentó la participación en el gimnasio. Una pérdida, aunque sea pequeña, es algo que buscamos evitar a toda costa. Combine una elección errónea con un castigo y sea honesto al aplicarlo. Por ejemplo, podría decidir que si un día no expresó gratitud (una intervención conocida por aumentar la felicidad), o cambió su sesión de yoga por trabajo, deberá dejar que su pareja elija la película que ven juntos.

Defina objetivos claros y sepa a qué atenerse con ellos.

Hace poco, algunas personas (sin dar nombres) quedaron atrapadas en la terminal de un aeropuerto con un paquete familiar de M&M’s de cacahuate. Decidieron comer “unos cuantos”, y todos sabemos cómo acabó esto. “Unos cuantos” es un objetivo vago, y por lo tanto se presta a no ser cumplido efectivamente. Una mejor manera de reducir el consumo sería establecer un objetivo claramente definido. Podría decidir que comerá 10, 20, dos de cada color… cualquier cosa que realmente guíe sus acciones. Esto también aplica a irse a dormir “pronto” en lugar de comprometerse a acostarse a medianoche o a ver “un poco” más de televisión. Los objetivos bien definidos ayudan a nuestros esfuerzos de autocontrol.

Su personalidad y grado de compromiso determinarán cuál de ellas funciona mejor, pero ahora que conoce estas estrategias, úselas para cosechar los beneficios en su salud, bienestar y productividad.

© 2025 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org  |  Distribuido por: The New York Times Syndicate.

Artículo en inglés

Life offers us endless ways of messing with our bodies. Not getting enough sleep, getting too little exercise or having too much alcohol are just a few examples.

Many of us tend to choose a smaller reward in the present over a larger reward (like better health) in the long run. The instant reward makes us feel good, and it’s how we feel, not what we know, that determines our actions.

How can we do better by our bodies, and our future selves, and overcome the gap between what we know to be good for us, and what we actually do? Here are some tools, based on psychology and behavioral economics, to help you make better choices:

MAKE DOING THE RIGHT THING ALSO FEEL IMMEDIATELY GOOD, BY COUPLING IT WITH A REWARD.

Look for ways of coupling a good behavior with a reward. A mundane and (for me) highly effective means of rewarding myself is getting a latte from the cafe by the swimming pool, so I know that after a strenuous kilometer of freestyle, I’ll have my treat. People who meditate swear that it is its own reward. If you love flowers, then a Saturday morning walk to the best florist in town can give you a beautiful, fragrant reward to last you all week, and prompt you to do it again when the flowers wilt.

MAKE DOING WRONG BY YOUR HEALTH FEEL IMMEDIATELY BAD BY COUPLING IT WITH A MINOR “PUNISHMENT.”

A few years ago, Harvard students approached a gym with an experimental deal inspired by behavioral economics: The students splurged for members’ fees, as long as the members exercised at least four times a week. If they showed up less often, they were required to pay between $5 and $10 for each missed visit. This increased gym participation. A loss, even a small one, is something we adamantly seek to avoid. Combine a wrong choice with a punishment and be honest about executing it. For example, you could decide that on a day when you didn’t express gratitude (an intervention known to increase happiness), or traded your yoga session for work, you must let your partner pick which movie you watch together.

SET CLEAR GOALS AND KNOW WHERE YOU STAND WITH THEM.

Someone (not naming names) was recently stuck in an airport terminal with a family pack of peanut M&M’s. They decided to have “a few,” and we all know how this ended. “A few” is a vague goal, and therefore lends itself to not being met effectively. A better way to curtail consumption would be to set a clearly defined goal. You could decide to have 10, 20, two of each color — anything that would truly guide your actions. This also applies to going to sleep “soon” rather than committing to a midnight bedtime or watching “a bit” more TV. Well-defined goals help our self-control endeavors.

Your personality and degree of commitment will determine which of these works best for you. But now that you know these strategies, use them to reap the benefits in your health, well-being and productivity.

Autor

Sobre el Autor

Es autora de “Your Life Depends on It: What You Can Do to Make Better Choices About Your Health”.