No subestime el valor de las amistades profesionales
D
urante décadas, los ejecutivos han repetido la obviedad “No es nada personal, son solo negocios”, dando a entender que la distancia emocional es un sello distintivo del profesionalismo. Pero esa lógica está muy desfasada.
He pasado décadas estudiando lo que denomino “amistades empresariales”, y puedo dar fe de que estas relaciones generan beneficios personales y profesionales, entre los que se incluyen: confianza, apoyo emocional, intercambio de conocimientos, innovación, desarrollo profesional y rendimiento laboral. Sin embargo, muchas personas se enfrentan a una barrera que les impide obtener esos beneficios. A esa barrera la llamo “pensamiento de mundos separados”, que es la idea de que cualquier intercambio interpersonal que involucre dinero terminará siendo mercantilizado y despojado de su valor emocional.
Animo a los líderes a adoptar un “pensamiento de mundos integrados”, que acepta e incluso celebra las relaciones en las que lo personal y lo profesional se superponen. En este artículo, ofreceré un conjunto de acciones concretas para cultivar una perspectiva de mundos integrados.
Ponga lo personal antes que lo profesional
Mi investigación ha demostrado que, a pesar de lo que se pueda pensar, las nuevas amistades empresariales se forman sobre bases puramente personales (en particular, a partir de valores compartidos e identidades personales). Los intereses instrumentales no intervienen en absoluto en el proceso. Por lo tanto, para hacer más amistades empresariales, necesita enfocarse en lo personal: Steve Jobs y Steve Wozniak, de Apple, conectaron inicialmente gracias a su identidad compartida como hackers.
Amplíe su concepto de amistad
Por lo general, las personas pueden mantener alrededor de 150 relaciones sociales significativas, que abarcan categorías que van desde personas íntimas hasta buenos amigos y amigos casuales. La forma en que usted define la “amistad” determina la frecuencia con la que siente que puede tender un puente entre lo personal y lo profesional.
Cuando pregunto a los ejecutivos: “¿Qué significa para usted la amistad?”, quienes piensan en términos de mundos separados tienden a dar definiciones limitadas, como “alguien a quien podría pedirle cualquier favor”. Estas definiciones corresponden únicamente a las categorías de amistad más cercanas y son demasiado limitadas para permitir todos los beneficios de integrar la amistad con el trabajo. En cambio, quienes piensan en términos de mundos integrados definen la amistad de manera más amplia, a menudo como “alguien que le agrada y con quien pasaría tiempo voluntariamente”, lo que permite que más de sus relaciones se superpongan con su vida profesional.
Amplíe su concepto de relevancia profesional
Así como ampliar su definición de amistad hace crecer su círculo social, ampliar su definición de relevancia profesional hace que su círculo profesional crezca. Si amplía ambos círculos, será más probable que se superpongan.
Con esto en mente, busque el potencial profesional en cada relación personal (y no se sienta mal por hacerlo). Por ejemplo, los amigos casuales que tenga en otras organizaciones e industrias podrían ayudarle a detectar nuevas posibilidades, como identificar oportunidades para aplicar la IA en procesos de reclutamiento de personal.
Ofrezca (o pida) el primer favor
Las amistades pertenecen al ámbito del intercambio social: implican un dar y recibir favores. Ofrecer un favor es, por lo tanto, una forma eficaz de iniciar o profundizar una amistad, porque transmite generosidad. Tomar la iniciativa también le da control: usted puede pensar en un favor que ayude a la otra persona, pero que sea fácil de ofrecer.
Pedir favores también construye vínculos. Benjamin Franklin observó que la mejor manera de hacer un amigo es pedirle prestado un libro. Él creía que, cuando alguien concede un favor, su simpatía por el destinatario aumenta, un patrón que han confirmado los experimentos modernos. Usted puede aprovechar esto pidiéndole un consejo a alguien (sobre su liderazgo, organización o cualquier aspecto que quiera mejorar).
La evidencia proveniente de ejecutivos, emprendedores y de mi propia investigación es clara: cuando permitimos que la amistad y el trabajo coexistan, tanto nuestro desempeño como nuestra felicidad aumentan.
© 2026 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org | Distribuido por: The New York Times Syndicate.
Artículo en inglés
For decades, executives have repeated the truism “It’s not personal, it’s business,” implying that emotional distance is a hallmark of professionalism. But that logic is badly outdated.
I’ve spent decades studying what I call business friendships, and I can attest that these relationships produce personal and professional benefits, including trust, emotional support, knowledge sharing, innovation, career advancement and job performance. But many people face a barrier to obtaining those benefits. I call that barrier separate-worlds thinking, which is the idea that any interpersonal exchange involving money will ultimately be commodified and stripped of emotional value.
I encourage leaders instead to adopt integrated-worlds thinking, which accepts and even celebrates relationships in which the personal and the professional overlap. In this article, I’ll offer a set of concrete actions for cultivating an integrated-worlds perspective.
PUT PERSONAL BEFORE PROFESSIONAL
My research has shown that despite what you might think, new business friendships are formed on purely personal bases — in particular, on shared values and personal identities. Instrumental interests don’t enter at all into the process. So, to make more business friendships, you need to focus on what’s personal: Apple’s Steve Jobs and Steve Wozniak initially bonded over their shared identity as hackers.
EXPAND YOUR CONCEPT OF FRIENDSHIP
People can typically maintain about 150 meaningful social relationships, spanning categories from intimates to good friends to casual friends. How you define “friend” determines how often you feel you can bridge the personal and professional.
When I ask executives, “What does friend mean to you?,” separate-worlds thinkers tend to give narrow definitions such as “someone you could ask for any favor.” These correspond to only the closest friendship categories and are too limited to allow the full benefits of integrating friendship with work. Integrated-worlds thinkers define a friend more expansively, often as “someone you like and would voluntarily spend time with,” which opens more of their relationships to overlap with their professional lives.
EXPAND YOUR CONCEPT OF PROFESSIONAL RELEVANCE
Just as expanding your definition of friendship widens your social circle, expanding your definition of professional relevance widens your professional circle. If you expand both circles, you’ll make it more likely that they’ll overlap.
With that in mind, look for professional potential in every personal relationship — and don’t feel bad about doing so. Casual friends in other organizations and industries might help you see opportunities to apply artificial intelligence for employee recruiting.
OFFER — OR ASK FOR — THE FIRST FAVOR
Friendships are the domain of social exchange; they involve the give-and-take of favors. Offering a favor is therefore an effective way to begin or deepen a friendship, because it signals generosity. Taking the initiative also gives you control: You can come up with a favor that will help the other person, but be easy to provide.
Asking for favors builds connections, too. Benjamin Franklin observed that the best way to make a friend is to borrow a book. When someone grants a favor, he believed, their liking for the recipient increases, a pattern that modern experiments have confirmed. You can take advantage of this by asking someone for advice — about your leadership, your organization or anything you want to improve.
The evidence from executives, entrepreneurs and my own research is clear: When we allow friendship and work to coexist, our performance and our happiness both rise.
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