Nueva investigación sobre cómo afectan los despidos al mercado laboral
C
uando se produce una recesión, muchas empresas responden reduciendo inmediatamente su fuerza laboral para preservar el efectivo, optimizar operaciones y mantener la flexibilidad frente a la incertidumbre macroeconómica. Sin embargo, estos recortes de personal pueden tener consecuencias devastadoras para los trabajadores y causar daños persistentes en el mercado laboral general.
En esta nueva investigación, estudiamos los efectos colaterales que puede tener el recorte de empleos corporativos durante una recesión sobre el bienestar económico a largo plazo de los empleados y los mercados laborales en los que residen, así como lo que los líderes empresariales y los responsables de políticas públicas pueden hacer para mitigar dichos efectos. Nuestro trabajo sugiere que sería valioso que las empresas y los responsables de políticas trabajen conjuntamente para conservar a los trabajadores en medio de una recesión económica.
Cómo impacta la reducción de empleos individuales a la economía en general
Investigaciones académicas anteriores han establecido dos hechos sobre los despidos en las empresas. Primero, el inicio de una recesión impulsa a muchas compañías a destruir más empleos de forma brusca y repentina. Segundo, el trabajador promedio que es despedido durante una recesión experimenta una asombrosa disminución del 19% en sus ingresos futuros a lo largo de su vida, en comparación con una pérdida menos extrema del 11% asociada con los despidos en tiempos normales. En conjunto, estos dos hechos pintan un panorama preocupante: las empresas intensifican los recortes de empleo justo cuando estos causan el mayor daño a los empleados afectados.
No obstante, muchos líderes empresariales sienten que deben tomar la difícil decisión de reducir proactivamente su fuerza laboral al inicio de una recesión para salvaguardar la salud financiera y la viabilidad a largo plazo de sus empresas.
Pero aquí está el problema: las recesiones inducen a muchos líderes empresariales, en una amplia gama de geografías e industrias, a concluir simultáneamente que es prudente recortar empleos. Con tantos trabajadores despedidos desesperados por encontrar un nuevo empleo, incluso las empresas saludables pueden tener dificultades para ajustar sus planes de negocio y acomodar a los nuevos empleados. A su vez, los trabajadores desempleados pueden verse obligados a soportar un periodo prolongado de desempleo que debilita sus habilidades y su vinculación con la fuerza laboral. Como resultado, la toma de decisiones racional individual por parte de las empresas puede producir resultados colectivos ineficientes en el mercado.
Qué pueden hacer los responsables de políticas y los líderes empresariales
Nuestros hallazgos sugieren que los efectos agregados de la destrucción de empleos imponen costos sustanciales a los trabajadores al dañar las condiciones generales del mercado laboral.
Para los responsables de políticas, el gran efecto colateral de los despidos podría motivar mayores intervenciones para estabilizar directamente el empleo durante las recesiones. Si bien la expansión de subsidios laborales que salvan empleos (como el trabajo de jornada reducida) ha sido un pilar histórico de la política laboral en Europa, Estados Unidos solo ha experimentado recientemente con la expansión de tipos conocidos de apoyo empresarial. Las investigaciones sobre la más destacada de estas políticas (el Paycheck Protection Program durante la pandemia de COVID-19) han encontrado que estos subsidios ayudaron a evitar que millones de trabajadores perdieran sus empleos.
Nuestra investigación también tiene implicaciones para las difíciles decisiones que los empleadores deben tomar al reestructurar su fuerza laboral. El aviso anticipado de recortes de personal ayuda a mantener un mercado laboral dinámico al dar a los trabajadores tiempo para encontrar nuevas oportunidades que se ajusten a sus habilidades y experiencia. Debido a que los trabajadores tratarían de evitar buscar empleo cuando las condiciones del mercado laboral son malas, las empresas que atraviesan dificultades financieras podrían considerar arreglos laborales alternativos antes de recurrir a los despidos. Este tipo de intervenciones puede ayudar a mantener mercados laborales dinámicos y, al mismo tiempo, compensar algunos de los elevados costos financieros a los que se enfrentan los trabajadores.
© 2025 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org | Distribuido por: The New York Times Syndicate.
Artículo en inglés
When a recession strikes, many companies respond by immediately downsizing their workforce to preserve cash, streamline operations and maintain flexibility in the face of macroeconomic uncertainty. Yet these employment cuts can have devastating consequences on workers and cause lingering damage to the labor market at large.
In new research, we studied the spillover impacts that corporate job-cutting during a recession can have on employees’ long-term economic well-being and the labor markets in which they reside — and what corporate leaders and policymakers can do to mitigate such effects. Our work suggests that it would be valuable for firms and policymakers to work together to retain workers in the midst of economic downturns.
HOW INDIVIDUAL JOB CUTTING IMPACTS THE BROADER ECONOMY
Previous academic research has established two facts about firm layoffs. First, the start of a recession prompts many companies to sharply and suddenly destroy more jobs. Second, the average worker who is laid off during a recession experiences a staggering 19% decrease in their future lifetime earnings, compared to a less extreme 11% earnings loss associated with layoffs during normal times. Together, these two facts paint a troubling picture: companies ramp up job cuts exactly when they impose the most damage on affected employees.
Nonetheless, many corporate leaders feel that they must make the difficult decision to proactively reduce their workforce at the start of a recession in order to safeguard their firms’ financial well-being and long-term viability.
But here’s the rub: recessions induce many business leaders, across a broad array of geographies and industries, to simultaneously conclude that it is a prudent time to cut employment. With so many laid-off workers desperate to find a new job, even healthy firms may struggle to adjust their business plans to accommodate new employees. Unemployed workers, in turn, may be forced to endure a prolonged spell of joblessness that weakens their skills and attachment to the labor force. As a result, individually rational decision-making by companies can produce inefficient collective outcomes in the market.
WHAT POLICYMAKERS AND CORPORATE LEADERS CAN DO
Our findings suggest that the aggregate effects of job destruction impose substantial costs on workers by damaging wider labor market conditions.
For policymakers, the large spillover effect from layoffs may motivate greater interventions to directly stabilize employment during downturns. While the expansion of job-saving employment subsidies (such as short-time work) has been a historical staple of European labor market policy, the United States has only recently experimented with expanding familiar types of firm support. Research on the most prominent of these policies—the Paycheck Protection Program during the COVID-19 pandemic—has found that these subsidies helped to prevent job loss for millions of workers.
Our research also has implications for the difficult decisions employers must make when restructuring their workforce. Advance notice of workforce cuts helps maintain a vibrant labor market by giving workers time to find new opportunities that fit their skills and experience. Because workers would seek to avoid looking for jobs when labor market conditions are poor, companies experiencing financial strain may want to consider alternative work arrangements before resorting to layoffs. These kinds of interventions may help maintain vibrant labor markets while offsetting some of the steep financial costs faced by workers.
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