¿Sabe si su equipo está agobiado?

por , Capital Humano

El agobio puede aparecer de forma súbita e impredecible. Cuando se ignora, se convierte en la puerta de entrada al agotamiento y al desgaste.

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l agobio es un punto de inflexión agotador (y a menudo invisible) que aparece cuando los factores de estrés a los que se enfrenta comienzan a superar su capacidad percibida para manejarlos. En un estado de agobio, incluso las tareas simples que antes parecían manejables pueden empezar a sentirse de repente como imposibles. El agobio puede aparecer de forma súbita e impredecible. Cuando se ignora, se convierte en la puerta de entrada al agotamiento y al desgaste. Y es mucho más común de lo que la mayoría de los líderes cree.

Realizamos una investigación con 94 profesionales en activo para comprender a fondo la experiencia del agobio en el trabajo. Descubrimos que casi 9 de cada 10 dijeron haberse sentido agobiados durante el último mes. Lo describieron como un punto de quiebre marcado por una pérdida repentina de control y una disminución de la confianza y de la capacidad para completar tareas laborales que antes eran manejables.

Si no se controla, el agobio erosiona de manera sistemática la productividad, la confianza y el bienestar. Reconocer ese punto de ruptura (ese momento en el que personas capaces pierden silenciosamente el equilibrio) es hoy una habilidad de liderazgo fundamental.

Reconocer el agobio en su equipo

¿Cómo puede reconocer el agobio cuando se esconde detrás de la compostura? Las señales suelen ser sutiles y contradictorias. Los profesionales que participaron en nuestro estudio describieron experiencias paradójicas que hacen que el agobio sea fácil de pasar por alto, especialmente entre empleados diligentes que se mantienen firmes en apariencia para cumplir con las expectativas.

En nuestra muestra, más de la mitad de los participantes reportó una pérdida de concentración, con el fallo de sus estrategias habituales para resolver problemas. Casi un tercio vio caer su desempeño de manera directa, mientras que otro tercio dijo haber mantenido la productividad únicamente postergando la recuperación: reduciendo horas de sueño, saltándose comidas o aislándose socialmente. Casi la mitad describió una pérdida de motivación y de confianza en sí mismos durante un periodo de agobio.

Descubrimos que las experiencias vividas detrás de estas cifras eran sorprendentemente consistentes. Emergieron tres síntomas comunes (aunque paradójicos) del agobio:

  1. En estado de alerta, pero exhaustos.

Las personas se sienten activadas por las hormonas del estrés, pero físicamente agotadas. En otras palabras, están desesperadas por descansar, pero no logran desconectarse. “Tenía todo tipo de energía acumulada que impulsaba la sensación de ‘tengo que hacer algo ahora mismo’, mientras mi cerebro estaba exhausto e incapaz de sostener un solo pensamiento”.

  1. Mentalmente paralizados, pero con ganas de escapar.

Existe un impulso fuerte y, en ocasiones, muy trascendental de huir de una situación abrumadora, mientras que el procesamiento cognitivo racional se detiene simultáneamente, dejándolo con una sensación de estancamiento. La idea de escapar se idealiza y se vuelve imposible pensar de forma organizada.

  1. Se derrumba internamente tras una apariencia de calma.

Muchos ocultan su angustia para mantener la compostura. “Por fuera estaba tranquilo y sereno, pero por dentro gritaba”.

Las condiciones que causan el agobio

El 60% de los episodios de agobio capturados en nuestra investigación provenían directamente del lugar de trabajo, a menudo vinculados a cargas laborales excesivas, roles en conflicto, falta de autonomía o presión directa por parte de los jefes. Los propios líderes son figuras clave en el origen del agobio. De hecho, el 56% de los participantes señaló a su gerente como una fuente principal de agobio. Los participantes restantes identificaron puntos de inflexión fuera del trabajo, como la proximidad de eventos importantes o conflictos entre las responsabilidades laborales y familiares.

En todos estos contextos, encontramos que el agobio surge cuando comienzan a fracturarse los tres pilares fundamentales que sostienen la productividad:

  1. Control (previsibilidad).

El agobio aumentó cuando las personas se sentían incapaces de influir en su situación o no veían venir los desafíos. Un participante lo describió como “un juego acelerado de supervivencia por un tiempo indeterminado: no sabe cuánto va a durar ni qué más viene en camino”.

  1. Estándares y expectativas de trabajo (normas y equidad).

Muchos participantes se sintieron aplastados por expectativas poco realistas o injustas, ya fueran autoimpuestas o externas. Hablaron de un diálogo interno muy duro: “Se supone que debo ser capaz de hacerlo. La gente lo espera de mí… quizá simplemente no soy lo suficientemente bueno”.

  1. Recursos (recuperación).

El agobio aparecía con frecuencia cuando las personas ya estaban agotadas por la falta de tiempo, personal, apoyo o energía. Un tercio de los participantes citó la presión del tiempo como el detonante central.

Cuando estos tres cimientos (control, estándares justos y recursos adecuados) comienzan a desmoronarse, incluso los empleados más capaces pueden llegar al límite.

Gestionar el agobio: Qué funciona (y qué no)

Descubrimos que, cuando se sienten agobiados, los participantes tienden a redoblar esfuerzos trabajando más horas, saltándose descansos e intentando seguir adelante. Esta estrategia suele ser contraproducente. Cuando usted o su gerente establecen objetivos poco realistas en cuanto al rendimiento y las demandas siguen acumulándose, esto puede erosionar sus recursos y aislarle de colegas, amigos o familiares que podrían brindarle apoyo.

Los líderes pueden ser el detonante o la solución. Prevenir el agobio comienza con la forma en que se diseñan las condiciones de trabajo. He aquí cinco acciones que los líderes pueden tomar para reducir el agobio y construir entornos laborales más saludables:

  1. Detecte tanto el silencio como la tensión.

Los líderes pueden detectar los primeros indicios observando cambios en el comportamiento o la energía, por ejemplo, retraimiento o parálisis en la toma de decisiones durante las reuniones, o inquietud y trabajo frenético sin pausas. Al ayudar a los demás a identificar y percibir esos cambios en sí mismos y al entablar una conversación abierta, los líderes invitan a los empleados a compartir lo que podría estar contribuyendo a su agobio o erosionando su capacidad para hacer frente a las exigencias.

  1. Controle los detalles en un mundo lleno de incertidumbres.

La imprevisibilidad es uno de los principales factores que provocan agobio. Cuando se sienten agobiadas, las personas suelen tener dificultades para establecer prioridades. Hemos observado que apoyar a los empleados con pequeñas dosis de previsibilidad (saber qué sigue, qué es lo más importante y qué puede esperar) reduce drásticamente la percepción de sobrecarga de trabajo. Los líderes no pueden eliminar la volatilidad, pero sí pueden devolver la sensación de control ayudando a los empleados a dividir el “exceso” en prioridades pequeñas y claras para la siguiente semana, y acordando plazos razonables en conjunto.

  1. Recalibre los estándares, empezando por los suyos.

El agobio prospera en culturas perfeccionistas y con expectativas invisibles, por lo que los líderes deben dar ejemplo de lo que significa “suficientemente bien”. Sustituya los ideales de rendimiento tácitos por estándares explícitos y compartidos. Al hablar de proyectos y objetivos, hacer preguntas como “¿Qué significa haber completado el 80%?” o “¿En qué aspectos podemos ceder?” es una forma sencilla de replantear las expectativas, reduciendo la presión colectiva sin disminuir la ambición.

  1. Cree un permiso psicológico para decir: “Estoy al límite”.

El amortiguador más eficaz contra el agobio no es una táctica de afrontamiento individual, sino social. Haga que sea psicológicamente seguro para las personas establecer límites sin estigmas ni riesgo de represalias. Por ejemplo, sustituya “¿Puede encargarse de esto?” por “¿Qué necesitaría para que esto sea manejable?”. Reconozca públicamente a quienes alzan la voz. Con el tiempo, esto transforma la cultura de una de resistencia silenciosa a una de desempeño sostenible.

  1. Diseñe el trabajo pensando en la recuperación, no en la resistencia.

El agobio surge cuando los recursos se agotan bajo una demanda sostenida. Los líderes deberían normalizar los microdescansos regulares, la desconexión mental, el ejercicio y el descanso como prácticas legítimas de desempeño. Fomente el ritmo, es decir, la alternancia entre esfuerzo y recuperación.

En conjunto, estos cinco cambios pueden transformar la forma en que los líderes y las organizaciones responden a la creciente marea de agobio, moviendo a los equipos de la gestión de crisis hacia la prevención y el fortalecimiento de la resiliencia.

© 2025 Harvard Business School Publishing Corp. | De: hbr.org  |  Distribuido por: The New York Times Syndicate.

Artículo en inglés

Overwhelm is an exhausting—and often invisible—tipping point when the stressors you face begin to exceed your perceived ability to cope with them. In a state of overwhelm, even simple tasks that once felt manageable can suddenly feel impossible. Overwhelm can surge suddenly and unpredictably. When ignored, it becomes the gateway to exhaustion and burnout. And it’s far more common than most leaders think.

We conducted research with 94 working professionals to unpack the experience of overwhelm at work. We discovered that nearly 9 in 10 said they had felt overwhelmed in the past month. They characterized it as a tipping point marked by a sudden loss of control and reduced confidence and capacity to complete work tasks that were previously manageable.

Left unchecked, overwhelm systematically erodes productivity, trust and well-being. Recognizing the breaking point—that moment when capable people quietly lose their footing—is now a critical leadership skill.

RECOGNIZING OVERWHELM ON YOUR TEAM

How can you recognize overwhelm when it hides behind composure? The clues are often subtle and contradictory. The working professionals participating in our study described paradoxical experiences that make overwhelm easy to overlook, especially among diligent employees who keep steady on the surface to maintain expectations.

Across our sample, more than half of participants reported a breakdown in concentration, with their usual problem-solving strategies failing them. Nearly a third saw their performance decline outright, while another third said they maintained productivity only by postponing recovery: cutting sleep, skipping meals or withdrawing socially. Almost half described a loss of motivation and self-confidence during a period of overwhelm.

We found that working professionals’ lived experiences behind those numbers were strikingly consistent. Three common yet paradoxical symptoms of overwhelm emerged:

Alert yet exhausted.

People feel wired by stress hormones yet physically depleted—in other words, they’re desperate for rest but unable to shut off. “I had all sorts of pent-up energy driving the feeling of ‘I have to do something right now,’ while my brain was exhausted and unable to hold a single thought.”

Mentally frozen yet wanting to escape.

There’s a strong and sometimes highly consequential impulse to flee the overwhelming situation, while rational cognitive processing shuts down simultaneously, leaving you feeling stuck. Escape is idealized and organized thinking becomes impossible.

Internally breaking down behind a calm impression.

Many hide their distress to maintain composure. “I was calm and collected on the outside, but internally I was screaming.”

THE CONDITIONS THAT CAUSE OVERWHELM

Sixty percent of episodes of overwhelm captured in our research stemmed directly from the workplace, often tied to heavy workloads, conflicting roles, lack of autonomy or direct pressure from managers. Leaders themselves are key figures in the origins of overwhelm. In fact, 56% of participants pointed to their manager as a primary source of overwhelm. The remaining participants identified breaking points from outside of work, such as upcoming major events or conflicting work-family responsibilities.

Across these contexts, we found that overwhelm emerges when three core pillars that sustain productivity begin to fracture:

Control (predictability).

Overwhelm surged when people felt powerless to influence their situation or didn’t see challenges coming. One participant described it as “a fast-paced game of coping for an unknown duration—you don’t know how long it’s going to last or what else is coming your way.”

Work standards and expectations (norms and fairness).

Many participants felt crushed by unrealistic or unfair expectations, either self-imposed or external. They spoke of harsh inner dialogue: “I’m supposed to be able to do it; people expect it from me… maybe I’m just not good enough.”

Resources (recovery).

Overwhelm frequently struck when people were already depleted from a lack of time, staffing, support or energy. A third of participants cited time pressure as the central trigger.

When these three foundations—control, fair standards and adequate resources—begin to crumble, even the most capable employees can hit breaking point.

MANAGING OVERWHELM: WHAT WORKS (AND WHAT DOESN’T)

We found that when overwhelmed, participants tended to double down by working longer hours, skipping breaks and trying to power through. This strategy often backfires. When you or your manager set unrealistic benchmarks for performance and demands continue to pile up, this can erode your resources and isolate you from supportive colleagues, friends or family.

Leaders can be the trigger or the solution. Preventing overwhelm starts with how you shape the conditions of work. There are five actions leaders can take to reduce overwhelm and build healthier workplaces:

Spot both the silence and the strain.

Leaders can spot early signs by observing shifts in behavior or energy—for example, withdrawal or decision paralysis during meetings, or restlessness and frantic working with no breaks. By helping others identify and notice such changes in themselves and engaging in open-ended inquiry, leaders invite employees to share what might be contributing to the overwhelm or eroding their capacity to handle demands.

Engineer micro-control in a macro-uncertain world.

Unpredictability is a core trigger of overwhelm. When overwhelmed, people often begin struggling to prioritize. We’ve seen that supporting your people with small doses of predictability—knowing what’s next, what matters most and what can wait—dramatically reduces perceptions of demand overload. Leaders can’t remove volatility, but they can restore agency by helping employees break “too much” into small, clear priorities for the next week and agreeing on reasonable timelines together.

Recalibrate standards—starting with your own.

Overwhelm thrives in cultures of perfectionism and invisible expectations, so leaders should model what “good enough” looks like. Replace unspoken performance ideals with explicit, shared standards. When discussing projects and goals, posing questions like “What does 80% done look like?” or “Where can we let go?” is a simple way to reframe expectations, lowering collective pressure without lowering ambition.

Create psychological permission to say “I’m at capacity.”

The most effective buffer against overwhelm isn’t an individual coping tactic, it’s a social one. Make it psychologically safe for people to set boundaries without stigma or risk of reprisal. For example, replace “Can you take this on?” with “What would you need to make this manageable?” Publicly affirm those who speak up. Over time, this rewires the culture from one of silent endurance to one of sustainable performance.

Design work for recovery, not endurance.

Overwhelm emerges when resources deplete under sustained demand. Leaders should normalize regular micro-breaks, mental detachment, exercise and rest as legitimate performance practices. Encourage rhythm—that is, oscillating between effort and restoration.

Together, these five shifts can transform how leaders and organizations respond to the rising tide of overwhelm, moving teams from crisis management to prevention and resilience-building.

Autores

Sobre el Autor

Es decana de programas de grado, y profesora de liderazgo y comportamiento organizacional en la IMD Business School de Lausana, Suiza.